Se me olvidan las cosas, ¿Cuándo debo empezar a preocuparme?

Una duda que asalta a muchas personas es si un despiste o un pequeño lapsus puede ser -en realidad- la primera manifestación del Alzheimer o de algún otro tipo de demencia

El deterioro cognitivo es una de las más molestas consecuencias de la edad | Fuente: Dreamstime
El deterioro cognitivo es una de las más molestas consecuencias de la edad | Fuente: Dreamstime FOTO: Dreamstime

La pérdida de memoria es uno de los motivos más frecuentes de consulta médica, especialmente en la población de adultos mayores. Y es que, a muchas personas les aterra eso de empezar a perder la memoria porque entienden que es la primera señal de la aparición del Alzheimer o de algún otro tipo de demencia. Sin embargo, a todo el mundo le sucede antes o después... y sin necesidad de que exista una relación directa con la demencia.

A medida que vamos envejeciendo, nuestro cerebro se deteriora y le cuesta más aprender cosas nuevas, recordar algunos detalles o -incluso- puede empezar a tener pequeños lapsus, como dejarse las gafas en la nevera o confundirse de nombre al dirigirse a un amigo. Es algo natural y que a todos nos ocurrirá en algún momento de nuestras vidas.

Y por ese mismo motivo, es especialmente importante aprender a distinguir un simple olvido de un síntoma temprano de la demencia o de alguna otra patología. Y es que, detectar la enfermedad y diagnosticarla a tiempo es condición necesaria para que los tratamientos farmacológicos y no farmacológicos puedan ser efectivos y puedan retrasar el deterioro cognitivo; incrementando también la calidad de vida del paciente y la de sus familiares.

Resonancia magnética de una persona con Alzheimer | Fuente: Dreamstime
Resonancia magnética de una persona con Alzheimer | Fuente: Dreamstime FOTO: Dreamstime Dreamstime

¿Olvido normal... o patológico?

Como ya hemos explicado, el cerebro envejece y se deteriora… como lo hace cualquier otra parte del cuerpo humano. Como resultado de este proceso natural, el cerebro va perdiendo parte de su tamaño y eficacia. Hay una zona que se ve especialmente afectada: el córtex prefrontal. Esta región del cerebro está relacionado con las funciones cognitivas superiores, es decir, con la atención, la orientación, la memoria, el lenguaje, la cognición social, etc.

A medida que se produce este deterioro y se pierden capacidades cognitivas, el cerebro busca otros atajos que puedan ayudar a suplir estas insuficiencias a través de los circuitos neuronales. Un camino que puede resultar efectivo para algunas funciones cerebrales... pero que también puede afectar negativamente a otras, como a la concentración o a la agilidad mental.

El término clínico para referirse a esta pérdida de facultades cerebrales es “deterioro cognitivo leve”. Y está frecuentemente relacionado con la edad... aunque no exclusivamente. En esta pérdida de facultades también pueden estar implicados otros factores, como la diabetes, el tabaquismo, el colesterol elevado, etc.

La detección temprana del Alzheimer y de otros tipos de demencia puede reducir el impacto de la pérdida de memoria
La detección temprana del Alzheimer y de otros tipos de demencia puede reducir el impacto de la pérdida de memoria FOTO: La Razón La Razón

Es una afectación con una gran prevalencia (de hasta un 30%) en personas mayores de 65 años, están diagnosticadas de esta afección. Este daño cognitivo leve se evidencia cuando esto de perder objetos, olvidarse de citas con el médico o de palabras… se vuelve frecuente y ya no podemos hablar de un “despiste puntual”.

El problema se vuelve serio

A diferencia del deterioro cognitivo, la demencia no es una consecuencia necesaria del envejecimiento, es una enfermedad. Es la pérdida del funcionamiento cognitivo hasta el punto en el que interfiere en la actividad diaria de una persona. Implica olvidarse de cosas que acaban de ocurrir; patrones de sueño drásticamente alterados; dificultades severas a la hora de realizar tareas básicas como comer, lavarse los dientes, (…); episodios depresivos; alucinaciones sensitivas; incapacidad para reconocer el peligro; falta de lucidez y problemas del lenguaje, etc.

Y si hablamos de la enfermedad de Alzheimer, debemos señalar que es un tipo de demencia (de hecho, es el tipo más común de demencia). Se caracteriza por el empeoramiento progresivo e irremediable de estas mismas facultades. La enfermedad afecta primero a la parte del cerebro asociada con el aprendizaje, por lo que los primeros síntomas suelen incluir cambios en la memoria, en el pensamiento y en la capacidad de razonamiento. Pero, a medida que la enfermedad avanza, los síntomas se agravan, generando confusión, cambios en el comportamiento y otras dificultades.

Las personas afectadas por la demencia rara vez son conscientes de que tienen un problema | Fuente: Unsplash
Las personas afectadas por la demencia rara vez son conscientes de que tienen un problema | Fuente: Unsplash FOTO: Unsplash La Razón

Un buen indicativo que distingue la pérdida de memoria derivada de la demencia de los olvidos puntuales y benignos, es la consciencia de la existencia del propio olvido, es decir, que la persona afectada por estos lapsus no suele ser consciente de que existe un problema. Además, el hecho de que el resto de familiares o personas que viven con nosotros no se alarmen con nuestros despistes, nos puede servir como pista de que no deberíamos preocuparnos tanto.

¿Qué podemos hacer para evitar su aparición?

No hay ningún tratamiento contra el deterioro cognitivo leve o contra la demencia. Sin embargo, sí que es posible prevenirlos (o al menos, retrasarlos) mediante una dieta saludable y equilibrada, ejercicio físico, una buena vida social y -sobre todo- actividad mental, es decir, ejercitar nuestra mente desafiándonos a nosotros mismos a -por ejemplo- recordar las matrículas de todos los coches rojos que veamos, dejar de utilizar la calculadora del móvil en nuestro día a día o leer unos minutos cada día.

La estado físico y mental con el que llegamos a vejez es la prueba de fuego de toda una vida de hábitos más o menos saludables | Fuente: Dreamstime
La estado físico y mental con el que llegamos a vejez es la prueba de fuego de toda una vida de hábitos más o menos saludables | Fuente: Dreamstime FOTO: DREAMSTIME Dreamstime

Numerosos estudios sostienen que mantener la mente activa durante toda nuestra vida puede disminuir hasta en un 50 por ciento las probabilidades de desarrollar alguna demencia. Es más, los beneficios de mantenerse activo mentalmente pueden obtenerse aunque no se haya sido activo durante toda la vida. Al parecer, las evidencias sugieren que los beneficios pueden notarse, aún cuando empezamos a hacerlo entre los 50 y los 60 años.