Pequeñas grandezas en la Sonsierra de Navarra

Bodegas Marco Real ha apostado por elaborar vinos auténticos en esta zona de especial valor ambiental

Bodegas Marco Real
Bodegas Marco Real

Un paraje natural con forma de estrecha lengua situado entre la sierra de Toloño (también llamada de Cantabria) y el río Ebro configura la llamada Sonsierra de Navarra. Lugar donde Bodegas Marco Real (del Grupo La Navarra) apuesta desde hace dos décadas por una viticultura natural en 49 hectáreas de viñedos propios. Una especie de retiro espiritual donde impera un embriagador silencio y «casi se oyen hasta los pensamientos», como describe el director técnico de la bodega, Kepa Sagastizábal. Y es que la paz reina en este impresionante territorio que linda con otros grandes vecinos de la Rioja Alta y la Rioja Alavesa. Pero es esencia de Navarra lo que aquí se gesta en cuatro parcelas (Espesuras, Valdeherreros, Las Leras y La Pared) dedicadas a las variedades de tempranillo, merlot, cabernet sauvignon, chardonnay, graciano, syrah y moscatel de grano menudo.

Es en esta zona naturalmente vinícola donde Marco Real ha trabajado por recuperar la tradición del viñedo y por trasladar a sus vinos la tipicidad del terreno. Prácticas vitícolas que buscan el mínimo impacto sobre un entorno de alto valor medioambiental. En estas parcelas se despliega un cultivo completamente de secano que aprovecha al máximo la lluvia en suelos, por otro lado, profundos que permiten a la planta trabajar y crecer a sus anchas. Y todo ello, con el menor número de tratamientos posible, orientados fundamentalmente a la prevención.

Marco Real se convierte, de este modo, en ejemplo de grandes bodegas que apuestan por «Pequeñas Producciones». Así ha bautizado su colección de vinos de suma naturalidad y elegancia, finos, estructurados y con carácter propio. Son en total unas 15.000 botellas de monovarietales de garnacha, syrah o chardonnay que forman una familia auténtica y atípica. A ellas se suma la Colección Prestigio: 333 magnum de gran Chardonnay y 2.000 botellas de Flor de Chardonnay, ambos de 2020. Y en septiembre lanzará un nuevo monovarietal, esta vez de graciano.

Es la apuesta por la calidad de una emblemática bodega en Navarra que, de forma paralela, ha emprendido un inspirador viaje a otras denominaciones de origen. Presente ya en Rioja, Ribera del Duero, Rías Baixas y Rueda, este año llegará a Cava y Txacolí. Siete D.O. en total, en cada una de las cuales selecciona a socios locales con los que trabaja para diseñar vinos fieles a cada denominación. Entre todas ellas suma 37 marcas. Sus próximas novedades incluyen un godello de Ribeira Sacra y un vino joven en Ribera del Duero, donde ya tienen un roble. Un viaje que promete grandes sensaciones y gratos recuerdos.