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Sin primavera

Tiempo de lectura 2 min.

29 de marzo de 2017. 02:17h

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Cástor Díaz Barrado 29/3/2017

La liberación de Hosni Mubarak es un símbolo de que las revueltas árabes que tuvieron lugar, hace unos años, no han dado los frutos esperados. Fue una ilusión pensar que muchos países árabes, con Egipto a la cabeza, se iban a convertir en regímenes democráticos en los que primasen el estado de derecho y el respeto a los derechos humanos. La visión occidental de la realidad internacional no siempre coincide con lo que verdaderamente sucede. No es fácil afirmar y consolidar valores, eminentemente occidentales, en otros lugares del planeta que no sea Occidente o que tengan un influjo histórico de los principios occidentales. La democracia se ha ido asentando, paulatinamente, en la sociedad internacional y, en la actualidad, numerosos países cuentan con sistemas democráticos. Asimismo, el respeto de los derechos humanos, como valor y principio del orden internacional, cuenta cada vez con mayor número de adeptos aunque todavía falte mucho por hacer para que se garantice el disfrute de estos derechos. Pero la afirmación de estos principios se hace difícil todavía en algunos de los países que conforman la comunidad internacional. Salvo alguna excepción y con bastantes dificultades, como Túnez, las revueltas árabes no han culminado en la consolidación de regímenes democráticos. A lo peor, se han producido conflictos armados que parecen interminables, como sucede en Siria y, también, estados generalizados de desgobierno y desolación, como acontece en Libia. Todos los Estados y organizaciones internacionales han contribuido a que esto sea así y no de otra forma. No ha florecido la democracia ni, tampoco, el respeto a los derechos humanos y se nota, sobremanera, la falta de sentido común en la sociedad internacional. No podemos esperar, infortunadamente, primaveras en el orden internacional. Sólo queda una tarea larga y difícil de ir afirmando, poco a poco, la democracia y los derechos humanos. Mientras tanto, asistiremos, con desazón, a la liberación de quienes fueron derrocados, también con la intención de afirmar los valores democráticos.

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