Sociedad

Guillermo: “Fue error mío. Lo dejé pasar seis meses, no pensé que fuera cáncer de mama”

Guillermo se sintió raro entrando en urgencias y diciendo que era un problema ginecológico

Guillermo, a punto de ser padre, fue diagnosticado de cáncer de mama a los 34 años
Guillermo, a punto de ser padre, fue diagnosticado de cáncer de mama a los 34 añosKiko Hurtado

«Ahora estoy bien. Sólo tomo tamoxifeno», un medicamento que bloquea la actividad del estrógeno en los senos. Ya han pasado dos años desde que a Guillermo, que tiene ahora 36 años, le diagnosticaron cáncer de mama. Hoy, a punto de ser padre y con el fin de dar visibilidad al cáncer de mama en hombres, recuerda que se notó «un bulto en el pecho, en la mama derecha, pero no le di importancia. No sé ni dónde fue, me imagino que me lo noté al salir de la ducha, pero ya te digo que como no le di la menor importancia ni me acuerdo de eso».

Pese a que en el caso de los hombres el problema es no tener claro a qué especialista acudir y que en muchos casos los médicos no suelen pensar que sea cáncer de mama, lo que puede retrasar el diagnóstico, Guillermo reconoce que «fue error mío. Lo dejé pasar seis meses. No pensé que fuera cáncer de mama».

Y no lo pensó por su edad, entonces 34 años, por ser hombre y porque no tiene antecedentes familiares con este tumor.

Transcurrido ese tiempo, y pensando que podía tratarse de un lipoma (un bulto de grasa), se fue al dermatólogo. «Cuando me lo palpó me dijo que me tenía que hacer una ecografía. Fue ahí, al ver la cara de la médico, cuando me asusté muchísimo». «En ese momento se planteó el primer problema. Fui al hospital y dije que tenía una urgencia ginecológica. Se me hizo raro pedirlo, pero es que no sabía realmente qué especialista pedir. Me hicieron una mamografía. La máquina sirve también para los hombres pero es un poco incómoda, aunque la acabaron haciendo».

Después le prescribieron más pruebas. Para agilizar los tiempos, «me fui por la privada para hacerme la biopsia», luego volvería a la Sanidad pública. «No sé si yo era el primer hombre que atendía la doctora, o fue la sensación que me dio. En ese momento, me dijo que no sabía lo que era, pero que dada mi edad y por no tener antecedentes familiares, no creía que fuese cáncer. Además, este tumor sólo lo tienen el 1% de los hombres. Aún así me hizo todas las pruebas».

Pasaron 15 o 20 días «y me dieron el diagnóstico: cáncer de mama en fase II con metástasis en los ganglios axilares», recuerda.

A todo ello se le unió la pandemia de la Covid-19. «Me confirmaron que tenía cáncer de mama en octubre de 2019. Primero estuve cinco meses con quimioterapia neoadyuvante (es el tratamiento estándar para aquellos pacientes con cáncer de mama localmente avanzado e inflamatorio), y la idea era que me operarían transcurridas entre cuatro y seis semanas».

Además, Guillermo entró en un ensayo sobre inmunoterapia para ver si un fármaco contra el cáncer de pulmón funcionaba también para el de mama. Pero a dos semanas de concluir se suspendió por falta de resultados.

Hasta el día de la operación este joven sevillano reconoce que «lo pasé muy mal, no por los resultados, sino por las circunstancias. Estábamos ya inmersos en plena pandemia y pasaban las semanas y no me garantizaban que me pudieran operar dentro del plazo que dicta el protocolo. Al final se logró, justo antes de que cumplieran las seis semanas».

Guillermo recuerda ese momento con terror: «Me daba miedo contagiarme durante el tratamiento, iba de 8:30 de la mañana a 17:00 de la tarde a darme la quimioterapia, y también antes de entrar a quirófano». «El 12 de mayo de 2020 me operaron. Me quitaron la mama derecha completamente y me vaciaron los ganglios axilares, tal y como estaba previsto», explica.

Cada tres meses se hace la prueba de los marcadores tumorales, «aunque a mí no me sirven según mi oncólogo, porque nunca me han dado unos valores elevados. También me hacen un ecocardiograma porque el tratamiento es agresivo con el corazón».

Y pese a todo ello se mantiene positivo. Y no es para menos, «en diciembre voy a ser padre primerizo», dice ilusionado. Y nos brinda un consejo para todos: «Ante cualquier bulto vayan ipso facto al médico. Yo lo dejé pasar seis meses y no sé si fue por eso por lo que se me pasó a los ganglios. Pero en todo caso, cuanto antes se ataje mejor».

Bien lo sabe Márius Soler, presidente de la Asociación de Pacientes con Cáncer de Mama Masculino (INVI), a quien Guillermo conoció en una conferencia: «En mi caso no se dieron cuenta de que tenía cáncer de mama hasta bien tarde. Había perdido dos centímetros de altura, me faltaba ya una vértebra cervical por el cáncer. Por eso recomiendo a los hombres no obsesionarse, pero sí realizarse autoexploraciones por si hubiera algo, un bulto, una retracción del pezón, secreción líquida, y acudir al médico».

«Y si el doctor pasa porque el cáncer de mama en hombres es minoritario, de hecho no tienen ni una estadística hecha –prosigue–, sean pesados e insistan al médico. Se estima que entre el 1 y el 2% de todos los cánceres de mama se da en varones, es decir, entre 400 y 700 nuevos casos al año».

En cuanto a qué médico acudir en caso de un varón, el fundador de la Asociación INVI explica que «lo que recomiendan en la Sanidad Pública es ir al médico de atención primaria, pero tenemos casos de hombres con cáncer de mama a los que les han mandando a casa, cuando ante cualquier síntoma les deberían derivar a una Unidad de Mama. En la Sanidad privada lo suyo sería ir al ginecólogo, pero los seguros no cubren la mama en los varones, pero sí el andrólogo».