De la sarcopenia a la caquexia: qué pasa cuando se pierde músculo

Antes de la pandemia la pérdida de masa muscular afectaba al 5-10% de los mayores de 60 años. Tras meses de inactividad por el Covid-19, se espera que suba el porcentaje de mayores y de jóvenes en riesgo de padecerla

La mera contracción de los músculos es un estímulo muy potente para atenuar su desuso y su atrofiaDreamstimeDreamstime

Hay un espectro de enfermedades y de situaciones vitales –como el confinamiento, o la edad avanzada– que hacen que perdamos masa muscular, y esa atrofia es mucho más que una mera pérdida de fuerza. La pérdida de masa muscular es un fenómeno que afecta a muchos aspectos de nuestra vida, sobre todo cuando se produce por efecto de la presencia de otras enfermedades, que pueden ser cáncer, enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), diabetes, insuficiencia cardiaca, sida, malnutrición y otras condiciones crónicas.

Antes de la pandemia de Covid-19, se calculaba que la pérdida de masa muscular afectaba al 5-10% de la población mayor de 60 años. Sin que se hayan realizado pruebas a la población general, y después de meses de inactividad inducida por la crisis sanitaria en la que aún estamos inmersos, el porcentaje de mayores y de jóvenes en riesgo de desarrollar este tipo de alteración no se ha estimado todavía.

La importancia de estos fenómenos hace que tengan su propia conferencia médica internacional. Este año será en diciembre y por vía telemática. Uno de los grupos de especialistas más activos en este campo es el Ewgsop, el Grupo de Trabajo sobre Sarcopenia en Mayores, que ha publicado y actualizado su definición de esta condición recientemente. Como la sarcopenia puede afectar a muchas personas y en muchas circunstancias diferentes, en el grupo participan geriatras, pero también representantes de las sociedades europeas de endocrinología, nutrición clínica y metabolismo y especialistas de otras disciplinas.

¿Qué son?

La sarcopenia es una pérdida de masa muscular acelerada y, por tanto, una pérdida de las funciones que desempeñan los músculos. Algunos de sus síntomas o signos son debilidad, cansancio, falta de energía, problemas de equilibrio y dificultades para caminar y mantenerse de pie. Se asocia con caídas, declive funcional, fragilidad e incluso mayor riesgo de mortalidad.

John Morley, de la Facultad de Medicina de la Universidad de San Luis (Estados Unidos), recuerda que la definición de sarcopenia se basa en la relación matemática entre peso corporal y el esqueleto de la persona, pero que en los últimos años ha cobrado una importancia especial la función: si la persona experimenta dificultades para realizar ciertas tareas, se empieza a considerar la posibilidad de que padezca sarcopenia. Eso hace que, fórmulas aparte, las apreciaciones clínicas y la experiencia del médico que conoce a un paciente sean claves para detectar la condición y ponerle remedio lo antes posible.

La caquexia, por otro lado, es una forma de atrofia muscular más grave, que se produce en combinación con una pérdida de más del 5% del peso corporal en un periodo de 12 meses o menos en personas que tienen alguna enfermedad crónica o personas cuyo índice de masa corporal está por debajo de 20. En la definición de caquexia también entran otros criterios, de los cuales deben cumplirse tres para el diagnóstico: pérdida de fuerza muscular, fatiga, anorexia, índice de masa libre de grasa bajo, aumento de marcadores de inflamación –como proteína C reactiva o interleuquina 6–, anemia o niveles bajos de albúmina en sangre.

Según la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM), la importancia de la caquexia resulta considerable porque existe «una clara correlación inversa entre el grado de caquexia y la supervivencia del paciente». Padecerla acarrea un peor pronóstico, menor respuesta a la terapia (ya sea cirugía o quimioterapia) y, en general, peor calidad de vida. En función del tipo de tumor, su incidencia puede oscilar entre el 20% hasta el 80%.

Salud mental

La sarcopenia, la caquexia y la malnutrición se consideran las tres causas principales de pérdida de masa muscular. Afectan a millones de personas en todo el mundo y pueden presentarse en cualquier momento de la vida. El mero desuso de los músculos hace que se atrofien. Sus efectos en la calidad de vida son diversos: un descenso de la actividad, la independencia y la tolerancia a la actividad física, mayor riesgo de lesiones en las articulaciones y también un empeoramiento de procesos metabólicos como la capacidad para metabolizar la glucosa, entre otros muchos.

También se ha observado un potente efecto sobre la salud mental, ya que el declive de la actividad física está estrechamente vinculado al desánimo y la sensación de que se pierden facultades, con el riesgo de entrar en una espiral en la que la inactividad induce un peor estado de ánimo y ello a su vez dificulta la actividad.

La Sociedad de Sarcopenia, Caquexia y Trastornos Debilitantes insiste en que hace falta realizar cribados, que pueden ser tan sencillos como hacer que los pacientes rellenen un cuestionario. Es crucial considerando la cantidad de población mayor de 65 años, la proporción de personas que viven con enfermedades crónicas y los meses de inactividad a los que ha estado sometido prácticamente todo el planeta.

«Es importante que los profesionales de Atención Primaria sean conscientes del problema y realicen el diagnóstico de la sarcopenia asociada al envejecimiento, pero también que aborden los factores de riesgo, particularmente la inactividad física y el modo de vida sedentario en la población general, pensando en todas las etapas de la vida», aseguran desde la sociedad.

Abordaje multimodal

Como con todos los problemas complejos, los expertos se inclinan por abordarlos en todas sus dimensiones, lo cual suele implicar que participen en el tratamiento profesionales de diferentes disciplinas. Annemie Schols, de la Universidad de Mastrich (Holanda), dice que «la solución está ahí, en la perspectiva multimodal, y tal como se ha aplicado y se ha aceptado en otras enfermedades en cuyo tratamiento participan diferentes profesionales, como la EPOC».

Una gran revisión de lo que sabemos sobre la sarcopenia, firmada por expertos de la Universidad McMaster de Canadá y publicada en la revista «Frontiers in Nutrition» el año pasado, puede servir de modelo para la situación actual. Para empezar, ellos sugieren utilizar un método razonablemente sencillo para una primera aproximación a la actividad de cualquier persona en cualquier grupo de edad: el recuento de pasos diarios. También advierten de que los efectos de la inactividad y la pérdida consecuente de masa muscular son dañinos en mayores y en jóvenes, de modo que no basta confiar en la capacidad de recuperación «mágica» por efecto de los años.

Hay que moverse

Es quizá un motivo para el optimismo el que, según los datos que el equipo repasó de múltiples estudios, la recuperación es más fácil, siempre que se tomen medidas, en adultos jóvenes.

No es nada que no hayamos oído antes, aunque sí se formula de forma más sofisticada en este estudio: hay que moverse. Según los autores, la mera contracción de los músculos es un estímulo muy potente para atenuar el desuso y la atrofia que conlleva. Los ejercicios de resistencia están entre los métodos de mayor éxito para incrementar la masa muscular. Son la contramedida «estrella».

Por otra parte, la rehabilitación supervisada por profesionales es una plataforma para la recuperación.

El papel de la dieta para evitarlo

La nutrición es otra dimensión que puede abordarse en la consulta con el médico, ya que ciertos elementos en la dieta son imprescindibles para la síntesis de proteínas musculares. Malnutrición no es un término que signifique falta de alimentos. Una persona puede comer mucho y estar malnutrida porque los alimentos de mala calidad no proporcionan los nutrientes que los músculos necesitan. El médico debe evaluar si el paciente requiere una modificación de su dieta, suplementos u otro tipo de intervención.