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Cuatro mujeres a la sombra de un Papa emérito

Las «Memores Domini» ejercen como «ángeles de la guarda» en sus actividades cotidianas

  • Loredana, Cristina, Manuela (fallecida en 2010) y Carmela, en una de las pocas imágenes que se poseen de ellas, durante un concierto celebrado en el Aula Pablo VI. Siempre permanecen cerca del Papa, aunque evitan ser el centro de atención.
    Loredana, Cristina, Manuela (fallecida en 2010) y Carmela, en una de las pocas imágenes que se poseen de ellas, durante un concierto celebrado en el Aula Pablo VI. Siempre permanecen cerca del Papa, aunque evitan ser el centro de atención.
Madrid.

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08 de marzo de 2013. 12:44h

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Madrid. 8/3/2013

Benedicto XVI, como ha mostrado la revista italiana «Chi» en la portada de su último número, está tranquilo. Ha vuelto a sus paseos diarios, siempre acompañado de su fiel secretario Georg Gänswein y de un bastón con el que camina por los jardines que rodean la residencia de verano de Castel Gandolfo. Hasta que el monasterio «Mater Ecclesiae» en el que residirá el Papa emérito esté acondicionado y los cardenales escojan a su sustituto.

Uno de los aspectos que no ha sufrido ningún cambio es su núcleo familiar. Lo que se conoce como «familia pontificia». Es decir, ese grupo de personas que viven con él y le acompañan desde que inició su pontificado. Además de su fiel secretario y de su subsecretario, el maltés Alfred Xuereb, cuatro mujeres velan por su bienestar tanto espiritual como humano. Precisamente en las páginas de la revista también se puede ver a cuatro mujeres caminando con él. Son laicas consagradas que pertenecen al movimiento Comunión y Liberación, al instituto denominado «Memores Domini». Loredana, Cristina, Carmela y Rosella son las cuatro mujeres que vivían dentro de las estancias vaticanas y que se han trasladado a la residencia que los papas tienen a 45 minutos de Roma. Su vida se rige por tres promesas: «La obediencia, en el sentido de que el esfuerzo espiritual y la vida ascética se ven facilitados y acreditados por un seguimiento; la pobreza, como separación de una posesión individual del dinero y de las cosas, y la virginidad, como renuncia a la familia para una entrega incluso formalmente más total a Cristo», explican desde Comunión y Liberación. Desde hace ocho años, cada una de las mujeres tiene un cometido diferente dentro de los apartamentos papales. Una de ellas se ocupa del cuidado de la casa, otra de la comida, del archivo también se encarga una «memori», así como de las labores de secretariado. Es decir, cada una tiene su propia labor dentro de la familia pontificia. Su mayordomo –Sandro Mariotti ha tomado el relevo del polémico Paolo Gabriele– es el encargado de ayudar al Papa con su aseo y su ropa. No sólo comparten con Benedicto XVI las comidas diarias y momentos de oración, también le acompañan a muchos de sus actos públicos. Eso sí, en un discreto segundo plano. A ellas hay que unir una quinta mujer, Birgit Wansing, famosa por su pericia al momento de descifrar la caligrafía de Benedicto XVI, que tiene por obligación actualizar su bibliografía así como su biblioteca personal.

No es la primera vez que un grupo de mujeres se encarga de las labores domésticas del Sumo Pontífice, la familia pontificia de Juan Pablo II también estaba compuesta por un grupo de monjas polacas que se ocupaban de las tareas del hogar.

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