África

Tocado y hundido: Francia pierde Burkina Faso frente a Rusia

La junta militar que gobierna Burkina Faso desde el golpe de Estado de 2022 ha dado a las tropas francesas un mes para retirarse del país

Macron ha pedido "aclaraciones" a Traoré tras la petición de salida de las tropas francesas de Burkina Faso.
Macron ha pedido "aclaraciones" a Traoré tras la petición de salida de las tropas francesas de Burkina Faso. FOTO: DPA vía Europa Press DPA vía Europa Press

Continúan los quebraderos africanos para Emmanuel Macron. El presidente de la junta militar que dirige Burkina Faso desde el golpe de Estado de 2022, el capitán de artillería Ibrahim Traoré, ha dado a las tropas francesas desplegadas en el país un plazo de un mes para retirarse. Así lo comunicó este fin de semana la televisión estatal, para luego confirmarlo un alto cargo del Gobierno burkinés. Francia, que multiplicó desde la década pasada su presencia en África para combatir al terrorismo en la región, ve así como su influencia en el continente se debilita nuevamente, después de que sus tropas ya se retiraran de Mali en agosto del año pasado.

Burkina Faso vive una grave situación de inseguridad desde el surgimiento en 2015 de grupos terroristas vinculados a Al-Qaeda y el Estado Islámico, llegados desde Mali, Argelia y las provincias islámicas en Oriente Medio. Actualmente, más de la mitad del país se encuentra controlado por los insurgentes yihadistas, que mantienen una presencia especialmente fuerte en las zonas rurales del norte y del este del país. La falta de efectividad de los sucesivos gobiernos burkineses desencadenó una sucesión de golpes de Estado (en enero de 2022 y en septiembre de 2022), donde los militares se apropiaron del poder político mediante mensajes de esperanza dirigidos a la población civil. Una población civil hostigada por el yihadismo y la precariedad derivada del mismo. Una población civil que, angustiada, busca culpables debajo de todas las piedras disponibles.

Francia versus Rusia

Así señalan a un segundo culpable, sólo por detrás de sus gobiernos anteriores: Francia. Los galos fueron recibidos aquí en 2015 como salvadores, igual que ocurrió en Mali en 2013, pero la opinión pública ha derivado en rencor y desconfianza desde que la situación, lejos de mejorar, empeora por momentos. Este distanciamiento entre la población local y la vieja potencia colonial quedó patente a lo largo del golpe de Estado de septiembre, cuando las multitudes atacaron de forma indiscriminada diversos organismos franceses ubicados en la capital, entre los que se encontraba el propio consulado francés. A cambio de la expulsión francesa, los burkineses solicitaban a Traoré un cambio de partenariado para escoger a Rusia en su lugar (de una forma similar a como ha hecho la vecina Mali). Traoré prometió hacer lo posible, y pocos meses después de su toma de poder se dio a conocer la noticia de que un contingente de 200 efectivos Wagner habían aterrizado en el aeropuerto de la capital.

Ciertos grupos de presión locales, impulsados por la maquinaria de la propaganda rusa, fabrican una mezcla de rencor contra el colonialismo y de hartazgo por la situación persistente del yihadismo. Algo que funciona a las mil maravillas para que la población civil participe en las protestas anti-francesas. Burkina Faso: tocado y hundido. De los cinco países que conforman desde 2014 el G-5 Sahel (Mauritania, Mali, Burkina Faso, Níger y Chad), ya son dos que se desvinculan de la potencia europea en materia antiterrorista, y son las dos naciones cuya situación es más crítica. Sólo en Burkina, una nación de 22 millones de habitantes, más de dos millones de personas se han visto obligadas a desplazarse de sus hogares para escapar de la violencia, mientras se calcula que las víctimas civiles suman varios miles.

Si cogiésemos un mapa de África Occidental para comprobar qué países se aproximan más a Francia y cuáles se inclinan hacia Rusia, hoy encontraríamos a Senegal, Costa de Marfil y Níger (además de otras naciones de menor categoría) del lado francés; y Mali, Guinea Conakry y Burkina Faso alineadas con los rusos. Y Senegal podría decantarse del lado ruso si en las próximas elecciones generales de 2024 resultase victorioso Ousmane Sonko, un líder panafricanista y anti-francés que pretende cortar todos los cabos que unen a su país con Francia.

Emmanuel Macron reconoce la frágil situación de la influencia francesa en lo que otrora fuera su territorio, algo que ha llevado al mandatario a reorganizar la estrategia militar de Francia en África para el futuro próximo. Tal y cómo hizo saber el pasado mes de noviembre, la nueva estrategia francesa consistirá en “reducir la visibilidad de las fuerzas militares en África para centrarse en la cooperación y el apoyo en términos de equipo militar, inteligencia y un partenariado operacional”, en un intento de dar mayor protagonismo a las naciones africanas y relegar la visibilidad francesa a un segundo plano.