¿Y si nos duele porque el médico nos ha dicho que nos va a doler... y no porque sea realmente doloroso?

El cerebro juega un papel tan importante en la percepción, que puede eliminar una sensación tan poderosa como el dolor… o puede hacer que surja una nueva de la nada

La tripanofobia es el miedo irracional a las inyecciones y las agujas
La tripanofobia es el miedo irracional a las inyecciones y las agujas FOTO: Bragimo Agencia ICAL

A menudo se infravalora el poder y la influencia que realmente tiene nuestro cerebro sobre nuestra percepción, sobre nuestro comportamiento e -incluso- sobre nuestra salud. Un buen ejemplo de ello es la forma en la que las sensaciones que experimenta una persona pueden verse alteradas, cuando esta ha sido víctima del famoso efecto placebo.

Básicamente, el placebo consiste en la perturbación de los síntomas de la enfermedad de un paciente... después de haber sido sometido a un tratamiento que no tiene propiedades curativas reales (dato que el paciente ignora). Una tendencia opuesta (y con frecuencia desatendida) es el efecto nocebo; que se produce cuando sustancias inertes (normalmente píldoras de azúcar) o las meras sugestiones provocan efectos negativos en un paciente.

Todavía nos queda mucho que profundizar sobre los efectos del placebo en el cerebro
Todavía nos queda mucho que profundizar sobre los efectos del placebo en el cerebro

Placebo y nocebo en la práctica

Un buen ejemplo de cómo difieren en su funcionamiento el efecto placebo y el efecto nocebo, lo podemos encontrar en una investigación (cuyos resultados fueron publicados en octubre de 2021 por la revista Neuroscience), en la que se tomaron fotografías de los cerebros de los voluntarios sugestionados con el efecto placebo y el efecto nocebo, mediante una máquina de resonancia magnética.

Durante este experimento, los investigadores conectaron un generador de calor moderadamente doloroso a los brazos de los 27 participantes en el estudio. Luego les aplicaron tres tipos de crema sobre la zona afectada. La primera aliviaría el dolor, porque supuestamente estaba fabricada a base de lidocaína; la segunda crema incrementaría la sensación el dolor; y la tercera era una crema neutra, que simplemente controlaría los efectos de las anteriores.

En realidad, las tres pomadas eran simplemente vaselina, sin ningún efecto sobre el dolor. Es decir, que las diferentes sensaciones que pudiesen experimentar los pacientes estaban únicamente en sus cabezas.

Cuando fueron expuestos a las diferentes cremas, experimentaron las diferentes sensaciones para las que se les había sugestionado. Y mientras todo esto sucedía, las máquinas de resonancia magnética tomaban imágenes de la intensa actividad de sus cerebros. Concretamente, el cerebro de los sugestionados sufría un incremento importante en la actividad de una serie de estructuras del tronco encefálico, que estaban implicadas en la percepción del dolor.

Las zonas alteradas eran las mismas, pero se comportaban de manera diferente: con la primera pomada (que se supone aliviaría el dolor), el cerebro disminuía la actividad de las neuronas que reflejan estas sensaciones. Y con la segunda hacía exactamente lo contrario: las estimulaba.

Filme MRI (proyección de imagen de resonancia magnética) del cerebro | Fuente: Dreamstime
Filme MRI (proyección de imagen de resonancia magnética) del cerebro | Fuente: Dreamstime FOTO: Dreamstime Dreamstime

En conclusión, en ambos casos se demostró que la sensación del dolor no tiene porqué estar originada por una afección o un estímulo “real”… y que no tiene porqué existir dolor aunque exista una afección o un estímulo real. El cerebro juega un papel tan importante... que puede eliminar una sensación tan poderosa como el dolor… o puede hacer que surja una nueva sensación de la nada. Y todo porque el paciente ha sido sugestionado de cierta forma.

Con estos resultados en la mano y sabiendo hasta qué punto puede afectar el efecto nocebo… quizás sea necesario revisar muchos de los procedimientos médicos que se realizan con asiduidad. Por ejemplo, los profesionales de la salud tienden a pensar que preparar adecuadamente a un paciente para el dolor que va a experimentar con una frase del tipo “esto podría doler bastante”; es la mejor manera de minimizar la ansiedad del paciente... y si sabe qué esperar., tendrá las herramientas para prepararse. Pero, “¿Y si nos duele porque el médico nos ha dicho que nos va a doler.. y no porque sea realmente doloroso?”.