Nuevas pistas ayudan a guiar el tratamiento del cáncer de próstata de alto riesgo

Un amplio estudio internacional, en el que han participado hospitales españoles, abre el camino a terapias más eficaces

El cáncer de próstata es el tumor más común en los hombres
El cáncer de próstata es el tumor más común en los hombres La Razón

El cáncer de próstata es el tumor más común en los hombres españoles, lo que hace que los especialistas recomienden a todos los varones la necesidad de realizar al menos una revisión anual de Urología a partir de los 50 años. Y es que el diagnóstico precoz del cáncer de próstata resulta esencial para restar mortalidad a este tumor que se encuentra entre las cinco principales causas de muerte en los varones, a pesar de que, en la mayoría de los casos, el cáncer de próstata se puede tratar con éxito y en el que la alimentación adecuada se convierte en un ingrediente de gran ayuda para prevenir los tumores más agresivos.

De hecho, hay motivos para la esperanza porque ahora los resultados de un amplio estudio internacional formado por un consorcio de 16 centros de investigación en colaboración con dos grupos de ensayos cooperativos internacionales, dirigido por investigadores del Centro Integral del Cáncer Jonsson de la Universidad de California Los Ángeles (UCLA), podrían ayudar a orientar la planificación del tratamiento de los pacientes con cáncer de próstata de alto riesgo, tal y como se publicó ayer la prestigiosa revista científica «JAMA Oncology».

El gran hallazgo que supone este nuevo trabajo reside en que ha descubierto dos nuevas posibilidades para tratar con éxito a los pacientes con cáncer de próstata, ya que los pacientes que reciben una dosis alta de radioterapia externa sola pueden beneficiarse de una terapia de privación de andrógenos (TPA) que dure más de 18 meses, mientras que los que reciben radioterapia externa y un refuerzo de braquiterapia, es decir, la implantación de semillas radiactivas para suministrar una dosis total más alta a la próstata, pueden ser tratados de forma óptima con 18 meses de TPA o posiblemente menos.

«La adición de la terapia de privación de andrógenos a la radioterapia ha demostrado sistemáticamente que mejora la supervivencia cuando se trata de hombres con cáncer de próstata de alto riesgo. Sin embargo, la reducción de los niveles de testosterona se asocia a una serie de efectos secundarios, entre los que se incluye no sólo una disminución de la calidad de vida, sino posiblemente eventos adversos más graves cuando se utilizan duraciones más largas. Aunque durante mucho tiempo se ha planteado la hipótesis de que, administrando dosis extremadamente altas de radiación, se podría acortar la duración necesaria de la TPA, esto nunca se ha demostrado», explica el autor principal, el doctor Amar Kishan, profesor asociado y vicepresidente de investigación clínica y traslacional del Departamento de Oncología Radioterápica de la UCLA e investigador del Centro Oncológico Integral Jonsson de la UCLA.

Así, gracias a este nuevo análisis, los investigadores analizaron los datos de pacientes individuales de tres cohortes de pacientes: una cohorte retrospectiva de pacientes de 16 centros de referencia para el tratamiento del cáncer entre 2000 y 2014 que recibieron radioterapia de haz externo de alta dosis o radioterapia de haz externo con un refuerzo de braquiterapia; una cohorte de pacientes inscritos en un ensayo aleatorio de fase 3 que incluía pacientes de 23 centros de tratamiento en Australia y Nueva Zelanda; y una cohorte de pacientes inscritos en un ensayo aleatorio de fase 3 realizado en 10 centros de tratamiento en España. Este es el único análisis que incluye datos retrospectivos y prospectivos para evaluar la duración óptima de la TPA en pacientes de próstata de alto riesgo que reciben estas dos formas de radioterapia.

«Debido a los desagradables efectos secundarios de la terapia de privación de andrógenos, a menudo se infrautiliza, con hombres que reciben duraciones de TPA considerablemente más cortas de lo que podría recomendarse. Para discernir los umbrales de duración de la TPA que proporcionan el mayor beneficio de supervivencia sin metástasis para estos pacientes, analizamos una base de datos multi-institucional de pacientes, desarrollamos hipótesis y luego evaluamos nuestros hallazgos mediante el análisis de los datos de pacientes individuales de los ensayos aleatorios», añade Kishan.

Conclusiones obtenidas

Y las conclusiones son rotundas, ya que «la consistencia de nuestros resultados en múltiples cohortes de pacientes diferentes refuerza en gran medida nuestros hallazgos», apostilla Tahmineh Romero, estadístico principal del Núcleo de Estadísticas del Departamento de Medicina de la UCLA y autor principal del artículo. En concreto, en la cohorte retrospectiva -contemplando las duraciones de la TPA de menos de seis meses, de seis a 18 meses y de más de 18 meses- se observó una interacción significativa entre el tipo de tratamiento y la duración de la TPA. Una duración de 18 meses o más se asoció con mejores resultados, en relación con duraciones más cortas, para los pacientes que recibieron radioterapia de haz externo de alta dosis sin un refuerzo de braquiterapia. Por el contrario, entre los pacientes que recibieron radioterapia y braquiterapia, una duración de la TPA de al menos seis meses pero inferior a 18 meses se asoció a una mejor supervivencia libre de metástasis y supervivencia global, en comparación con la recepción de menos de seis meses de TPA. Sin embargo, no parecía haber ninguna mejora en la supervivencia libre de metástasis para aquellos que recibían ambas formas de radioterapia y más de 18 meses de TPA.

Con un análisis más detallado, los investigadores determinaron que para los pacientes que recibían radioterapia sin braquiterapia, la duración óptima de la TPA era de 26,3 meses; para los tratados con radioterapia y un refuerzo de braquiterapia, el umbral mínimo era de 12 meses. Sus hipótesis extraídas del estudio retrospectivo parecían estar respaldadas por los efectos observados en los ensayos clínicos aleatorios.

De esta manera, esta investigación puede cambiar la forma de actuar de hoy en día en la mayoría de los casos, ya que, «contrariamente a los hallazgos de un estudio anterior, nuestros resultados sugieren que la duración óptima de la TPA para los pacientes que reciben altas dosis de radioterapia puede ser superior a 18 meses. Esto se desprende de los resultados de todas las cohortes que hemos analizado. Una conclusión secundaria, basada en el conjunto de datos retrospectivos, es que una duración de la TPA inferior a 18 meses puede ser suficiente para los pacientes sometidos tanto a radioterapia como a braquiterapia. Aunque los estudios actuales y futuros seguirán ofreciendo aclaraciones, los metaanálisis de pacientes individuales que incorporan datos de varios ensayos pueden proporcionar la mejor orientación actual para médicos y pacientes. Tenemos estudios adicionales en marcha para explorar más este concepto», avanza Kishan.