Deslealtad institucional sanchista, por Enrique Ossorio

Pedro Sánchez ha encontrado una fórmula para dejar atrás su propia sombra, consistente en confundir la lealtad con su propia conveniencia

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez FOTO: NACHO GALLEGO EFE

En declaraciones tras el último Consejo de Ministros, la ministra portavoz del Gobierno, Isabel Rodríguez, declaró que «la Comunidad de Madrid no se ajusta a la lealtad institucional», porque desde el Ejecutivo regional hemos regulado las cuarentenas de los centros educativos en plena ola ómicron ante la habitual y clamorosa falta de acción de la Moncloa. Con el típico lenguaje vacío del sanchismo, la ministra justificó esa supuesta falta de lealtad del Gobierno madrileño porque «hay un foro multilateral en el que se adoptan decisiones conjuntas para dar una respuesta de país ante unas circunstancias como éstas». Francamente, la portavoz no sabe de qué habla o ha sido mal informada, porque quienes asistimos a la última convocatoria de ese foro el pasado 4 de enero (ochenta representantes estatales y autonómicos) perdimos un tiempo precioso –y, desde luego, a algunos no nos sobra– en una reunión en la que el Ministerio de Sanidad no puso sobre la mesa ni un solo documento de trabajo ni propuesta alguna, a pocos días de la vuelta a las aulas y cuando es evidente que no nos valen las reglas hasta ahora vigentes, porque este momento de la pandemia no se parece a ninguno de los anteriores.

Si poner en marcha la regulación de las cuarentenas ante la abulia gubernamental es «no ajustarse a la lealtad», ¿quién se ajusta en opinión de este Gobierno? ¿Algunos de sus ministros, que socavan los intereses nacionales, atacan sin rubor al Jefe del Estado y desprestigian a nuestra industria en medios de comunicación internacionales? ¿Se ajusta a la lealtad Alberto Garzón cuando asegura que habla contra el sector ganadero en calidad de ministro o las ministras que dicen que lo hace a título personal, sin que nadie se sonroje por esa palmaria contradicción? ¿O quizá el propio presidente, que ni cesa al ministro de Consumo ni le desautoriza?

Sí parece amoldarse a la peculiar interpretación sanchista de la lealtad –dado que no se produce pronunciamiento alguno en contra– que el Gobierno de Cataluña ampare la insurgencia de los colegios que deniegan a los alumnos el derecho a un 25% de enseñanza en castellano. ¿Se está actuando desde Moncloa frente al flagrante incumplimiento de la ley o eso importa más bien poco, porque lo apremiante es que haya más series en catalán en Netflix?

Dejó escrito Ortega que «nadie puede saltar fuera de su sombra ni tener otras convicciones que las que tiene. Solo cabe solicitar que cada cual cante su canción con lealtad». Pero Pedro Sánchez ha encontrado una fórmula para dejar atrás su propia sombra, consistente en confundir la lealtad con su propia conveniencia. De modo que en el Ejecutivo de la Comunidad de Madrid podemos sentirnos muy orgullosos de no cumplir esos parámetros basados en la lógica de la perpetuación en el poder a toda costa. ¿Apela acaso Sánchez a la lealtad de sus socios de Bildu cuando se jactan de las concesiones a los terroristas presos? ¿Lo hace ante la gigantesca operación de ingeniería social en favor del independentismo que está en marcha en las escuelas catalanas? No, las únicas recriminaciones son a la Comunidad de Madrid, leal a la Constitución y la más solidaria con el resto de las regiones. Esta realidad es tan delirante como reveladora de en qué manos está hoy España. Afortunadamente, con cada ataque al Partido Popular y al Gobierno de Isabel Díaz Ayuso sopla viento a favor de un cambio de ciclo en nuestro país que reconstruirá su riqueza y bienestar, devolverá la dignidad a las instituciones y restituirá su significado genuino a la palabra «lealtad».

Enrique Ossorio es consejero de Educación de la Comunidad de Madrid