La plegaria política del alcalde a la Almudena: “Danos valor para aparcar las disputas estériles”

Martínez Almeida renueva el voto de la Villa a la patrona en una misa con aforo limitado en la catedral y una ‘miniprocesión’ El cardenal Osoro reclama a los políticos “combatir la injusticia social y la marginación”

09/11/20 Madrid. Centro Misa celebración del día de La Almudena, patrona de la ciudad de Madrid. El alcalde José Luis Martínez Almeida, renueva el voto. @Cipriano PastranoCipriano Pastrano DelgadoMadrid

«Que nos inspiréis a todos los que tenemos responsabilidades de gobierno, hoy más que nunca, el deseo, la voluntad y el valor de aparcar todas las disputas estériles para luchar todos juntos por el bien común». Fue la oración que ayer por la mañana lanzaba José Luis Martínez Almeida a Nuestra Señora de la Almudena a los pies del altar mayor de la catedral de la capital española. El alcalde renovaba el voto de la Villa y Corte ante su patrona, con la crispación parlamentaria de fondo. De ahí que en su plegaria a la Virgen, le rogara «el acierto de plantear unas políticas firmes capaces de atajar la fractura social que puede acarrear la pandemia».

Era el rezo que lanzaba el primer edil que encabezaba la representación institucional en una festividad atípica por las limitaciones impuestas por el coronavirus. La multitudinaria eucaristía de la Plaza Mayor se sustituyó por otra en el templo con un aforo limitado a 480 personas. La popular ofrenda floral se esfumó. Y la procesión por las calles del centro de la ciudad se sustituyó por un breve traslado a hombros de la talla mariana hasta las puertas de la catedral, en la explanada frente al Palacio Real, donde la esperaban centenares de madrileño. Eso sí, en este último gesto no faltó el himno de la Almudena para culminar la celebración. Después la imagen permanecería en el atrio para su veneración con misas cada hora para evitar aglomeraciones.

En su alocución, Martínez Almeida se encomendó a la patrona «para imploraros que nos ayudéis a luchar contra la plaga de nuestro tiempo y que protejáis especialmente a los más débiles y a los más desfavorecidos». El también portavoz nacional del PP puso a los pies de la Virgen su lamento tanto por los fallecidos como por aquellos que «afrontan la pérdida de sus empleos y de los recursos necesarios para vivir dignamente».

Junto a ellos, también tuvo presentes a los sanitarios, responsables de la seguridad y, en general, a todos los madrileños, para los que pidió «esperanza, y también la fortaleza y el sentido de la responsabilidad necesarios» para cumplir con las medidas sanitarias. De la misma manera, deseó un «corazón aún más abierto a la solidaridad con nuestros conciudadanos, para que ninguna familia madrileña se sienta desamparada en estos tiempos tan difíciles».

El alcalde encontró eco en sus palabras en el cardenal arzobispo de Madrid, Carlos Osoro, que presidió la eucaristía, concelebrada, entre otros, por el cardenal emérito Antonio María Rouco Varela y el arzobispo castrense Juan del Río. Osoro se sumó al llamamiento al consenso hecho por Martínez Almeida durante su homilía. Así, instó a la clase política a «combatir la injusticia social y la marginación». El purpurado recordó que a los presentes que para contrarrestar a la pandemia sanitaria, social y económica «hay una elección que no puede faltar: la opción preferencial por los pobres, que no es una opción política ni ideológica, ni de partidos, sino que es la opción que está en el centro del Evangelio, en el centro del anuncio de Jesús».

«De esta crisis debemos salir mejores; tenemos la ocasión para construir algo diferente», animó el purpurado, que llamó a edificar una nueva sociedad desde «el principio de la dignidad de la persona, del bien común, de la opción preferencial por los pobres, del destino universal de los bienes, de solidaridad, de subsidiariedad, del cuidado de nuestra casa común...».

Eso sí, alertó del peligro de caer en una «cultura del descarte» de la mano de una pandemia que «ha sacado a flote otras patologías sociales más amplias como la visión distorsionada de la persona, que muy a menudo ignora su dignidad».