¿Es esta la vacuna perfecta?

Pfizer anuncia que su inmunización contra la Covid-19 presenta un 90%de efectividad. El laboratorio prepara la fabricación de 1.300 millones de dosis en 2021 de un producto que necesitaría conservarse a temperaturas bajo cero

A mediodía de ayer, el presidente y director ejecutivo de la compañía Pfizer, Albert Bourla, declaraba en rueda de prensa que «hoy es un gran día para la ciencia y para la humanidad». La empresa, responsable junto al laboratorio BIoNtech de una de las 10 candidatas más avanzadas de vacuna contra la Covid-19, anunciaba por sorpresa y sin supervisión oficial de los datos que su terapia inmunizadora ofrece un 90% de efectividad, según se desprende de los últimos resultados del ensayo en Fase III que se encuentra en curso.

La protección del 90%, según Pfizer, se ha obtenido siete días después de aplicar en voluntarios una segunda dosis y 28 días después de la primera. Si se confirma su eficacia (muy por encima de lo esperado para una vacuna de estas características y en tan poco tiempo) efectivamente ayer fue un gran día para la humanidad. De momento, fue un gran día para las bolsas de todo el mundo. Poco después del anuncio se registraron grandes subidas en prácticamente todos los índices de referencia bursátiles, incluidas alzas de dos dígitos en el Ibex 35. Al mismo ritmo que se disparaba la cotización de las farmacéuticas, las empresas de capital estadounidense y las compañías aéreas, se hundían las acciones de Zoom. Como una suerte de encarnación de nuestros sueños, las bolsas apostaban por un futuro idealmente parecido al pasado.

Los datos ayer anunciados responden a un estudio intermedio de la fase III en la que está siendo evaluada la vacuna de Pfizer. En esta fase se estudia la respuesta de más de 43.000 voluntarios. De ellos, 94 han resultado contagiados y una vez evaluado quiénes habían recibido vacuna y quiénes placebo, los investigadores han determinado que el 90% de los vacunados están protegidos.

Vicente Larraga, profesor de investigación del Centro de Investigaciones Biológicas Margarita Salas del CSIC, y responsable de uno de los proyectos españoles de vacuna, reconoce que antes de la era Covid, «ninguna autoridad sanitaria te daría permiso para iniciar ensayos con una vacuna que ofrezca menos del 60% de eficacia potencial». El 90% de Pfizer parece un auténtico bombazo.

De hecho, la Guía de desarrollo y aprobación de vacunas contra la Covid-19 elaborada por el regulador estadounidense (la FDA, Administración de Alimentos y Medicamentos) exige eficacias probadas de más del 50% antes de autorizar el uso de una de estas terapias. La OMS recuerda que ninguna vacuna es segura al 100%. El 90% de Pfizer/BioNtech es lo más cercano a una vacuna perfecta. Si se demuestra definitivamente, porque hay que recordar que lo anunciado ayer no es más que una declaración de parte en un estadio muy preliminar del análisis de datos de Fase III. La compañía espera poder publicar resultados sólidos antes de fin de año y estar en disposición de fabricar 1.300 millones de dosis a lo largo de 2021. El siguiente paso debería ser la publicación de los datos para que sean revisados por la comunidad científica y el escalado a otra prueba con más de 160 personas contagiadas.

Ante la crisis Covid las farmacéuticas están acudiendo a un sistema de gestión en paralelo inédito. Las fases de investigación se solapan (la fase III comienza antes de que acaba la II) y la producción de la vacuna se inicia antes de ser aprobada. Así se puede asegurar que, en cuanto las autoridades sanitarias den su visto bueno, haya millones de dosis disponibles.

Buena parte de este trabajo fue posible gracias a que la administración Trump de EE UU ofreció un adelanto de varios miles de millones de dólares para algunas de las candidatas a vacuna más prometedoras a cambio de que lograran tener 300 millones de dosis disponibles para el mercado estadounidense. Fue la llamada «Operación Velocidad de la Luz». Pfizer recibió 1.900 millones de dólares con el compromiso de suministrar 100 millones de dosis para pacientes estadounidenses. «Cada vez que hablo con el presidente Trump –declaró el CEO de Pfizer hace unas semanas– le digo que esté tranquilo, que haremos lo posible para que la vacuna esté tan rápido como la ciencia permite».

La de Pfizer/BioNtech, al igual que la de Moderna, están basadas en ARN mensajero. Todas las vacunas pretenden enseñar al organismo a identificar y generar anticuerpos contra ciertas proteínas del virus. Algunas terapias (como, por ejemplo, la de Oxford) realizan esa tarea introduciendo la proteína directamente mediante un vector: por ejemplo, un virus de chimpancé que invade las células humanas sin daño. En otros casos se opta por introducir en el núcleo de las células la información genética necesaria para que sean esta mismas las que produzcan la proteína y aprendan a combatirla. Ese es el mecanismo de la de Pfizer.

Estas vacunas de ARN mensajero presentan algunas virtudes (limitan el riesgo de inmunidades preexistentes, facilitan la producción en escala) y algún inconveniente serio. En este caso, el peor obstáculo puede constituirlo la necesidad de mantener el producto a temperaturas bajo cero para su perfecta conservación, lo que dificultaría de este modo su trasporte y suministro en las zonas más pobres y remotas del mundo. Los expertos coinciden en la necesidad de que coexistan varios tipos de vacuna en el mercado, probablemente con diferentes indicaciones para distintos grupos de población. Una sola vacuna no servirá en principio para acabar con la pandemia.