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Colectivos maduristas

  • Juan Guaidó en una concentración contra Maduro en Valencia, Venezuela
    Juan Guaidó en una concentración contra Maduro en Valencia, Venezuela

Tiempo de lectura 4 min.

17 de marzo de 2019. 01:35h

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Alejandro G. Motta.  17/3/2019

La persecución, el hostigamiento y la amenaza es política de Estado en Venezuela, pero no como consecuencia del proceso de cambio que está en marcha; el miedo es una política de Estado desde los tiempos de Hugo Chávez. Y hoy, esa línea se ha profundizado. Concretamente, el chavismo ha apelado por la última línea de defensa que le queda: los colectivos armados. El usurpador de Miraflores, Nicolás Maduro, ha dicho: «Les hago un llamado a los colectivos, a todos, llegó la hora de la resistencia activa».

Los colectivos son organizaciones parapoliciales. Muchos de sus integrantes son delincuentes con boleta de excarcelación. Y hoy, dichos antisociales son asalariados a cambio de intimidar y sembrar el miedo en las calles de toda Venezuela. Desde el 23 de febrero, día en que se frustró la entrada de la ayuda humanitaria, hasta nuestros días, estas bandas criminales operan con el amparo del círculo madurista. De hecho, la misma ministra del Poder Popular para el Servicio Penitenciario, Iris Varela, ha sido promotora y partícipe de sus actos.

El presidente encargado, Juan Guaidó, ha reiterado: «La cadena de mando en las Fuerzas Armadas está rota». Y es cierto, el traspaso en la frontera de 700 funcionarios militares escapando de Maduro, el descenso de la represión en las marchas opositoras por parte de la Guardia Nacional Bolivariana y adicionalmente, una mayor activación en las zonas populares, históricamente chavistas, exigiendo libertad, justicia y el cese de la usurpación, lo comprueban.

Las próximas acciones de Guaidó podrían tener consecuencias en la reacción y comportamiento de los colectivos armados. Específicamente, el presidente encargado ha asegurado que la marcha hacia Miraflores –la casa de gobierno y desde donde despacha Maduro en la actualidad– vendrá pronto. Esto con el objetivo de exigirle al usurpador que desaloje. En pocas palabras, la oficina debe asumirla su nuevo dueño, es decir, el nuevo líder venezolano. En cualquier escenario, la intimidación y la amenaza serán un hecho. Guaidó, convocando a todos los ciudadanos hacia Miraflores, le pondría un nuevo reto a las Fuerzas Armadas. En un momento donde las balas podrían surcar las calles de Caracas, los militares tendrán que decidir de qué lado ponerse, a quién defender.

A pesar de esto, el derecho a la protesta y el derecho de cada venezolano de dirigirse al palacio de gobierno está consagrado en la Constitución del país. Por lo tanto, el miedo y el terror no pueden ser barreras sino todo lo contrario, deben ser alicientes que muestren una vez más que a los usurpadores les quedan pocos argumentos para seguir en el poder. Que la fuerza delictiva se convierte en elemento efímero una vez que la decisión por recobrar la libertad está tomada.

Hoy más que nunca, cada venezolano y ciudadano del mundo que apoya la democracia en Venezuela, debe convencerse que siempre, al final de todo, el bien termina por imponerse, aunque cueste tiempo, aunque suponga sacrificio. Venezuela no será la excepción.

Director general de Motta Focus motta@mottafocus.com @mottafocus

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