Dalí también pide distancia de seguridad: el plan para que su dolmen del barrio de Salamanca sea BIC

El PSOE de Madrid plantea proteger el Dolmen del genio de Cadaqués instalado en el distrito de Salamanca para evitar así la vandalización que sufre en la actualidad

«¡Vivan los madrileños!», terminaba Salvador Dalí su telegrama, enviado el 17 de julio de 1986, con destino a la capital. Desde entonces, y con Enrique Tierno Galván como principal impulsor, el barrio de Salamanca podía presumir de poseer en exclusiva un trocito del genio de Cadaqués: «El Dolmen de Dalí». Un conjunto escultórico en el que, además de aquella enorme piedra sostenida por tres pilares de granito de más de 13 metros de altura, se erigía una escultura, homenaje a Newton y a sus leyes de la gravedad, que descansaba sobre un cubo con la firma del artista. Ahora bien, si el de Figueras siguiera entre nosotros a día de hoy, 34 años después de aquella inauguración, quizá sería menos efusivo con los matritenses. Y es que, por mucho que a Dalí, como buen surrealista, le chiflara la provocación y el ataque al orden establecido, a buen seguro que se retorcería nervioso el bigote si viera el destino de su obra: pintadas, necesidades fisiológicas y vandalismo en general. Demasiado, incluso para alguien tan excesivo como él.

La situación ha llevado al PSOE madrileño a tomar cartas en el asunto. Emma López, concejala en el distrito, planteará hoy en la Junta de Salamanca no solo que se coloque un vallado que proteja esta singular escultura de la Plaza de Felipe II; también solicitará que el resto de grupos municipales voten a favor de pedir su catalogación como Bien de Interés Cultural (BIC) a la Comunidad de Madrid. Y es que, a tenor del comportamiento incívico de algunos, su consideración actual como Bien Inmueble parece haberse quedado corta. «Los vecinos siempre han reivindicado que se proteja», explica la concejala.

Los que conocieron al artista aseguran que Dalí era bastante hipocondríaco. Razón de más para que, en estos tiempos de pandemia, se respeten escrupulosamente las distancias de seguridad. Seguro que 1,5 metros se le harían cortos al autor de «La persistencia de la memoria».