Proclamación

La renovación de la monarquía británica en el inicio de la era Carolina

Carlos III se proclama rey en una ceremonia televisada por primera vez en la historia británica. «Soy muy consciente de esta gran herencia y de los deberes y las grandes responsabilidades», subraya

Tras siete décadas de reinado de Isabel II, el Reino Unido marcó ayer el inicio de una nueva era con la proclamación oficial de Carlos III que, a sus 73 años, se convierte en el nuevo jefe de Estado. La solemne ceremonia tuvo lugar en el Palacio de St. James ante la atenta mirada de 200 parlamentarios del pasado y del presente, incluidos los últimos seis ex primeros ministros británicos vivos. Por expreso deseo del monarca, el acto fue retransmitido, por primera vez en la historia, por las cámaras de televisión. Una prueba más de todos los cambios que están por venir, entre ellos, la «reducción» de la Familia Real para ceñirse solo al monarca y su heredero. En definitiva, Carlos III se compromete a seguir el legado de su madre, pero al mismo tiempo quiere imponer su propia impronta.

En 1952, cuando la joven princesa Isabel fue proclamada reina, la ceremonia estuvo compuesta básicamente por hombres. Sin embargo, la variedad de rostros de ayer reflejaba una sociedad notablemente diferente con, entre otros, una mujer como inquilina de Downing Street. En apenas 72 horas, los británicos han sido testigos de un cambio de Gobierno y un cambio de monarca. La modernización será una de las claves de la nueva «era Carolina». En cualquier caso, fue la tradición la que volvió ayer a imponerse en una jornada histórica. La ceremonia de proclamación está orquestada por el llamado Consejo Privado, un órgano asesor del monarca, que se remonta a la época anglosajona, y que a día de hoy tiene un papel simbólico. En la primera parte de la ceremonia se informó el fallecimiento de Isabel II para proclamar el reinado del nuevo monarca. «Dios salve al rey», gritaron los presentes, momento en el que se dispararon salvas Hyde Park y la Torre de Londres.

La segunda parte tuvo lugar unos minutos después en el Salón del Trono, donde por cierto aún se podía ver el código «ER» en referencia a Elisabeth. Ya se está diseñando uno nuevo donde se podrá leer «CR», Charles Rex. Fue entonces en la nueva sala cuando Carlos III realizó su aparición. Como hiciera el viernes en su primer mensaje a la nación, rindió tributo a su madre – una «pérdida irreparable»- destacando su gran «dedicación» y «devoción». «Soy profundamente consciente de esta gran herencia y de los deberes y las grandes responsabilidades de la soberanía que ahora me han pasado. Al asumir estas responsabilidades, me esforzaré por seguir el ejemplo inspirador que se me ha dado al defender el gobierno constitucional y buscar la paz, armonía y prosperidad de los pueblos de estas islas y de los Reinos y Territorios de la Commonwealth en todo el mundo», reclamó el monarca, quien también se convierte en máxima autoridad de la Iglesia de Inglaterra.

En todo momento, estuvo acompañado de su esposa Camilla, ahora reina consorte, y su hijo Guillermo. Ambos actuaron como testigos de su ascensión al trono. Para el primogénito de Carlos III se trata también de un momento especialmente significativo, ya que pasa a ser primero en la línea de sucesión. Se convierte además en el nuevo príncipe de Gales y su mujer Catalina pasa a ser princesa de Gales, título que no se utilizaba desde los tiempos de Lady Di.

Camilla jamás lo utilizó para no herir sensibilidades. No en vano, durante mucho tiempo fue considerada «la mujer más odiada del país». Pero con el tiempo se fue ganando el respeto del pueblo y, por expreso deseo de la monarca Isabel II, pasa ahora a ser reina consorte, convirtiéndose en un pilar fundamental para el monarca, de la misma manera que el Duque de Edimburgo, fallecido en abril del año pasado, lo fue para Isabel II.

En su primer comunicado como príncipe de Gales, Guillermo emitió un emotivo mensaje: «Mucho se hablará en los próximos días sobre el significado del reinado histórico de Isabel II. Yo, sin embargo, he perdido a una abuela. Ella estuvo a mi lado en mis momentos más felices. Y estuvo a mi lado durante los días más tristes de mi vida. Sabía que llegaría este día, pero pasará algún tiempo antes de que la realidad de la vida sin mi abuelita parezca de verdad», matizó en un texto donde se comprometía a honrar su memoria «apoyando a mi padre, el rey, en todo lo que pueda».

Durante la ceremonia de proclamación, Carlos III sostuvo en alto una pequeña biblia azul mientras prestaba juramento para preservar la Iglesia de Escocia, necesario debido a la división entre la iglesia y el estado en Escocia. La Constitución no escrita del Reino Unido es tremendamente compleja. Se trata de un país formado por cuatro naciones con identidades muy diferentes y cuya unión está ahora más cuestionada que nunca por las tensiones en Irlanda del Norte a raiz de los nuevos controles aduaneros post Brexit y el desafío soberanista de Edimburgo, donde la ministra principal escocesa Nicola Sturgeon, quiere convocar un nuevo. El rey Carlos III, acompañado de Camila, se dirigirá el lunes a los parlamentarios británicos en los Comunes y en los Lores. Los reyes viajarán después a Edimburgo para asistir a un servicio religioso en la catedral de St Giles de despedida de Isabel II, cuyos restos mortales, serán trasladado a Londres el martes 13.

Grandes retos para una nueva era, para un nuevo rey apodado ya incluso como «el monarca cercano»–por cómo se mostró en su primer baño de masas ante el Palacio de Buckingham–, para un hombre que toda su vida se estuvo preparando para desempeñar un papel y ahora comienza a escribir su propia historia.