Mario Vaquerizo: “Me toca el coño la nueva normalidad"

Disciplinado, no olvida la mascarilla, pero le cuesta “ni poder abrazar no poder besar”

Mario Vaquerizo acaba de estrenar "La última tourné"Luis D�azLa Raz�n

Lo facilón sería etiquetar a Mario Vaquerizo como alguien que ha hecho de su vida un espectáculo y con ser él ya tiene las habichuelas ganadas. Y puede ser así, pero reducirle en esa definición sería una bravuconería aderezada con una frivolidad simplona porque este tío, como profesional, se toma las cosas muy en serio, con una disciplina casi marcial. No es un advenedizo. Sí es un disfrutón que, como él dice, «tengo la suerte de que todas mis aficiones sean mi modo de vida».

Su Madrid gravita en torno de la Gran Vía. Quería vivir allí desde que era un niño y lo ha cumplido. De sus enclaves de su ciudad el primero que nombra es el restaurante «La primera». Lo descubrió hace un par de años con sus padres: «La carta es muy variada y la merluza es soberbia. Es como si estuvieses en un restaurante de Nueva York, solo que en vez tener vistas al Central Park las tienes a la Gran Vía». No puede dejar de citar el Cock, «porque me recuerda mucho a los bares privados de Londres. Es un club muy elegante y puedes charlar y tomarte una copa. Lo mismo te encuentras a Alberto García Alix, con un niño que despunta ahora o un barriobajero. Es un sitio de lujo, con sus camareros de uniforme, el portero recibiéndote...». El hotel Emperador no podía faltar. Allí se esposó por segunda vez con Olvido.

Vaquerizo es un intrépido, él se define como una «mariquita inquieta», pero con la cabeza bien amueblada. Acaba de estrenar con su Olvido, Bibiana Fernández, Manuel Bandera, Marisol Muriel y Cayetano Fernández «La última tourné», una reivindicación del teatro de varietés que empezó a perder fuelle cuando los años 70 agonizaban. En ella, Mario se despoja de su personalidad porque «para mí ser yo mismo es muy fácil porque no tengo que hacer ningún esfuerzo, pero actuar es distinto: me tengo que someter a la disciplina del texto, Además me gusta convertirme en Enzo Marini que, en teoría, es italiano. Al principio el acento se me iba al gallego o al catalán, pero no di clases de su idioma porque precisamente la gracia de mi personaje es que es un mentiroso piadoso: se llama Lorenzo y es de Albacete. Es coreógrafo, pero de aquella manera. Me produce mucha ternura porque pertenece al mundo de la revista que está condenada a desaparecer».

Vaquerizo recuerda que las varietés era un género muy seguido en los años 60 y 70 y le sale una ristra de actores como Raúl Sénder, Manolita Chen, Normal Duvas, Lina Morgan, Addy Ventura... «Eran intérpretes muy poco valorados. Sucedía igual en el cine. Solo hay que ver las películas de ''Cine de Barrio'' que ahora presenta Olvido. Pajares y Esteso eran considerados malos actores hasta que, por ejemplo, un director tan reconocido como Carlos Saura le ofreció a Pajares «¡Ay, Carmela!» (1990) y algo similar sucedió con Chus Lampreave y Pedro Almodóvar. Estaban desprestigiados porque el propio género lo era».

Esta obra, creada por Félix Sabroso, les viene tanto a él como a Alaska como anillo al dedo porque para ellos no existen fronteras culturales: «Ni tenemos prejuicios ni somos dogmáticos. En mi casa hay hasta obras que estaban en ARCO y un cabecero que he comprado en un rastrillo de yonkis por 50 euros. Lo mismo me gustan Los Ramones que Raphael. Tenemos la mente muy abierta. También te digo que hay muchas cosas del mundo de Olvido que no me interesan y a la inversa, pero es cierto que disfrutamos de todo».

Si se le pregunta por el confinamiento suelta varias reflexiones: «No queda otra por una cuestión de prudencia. Lo que no quiero es tener miedo porque paraliza. Es verdad que en marzo lo pasé un poquito peor porque me rebelé mucho ya que sentí que coartaban mi libertad. Me hervía la sangre al no poder hacer lo que quisiese en cada momento. Pero una cosa te digo: que no sirva el confinamiento para que cuando pase la pandemia estas pautas se sigan manteniendo. A mí esta nueva normalidad me toca el coño porque no me gusta, ya que soy mucho de abrazar, de tocar... Estamos viviendo una situación marciana».

Para finalizar un deseo para cuando se vaya el «bicho»: «Volver a vivir como antes y poder tocarnos y que no nos hayamos vuelto paranoicos. Yo quiero mi verbena de la Paloma, las Vistillas, San Isidro y esa alegría que se vivía. Espero que se reactive todo porque, al final, mucha gente puede que se muera de hambre».