Internacional

Todas las rutas del narcotráfico conducen a Guinea Bissau

El país de África Occidental se ha convertido en una pieza clave para enviar la droga de América Latina a Europa. El ex jefe del Estado Mayor, Antonio Indjai, es el que mueve los hilos de este suculento negocio

Ninguna organización internacional de la lucha contra el narcotráfico tiene permiso para poner un pie en Guinea Bissau
Ninguna organización internacional de la lucha contra el narcotráfico tiene permiso para poner un pie en Guinea Bissau FOTO: dreamstime

En abril de 2012, un general de brigada de Guinea Bissau irrumpió con un grupo de soldados en la residencia del primer ministro, Carlos Gomes, y le mantuvo durante siete días bajo arresto domiciliario. Cuando la población civil salió a la calle para protestar por este grave atentado contra la democracia bisauguineana, el general de brigada aseguró sin tartamudeos que no dudaría en abrir fuego contra la multitud si no regresaban a sus casas. Informó que sus actos se debían a un conflicto puramente militar entre las diferentes facciones del país y animó a la población con el acento de las armas a no interferir en sus planes. Pocos días después, Gomes fue liberado sin haber sufrido un rasguño mientras el general de brigada causante de este desparrame fue ascendido sin muchos preámbulos a Jefe del Estado Mayor de Guinea Bissau. Nunca, nadie llegó tan lejos para conseguir un ascenso como lo hizo Antonio Indjai.

Líder a dos bandas

Era abril de 2012 y su nombre comenzó a aparecer en los papeles de las oficinas de inteligencia de todos los países del mundo. Se preguntaban quién era este Antonio Indjai que súbitamente había mostrado su control sobre el ejército y, lo que era más inquietante, su falta de escrúpulos a la hora de alcanzar sus objetivos. En pocos días había pasado de ser un veterano de la Guerra Civil que sufrió el país entre 1998 y 1999, a una de las figuras más poderosas de este pequeño narcoestado ubicado en la costa de África Occidental.

Su nombre contiene las propiedades de un hechizo en Guinea Bissau. Pronunciarlo en el momento equivocado, expuesto a los oídos indiscretos, puede acarrear las consecuencias más severas. Mathou Du es un antiguo combatiente que me lo explica mientras nos dirigimos a la isla de Bolama en uno de estos cayucos de madera que aparecen de cuando en cuando en las Canarias, y habla aprovechándose del barullo de sonidos del motor, las olas que balancean el cayuco peligrosamente, el viento, los balidos de las cabras… dice que en su casa hay ventanas y que allí no podríamos hablar porque podría pasar alguien y…

“En 2014, el Gobierno pidió a Antonio que abandonase su puesto como Jefe del Estado Mayor, a lo que Antonio, como es lógico, se negó. Tuvieron que convencerle, que engatusarle. Le prometieron que si dimitía de su cargo, el Gobierno se encargaría de prohibir que la DEA (Administración de Control de Drogas de los Estados Unidos) entrase en el país para interferir en los negocios de Antonio”. Los negocios de Antonio: el traslado de la cocaína colombiana y mexicana que aterriza en cualquiera de las 88 islas que pueblan la costa bisauguineana para llevarla a tierra firme, donde los fardos son transportados a las fronteras de Malí y Senegal para cambiar de manos y proseguir su periplo a las costas de Europa.

Cinco millones de dólares como recompensa

Ninguna organización internacional de la lucha contra el narcotráfico tiene permiso para poner un pie en Guinea Bissau. El FBI ofrece una recompensa de 5 millones de dólares por una pista que permita capturar a Antonio Indjai, mientras el actual presidente del Gobierno, Sissoco Embaló, aseguró tras hacerse pública esta recompensa que “las leyes de Estados Unidos no se aplican a nuestro territorio nacional”, confirmando después que Antonio (o Tony, como le llaman quienes le conocen) tenía total libertad para moverse dentro de Guinea Bissau. El rey del crimen organizado pasa ahora su tiempo en la capital o disfrutando de unos días de relax en su casa de campo, mientras la DEA procura cada vez nuevas estrategias para apresarle. En 2021 fingieron tratarse de traficantes europeos interesados en comprar cocaína para atraer a Antonio hacia aguas internacionales donde poder apresarle, pero Antonio envió a cerrar el trato a uno de sus ayudantes. Indjai Perteneciente a la etnia balante (los balante conforman más de la mitad de los efectivos del Ejército de Guinea Bissau), todavía hoy es muy respetado por los miembros de su etnia y, en consecuencia, por amplios sectores de las Fuerzas Armadas. Su nombre es como un hechizo de Midas que transmite miedo y poder.

Lo cuenta Mathou Du: “Después de unos resultados inciertos en las elecciones de 2019, Sissoco Embaló no quería que se repitieran las votaciones por temor a perder la presidencia, entonces anunció que sería nombrado presidente de forma simbólica en el Hotel Azalai, antes de cumplirse el nombramiento oficial”. Comprueba que el rugido del motor ahoga su voz y parece más tranquilo. “Ese mismo día, minutos después de su falsa investidura, Sissoco fue con todo su séquito al palacio presidencial y donde le esperaba el expresidente José Mário Vaz, que le dio las llaves de la casa y se marchó”. Desde ese mismo día y sin que haya sucedido todavía una investidura oficial, Sissoco es el presidente de Guinea Bissau. Mathou Du remata: “Adivina quién estaba en el Azalai y luego acompañando a Sissoco al palacio presidencial”. Pero la respuesta es obvia: Antonio Indjai. Ese que muchos dicen que es el verdadero rey de Guinea Bissau.

El precio de la fama

Aunque no todo son buenas noticias para el capo. Sus acciones agresivas en 2012 y sus conexiones con el narcotráfico han añadido su nombre a las listas negras de infinidad de países, incluyendo la lista de la ONU de personas que tienen prohibido viajar. Sus conexiones con las FARC le han ganado tantos amigos como enemigos, mientras otros narcotraficantes bisauguineanos se mantienen en el anonimato gracias a la sombra que genera la fama de Antonio. Lo dijo en una entrevista que concedió a LA RAZÓN Domingos Pereira, líder del partido PAIGC: “Tony quiso toda la fama y el poder pero no se le ocurrió que, con la fama y el poder, venía también el foco público, que le alumbra solo a él mientras otros narcos igual de poderosos se mantienen en el anonimato”.

Sería falso, o incluso infantil, decir que Antonio Indjai es el único capo de la droga con peso en Guinea Bissau, porque entre la bruma asoman nombres menos conocidos: el excomandante de la Armada, Bubo Na Tchuto, el también ex oficial Tchamy Yala o Papis Djemé, los tres acusados por el presidente de orquestar un intento de golpe de Estado sucedido en febrero de 2022. Entre la población se rumorea que este intento de golpe estuvo motivado por los desacuerdos existentes entre Sissoco (y, por añadido, Antonio Indjai) y los tres narcos acusados de organizarlo.

Cocaína a quinientos euros el kilo

Es sencillo encontrar cocaína en Bissau. Los camellos se acercan a los extranjeros para ofrecer esta sustancia. A veces se excusan diciendo diciendo que les han pagado con esta especia tan difícil de vender en el entorno rural. Un kilo de cocaína por quinientos euros. Es fácil encontrar droga y más fácil aún pasarla a Senegal. Son incontables las rutas, los senderitos de la selva que se transmiten de generación en generación, los atajos y las aberturas en los arbustos que conectan Guinea Bissau con el país vecino. Sin las fuerzas de seguridad adecuadas para supervisar las fronteras, esto es lo que se denomina como “un coladero” de manual. Antonio Indjai y sus coetáneos estampan su sello en cocaína, antes de que ésta siga su ruta hasta alcanzar la costa Mediterránea para saltar definitivamente a las narices de Europa.