Escépticos de la tercera dosis: «Solo me la pondré si me la piden para viajar, o para entrar en un restaurante»

Muchos menores de 50 años no confía en la protección adicional del refuerzo, menos aún quienes han pasado la infección por Ómicron estas navidades

En los últimos días, diversos organismos supranacionales han compartido datos importantes en pos de confirmar la eficacia y utilidad de las terceras dosis. Un estudio de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC, por sus siglas en inglés) concluyó que las vacunas de refuerzo contra la covid de ARNm alcanzan un 90% de eficacia en la protección frente a las hospitalizaciones relacionadas con la variante Ómicron. «El valor de la tercera dosis de una vacuna de ARNm es significativo, ya que dos dosis solo fueron un 38% efectivas en la protección contra las visitas a urgencias relacionadas con Ómicron, en comparación con un 82% con las tres dosis, y solo un 57% efectivas en la protección contra las hospitalizaciones por Ómicron», señalaron los investigadores.

Por otro lado pero en la misma línea, la Organización Mundial de la Salud (OMS) incluye en su sexto informe actualizado sobre la Ómicron- hecho público ayer- que la protección de las vacunas ante posibles formas graves de la infección ha bajado con la nueva variante a un 50%, aunque con dosis de refuerzo ese porcentaje aumenta al 80%.

Un tercer estudio, el ENE-Covid Senior, realizado por el Instituto de Salud Carlos III (ISC-III), enfatiza también el valor de este tercer pinchazo en los mayores de 65 años, ya que multiplica por 10 la protección frente a Ómicron.

Sin embargo, tanto la comunidad científica como algunos organismos oficiales están divididos a la hora de defender con tanto énfasis las ventajas de los refuerzos en población «joven» e inmunocompetente. La principal duda es si la generalización de esta inmunización compensa, no solo por el hecho objetivo de que las hospitalizaciones a causa de la infección en los menores de 45 años en esta sexta ola solo hayan representado entre un 0,1 y un 0, 2%, sino porque puede llevarles a caer en el hartazgo y en el escepticismo ante las vacunas.

Si a esto le sumamos la fuerte reacción al tercer pinchazo que están teniendo – entre 24 y 48 de sintomatología de gripe «fuerte»– podría formarse una «tormenta perfecta» de rechazo ante la dosis de recuerdo. Los expertos explican que estos efectos secundarios- que no son graves, pero sí molestan- se producen porque se está administrando una nueva dosis a personas que aún tienen una inmunidad potente de las otras dos anteriores. «Ocurre porque tenemos nuestro sistema inmune sobreestimulado, sobrerreaccionado. Lo que hace la vacuna es activar el sistema inmune, pero si das una nueva dosis a un sistema inmune que ya está activado, las reacciones secundarias se multiplican, la reactogenicidad aumenta», señala José Gómez Rial, Inmunólogo del Hospital Clínico Universitario de Santiago de Compostela.

Según el barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) de este mes de enero, son cerca de un 9% las personas que han rechazado o rechazarán el refuerzo, a las que hay que sumar otro 4% que no sabe o duda. En este grupo se encuentra Mónica González, producer, a la que el hecho de haber pasado la covid con Ómicron hace dos semanas le crea mucha confusión sobre la necesidad de tener que inocularse el refuerzo en breve.

«Me hice un test antes de ir a cenar con mi madre en fin de año, y di positivo». «Obviamente, no fui, y me quede en casa sin salir aunque al principio no tenía síntomas; pero el 5 de enero ya empecé con mucho dolor de cuerpo, fiebre, tos. No podía levantarme de la cama», afirma. Aunque le duró solo un par de días, reconoce que lo pasó muy mal. El 7 de enero fue al médico y, aunque seguía dando positivo, le dijo que podía ir a trabajar porque, con Ómicron, «podía seguir dando positivo durante tres meses». «Me tenía que haber puesto la tercera a finales de diciembre, pero acababa de empezar en un trabajo nuevo y no quise pedir el día para ir. Sabía que la protección de la pauta completaba bajaba a los seis meses, pero me arriesgué a dejar pasar las navidades», explica. Ahora, a dos semanas de que pueda pedir cita para el refuerzo, tiene muchas dudas. «No quiero volver a pasarlo mal, tener que faltar al trabajo, y esas cosas. También he leído que haber tenido la infección protege más que ponerse la dosis de recuerdo, así que me lo voy a pensar», reconoce.

Efectivamente, no pocas investigaciones confirman que la protección que ofrece haberse infectado con Ómicron es mucho más completa que la que puede proporcionar la dosis de recuerdo. De este modo, parte de la comunidad científica se posiciona en contra de la necesidad de someter a un tercer pinchazo a los que han pasado la infección, y menos aún de hacerlo solo cuatro semanas después. «Con la exposición al virus durante la infección, nuestro sistema inmune ha refrescado la memoria inmunológica, la ha actualizado a la variante actual y la ha completado con otras proteínas del virus no incluidas en la vacuna. Por tanto, una dosis de vacuna con una variante que ya no circula es un despropósito desde el punto de vista inmunológico», destaca Gómez Rial.

Con la misma palabra – «despropósito»– se refiere Miguel N, ingeniero de 48 años, al tercer pinchazo, que afirma que no se pondrá hasta que las circunstancias no le «obliguen» a hacerlo. «No creo en que merezca la pena en personas sanas y con un sistema inmune no comprometido. La realidad es que, por ahora, no me compensa el beneficio `extra’ en protección que pueda tener frente a pasarme dos días en la cama hecho polvo y sin poder ir a trabajar», argumenta.

Miguel paso la covid en 2020, fue asintomático y solo se enteró porque, en diciembre de ese año, se hizo una prueba serológica en la que le detectaron un gran número de anticuerpos. «Las dos primeras vacunas me las puse, en parte por convicción pero en gran parte también por no tener problemas en el trabajo, para viajar y no tener limitaciones en el ocio. No me considero anti vacunas en absoluto, pero si una persona que no cree que se vaya a solucionar nada vacunando a una cuarta parte del mundo con tres dosis mientras el resto no tiene ni la primera», concluye.

Aunque España está un poco por debajo de la media de Europa en la inoculación de terceras dosis, según los datos del ECDC, aún es pronto para analizar el impacto entre los más reacios, que aumentan a medida que disminuye la edad. Actualmente, según los datos del último informe del Ministerio de Sanidad, el 31,51% de la población entre 40 y 49, el 16,38% de la de 30 a 39 y el 11,8% de la de 20 a 29, tienen ya el refuerzo. Es interesante señalar que en este último grupo cerca de un 18% no tiene ninguna dosis, por lo que no es de esperar que cambien de opinión.

Dosis de recuerdo y terceras dosis
Dosis de recuerdo y terceras dosis FOTO: T. Nieto

Si tomamos de referencia a Estados Unidos, que aprobó la tercera dosis apara mayores de 16 años en septiembre de 2021, se ve como su curva subió más rápido que en las primeras dosis en los primeros meses, pero su crecimiento se ha ido frenando hasta prácticamente estancarse. Según datos de OurWoldinData, solo el 25% de la población cuenta con las tres dosis- en cinco meses-, menos del 50% de todos los vacunados. Los perfiles más escépticos son diferentes a los que se negaron a inocularse desde el principio, y están entre una población algo más joven que aún no ha sido llamada a la tercera dosis en nuestro país.