Filomena, cuando la nieve paralizó España

El temporal más intenso de los últimos 50 años nos pilló «con la guardia baja» después de la Navidad

Una persona avanza con esquíes junto a la fuente de Cibeles
Una persona avanza con esquíes junto a la fuente de Cibeles FOTO: "Jesús Hellín " Europa Press

Muchos españoles arrancamos la última hoja del calendario de 2020 con el mismo deseo: que 2021 fuera un año de compensación por las pérdidas humanas acaecidas y la angustia sufrida debido a la desgarradora tragedia mundial que estábamos viviendo con la covid. Sin embargo, la cruda realidad no nos permitió recrearnos demasiado en este profundo anhelo. Nuestras expectativas se vieron truncadas una semana después. En concreto, estas halagüeñas esperanzas perecieron cuando se pudo contemplar que una gran capa de nieve, con un espesor medio de entre 30 y 50 centímetros, teñía de blanco una gran parte del territorio peninsular provocando considerables daños personales y materiales. Porque ni siquiera los avisos procedentes de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) de nivel naranja o rojo por la llegada de nevadas copiosas en cotas bajas del interior peninsular permitieron imaginar que estaríamos ante una nevada histórica, ante el temporal más intenso de los últimos 50 años.

La Aemet bautizó a esta borrasca con el nombre de Filomena. En Canarias se previeron rachas de viento, precipitaciones intensas y fenómenos costeros. En la Península, los meteorólogos pronosticaron una extraordinaria nevada tanto en extensión como en espesor. Advirtieron de la llegada de temperaturas mínimas, precipitaciones persistentes y, sobre todo, acumulación de nieve en amplias zonas de Madrid, Castilla-La Mancha, Comunidad Valenciana, Aragón y Cataluña en diversos momentos de los días 7 al 10.

«En el interior peninsular lo más relevante serán las nevadas copiosas en cotas a partir de 500-700 metros, aproximadamente. Comenzarán el miércoles por la tarde en zonas del interior sureste de la Península y se extenderán e intensificarán, durante el jueves y viernes, a amplias áreas del centro y este peninsular. Durante el viernes, probable día álgido del episodio, la cota de nieve descenderá a 200-400 metros. Y durante el fin de semana, con el desplazamiento de la borrasca hacia el norte, las precipitaciones de nieve irán afectando cada vez más a zonas más septentrionales» comunicó Meteorología. El temporal paralizó gran parte de España ante la improvisación y descoordinación del Gobierno. En total, 657 carreteras, con casi 20.000 kilómetros de la red nacional, se vieron cortadas o afectadas por las tremendas nevada. Muchas vías de la red secundaria se encontraban en nivel negro, es decir, intransitables, y en más de 200 se activó el nivel rojo, con el tráfico de vehículos pesados interrumpido y la obligación de llevar cadenas.

En Madrid capital y en sus alrededores se dieron los máximos de espesor. La ciudad vivió la mayor nevada desde 1971. No dejó de nevar durante día y medio casi sin interrupción y con virulencia.

Aunque el manto blanco captó la simpatía de muchos con un señuelo de felicidad, el caos se apoderó de la región. La capital del país estuvo incomunicada por los 44 litros de nieve por metro cuadrado acumulados en unas horas. La jornada fue especialmente dura para las más de 1.500 personas que se quedaron atrapadas en sus vehículos. Algunos, durante cerca de quince horas y en plena noche en zonas como las circunvalaciones de Madrid. Los servicios del 112 atendieron 277 accidentes y 2.300 incidentes de tráfico. El Ejército proporcionó mantas y comida. Los bomberos acudieron con todoterreno a socorrer a los vehículos privados.

Se paralizaron las operaciones del aeropuerto de Madrid-Barajas. Aena informaba que las inclemencias meteorológicas disminuían la visibilidad y las pistas se encontraban inoperativas. El temporal también obligaba a interrumpir las últimas tres circulaciones del día y las primeras del sábado de la línea de alta velocidad Madrid-Valencia-Alicante. En media distancia, se suspendía también la circulación de trenes con la capital. Lo mismo ocurría con el servicio de trenes de Cercanías. Filomena se recrudeció en las calles. Tras la nieve, llegó una ola de frío polar. Mientras contemplábamos la insólita imagen de trineos empujados por perros por Gran Vía, en la ciudad se produjeron reventones de cañerías por el hielo, humedades, caídas de árboles sobre vehículos y edificios, bajadas de tensión en la luz, desprendimientos de cornisas y un largo etcétera. Samur-Protección Civil atendió, solo en Madrid, a más de 400 personas que habían sufrido caídas a causa de resbalones por el hielo o la nieve produciéndoles problemas traumáticos como fracturas de rodilla, fémur o muñecas. En la Comunidad de Madrid, miles de alumnos de los más de 2.500 colegios de la región no pudieron volver a clase hasta el miércoles 13. El temporal, ya fuera en forma de nieve o de agua, se llevó por delante la vida de varias personas tanto en Madrid como en otras localidades. También se produjeron cortes de suministro eléctrico en las regiones afectadas. Tras el paso del cataclismo, que comenzó a amainar el domingo 10 de enero, el Consejo de Ministros aprobó la declaración de zona catastrófica para ocho comunidades afectadas: Asturias, Castilla y León, Castilla-La Mancha, Comunidad de Madrid, Aragón, Andalucía, La Rioja y Navarra. Así, la borrasca Filomena añadió otra llaga más al malherido estado anímico de una sociedad que, en paralelo, entraba de lleno en la cuarta ola.

El efecto inesperado del «confinamiento natural»

Durante la última semana de enero, la cuarta ola de la covid dio un respiro en algunas regiones. Una de las causas fue el parón en la movilidad motivado por la tormenta de nieve. Según el informe de la tecnológica española Nommon, el primer día laborable tras el paso de la borrasca, el lunes 11 de enero, España registró un número total de desplazamientos similar al registrado los lunes de marzo de 2020, en pleno confinamiento domiciliario: una media inferior a 2 viajes por habitante en todo el día.