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La crónica más surrealista de la capital

  • La Puerta de Alcalá es una construcción asimétrica en sus dos caras debido a un error de Carlos III, que eligió dos bocetos diferentes pensado que ambos eran el mismo
    La Puerta de Alcalá es una construcción asimétrica en sus dos caras debido a un error de Carlos III, que eligió dos bocetos diferentes pensado que ambos eran el mismo
Madrid.

Tiempo de lectura 4 min.

07 de enero de 2019. 03:18h

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J.V. Echagüe Madrid. 7/1/2019

Las puertas de Alcalá y de Sol, las fuentes de Cibeles y Neptuno, el parque del Retiro, el Museo del Prado, el Palacio Real... Pasear por Madrid supone dar un garbeo por la historia. Sin embargo, un buen número de secretos, fallos o dislates llevan ocultándose en su paisaje desde hace centenares de años. En «Disparates de la historia de Madrid» (La Librería), Ángel del Río, cronista de la Villa y colaborador de LA RAZÓN, nos embarca en un viaje a una ciudad inédita y desconocida para los propios madrileños. Y, pese a todo, una ciudad «muy viva que ha sobrevivido a los disparates y ha estado siempre en la vanguardia», dice el autor. Estos son algunos de los episodios más tristes y/o insólitos.

CAPITAL DE ARMENIA

Si hubiera que hacer un ranking de los disparates por orden cronológico, Del Río no tiene dudas sobre cuál va en primer lugar. ¿Madrid, capital de Armenia?. Así ocurrió, concretamente en el siglo XIV, cuando Juan I de Castilla ofreció a León V de Armenia, al que habían liberado de los mamelucos, el señorío de Madrid por una «cuestión diplomática». León V se instaló en el Alcázar e hizo de nuestra ciudad la capital de su reino. Ocho años se prolongó esta situación: de 1383 a 1391. Con todo, nuestra ciudad no le entusiasmaba y acabó yéndose a Francia.

LA CORTE, A VALLADOLID

El Duque de Lerma, valido de Felipe III, convenció al monarca para trasladar la Corte de Madrid a Valladolid. El motivo no fue otro que el «pelotazo» urbanístico que pretendía dar el noble, que había comprado terrenos en la ciudad del Pisuerga a bajo precio. Cinco años después la Corte regresó a Madrid, pero fue un golpe duro –y bajo– al desarrollo de la ciudad.

VÍCTIMA DE LA ESPECULACIÓN

Del Río lamenta el hecho de que, «desde los años sesenta hasta los ochenta del siglo XX, Madrid perdió gran parte de su patrimonio histórico por culpa de la especulación». Y es que el «desarrollo urbanístico» provocó el sacrificio de buena parte del mismo. Es el caso de la tala de 2.000 árboles del Retiro para construir el barrio de los Jerónimos o la desaparición del bario de Pozas, en la zona de Princesa, en los años setenta.

¿Y LA LEY DE CAPITALIDAD?

En 2006. el alcalde Ruiz Gallardón y el presidente del Gobierno, Rodríguez Zapatero, firmaron la Ley de Capitalidad, una antigua reivindicación histórica de Madrid. Sin embargo, del Río cree que entonces se «cometió un gran error. Esta ley no fue acompañada de una compensación económica para Madrid». Y es que la prestación que la capital hace al Estado –por ejemplo, los edificios públicos y embajadas que no pagan el IBI– supone un lucro cesante para nuestra ciudad que ha sido tasado en unos 50 millones de euros anuales.

GOYA Y LA DESIDIA

El desinterés también ha provocado pérdidas irreparables. Es el caso de la Quinta del Sordo, la casa de campo de Goya en Carabanchel Bajo que albergó sus «pinturas negras» y que pasó de mano en mano hasta que se deterioró y fue derruida en 1909. O la Casa de Iván de Vargas, en la que sirvió San Isidro y que fue derribada en 2002. Para Del Río, estos episodios llevan a una lectura más profunda: «Posiblemente, Madrid es una de las ciudades con menos conciencia en lo que respecta al cuidado de su patrimonio, debido a la falta de un sentimiento de arraigo».

UN PUERTO DE MAR

El apartado de «lo que pudo ser y no fue» tuvo su proyecto más ambicioso en 1581: hacer navegable el Manzanares, a través del Tajo, para llegar hasta Lisboa, de manera que la capital tuviera puerto de mar... a 500 kilómetros de distancia. Considerado por Felipe II –quizá el gran olvidado por los madrileños–, su hijo Felipe III no retomó la idea.

UN «PROCÉS» EN FUENCARRAL

El capítulo más surrealista se vivió en el distrito de Fuencarra: Cataluña tuvo su precedente en el Barrio de Cerro Belmonte. En 1990, un grupo de vecinos se independizó de Madrid y de España tras celebrar –y ganar por goleada– un referéndum. ¿El motivo? Un plan de expropiación que pretendía desalojarles de sus casas. Acuñaron moneda propia –el «belmonteño»– y llegaron a pedir asilo político a la embajada cubana, siendo recibidos por el Gobierno de Castro en La Habana. El Ayuntamiento dio marcha atrás y este «procés» se revirtió.

LA NUEVA GRAN VÍA

En lo que respecta al Gobierno de Manuela Carmena, y a la espera del desenlace de Madrid Central, Del Río señala dos grandes «disparates». El primero, la reforma de la Gran Vía, creada a principios del siglo XX como un «escaparate de la arquitectura» de la época y concebida como «una apertura a la periferia de Madrid», cuyos resultados están siendo «nefastos», con una «circulación restringida que produce más atascos y más contaminación». En esta línea, Del Río tilda también de surrealista la introducción de semáforos en la A-5, que «supondrá aumentar la polución en la Casa de Campo, el pulmón verde de Madrid».

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