Salud

El tortuoso camino de la píldora masculina

La versión anticonceptiva para varones lleva en fase de estudio más de dos décadas, pero no se ha hallado el modo de que esta pastilla no provoque daños irreversibles en la virilidad. Un nuevo ensayo promete avances reveladores

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Infografía Tania Nieto

Más de dos décadas de investigaciones y la píldora anticonceptiva masculina sigue siendo un quebradero de cabeza. Un estudio reciente elaborado por la Universidad de Minnesota asegura haber dado con la clave que hasta ahora había frenado todos los avances: una pastilla no hormonal, que previene el embarazo en un 99% de los casos y, lo que es más importante, sin efectos secundarios.

Y es que es precisamente este último aspecto el que ha torpedeado todas las investigaciones realizadas desde finales del siglo pasado. Hasta ahora, todos estaban enfocados a la testosterona, la hormona masculina, sin embargo, se ha comprobado que las secuelas, más allá del aumento de peso, colesterol y depresión, sumaban también la impotencia e infertilidad permanente del varón.

Por este motivo, el estudio estadounidense podría dar un giro relevante a las intentonas frustradas. Al menos, los andrólogos, es decir, los médicos y científicos especializados en el sistema reproductor del hombre, se muestran esperanzados. «En primer lugar, lo que debemos plantearnos como especialistas es cómo debe ser el anticonceptivo masculino ideal. En primer lugar, que sea independiente de cada acto sexual, es decir, continuado, que sea aceptable para el hombre y la mujer y que no afecte a la potencia y actividad sexual del varón. Que no tenga efectos secundarios ni en el semen ni en la futura descendencia, así como que sea igual de efectivo que los métodos femeninos», explica a LA RAZÓN el doctor Natalio Cruz, director médico de Andromedi Sevilla.

Según confiesa, hasta ahora ha sido muy complejo encontrar algo que cumpla con estos puntos pues «todos los tratamientos para frenar la producción de los espermatozoides (que suponen el 10% del semen) han sido hormonales a través de testosterona y progestágeno, y lo que se ha comprobado es que al retirar la píldora al varón, éste no vuelve a producir esperma, convirtiéndose en estéril». Entre los hombres caucásicos, entre un 15 y un 20% no recupera la capacidad reproductiva, mientras que, por ejemplo, entre los asiáticos, esta cifra se reduce a entre el 7 y el 8%.

«Esto no pasa en el caso de la píldora femenina, no se pierde la fertilidad una vez se elimina la ingesta de la pastilla. En el hombre, además, existe otro coste añadido al suspender el tratamiento y es que también se ve afectada la libido, el nivel y calidad de la erección, ya que la testosterona puede provocar la atrofia testicular», detalla Cruz.

Inyecciones de anabolizantes

De hecho, aunque no se han realizado estudios directos en este sentido, sí que se ha analizado en la población masculina que utiliza las inyecciones de testosterona entre los «adictos» al gimnasio. «Al utilizar estos anabolizantes con el fin de aumentar su masa muscular, se ha observado que la mayoría resultan estériles, dejan de producir espermatozoides porque los ciclos de esta horma atrofian sus testículos. La realidad es que hasta el 20% de ellos no recuperará nunca su función sexual ni la reproductora», añade el director médico de Andromedi Sevilla.

El problema, más allá de las secuelas derivadas, es que hasta la fecha no se ha descubierto ninguna otra hormona capaz de inhibir temporalmente la producción de esperma. «Por eso, el estudio de Minnesota es muy prometedor. Tras los buenos resultados en los ensayos con ratones, ahora comenzará en humanos voluntarios sanos. Lo novedoso de este planteamiento es que realiza a través de una proteína que inhibe el progreso de la célula embrionaria (espermatozoide). Es decir, que inhibe el gen RAR y provoca una esterilidad temporal. Lo que hay que comprobar es que sea completamente reversible», apunta Cruz.

Hasta ahora, la única alternativa del varón (más allá del preservativo) es la vasectomía, aunque según los estudios, más del 20% de los que se la realizan se arrepienten: «Lo bueno es que el 90% consigue recuperarlo, eso sí, pasando de nuevo por el quirófano. De ahí lo importante de encontrar la píldora masculina», sentencia, para a continuación pronosticar que, si todo avanza correctamente, «en dos años podríamos tenerla en el mercado»

Menos optimista en cuanto a la celeridad del ansiado medicamento anticonceptivo es el doctor Samuel Escalante, experto en TRT (tratamientos hormonales de reemplazo) de la Clínica Doctor T. «Hasta el momento, los estudios no han avanzado en las fases de ensayo clínico exigidas para llegar a la fase IV. Aunque los resultados preliminares sean favorables, es prematuro establecer una fecha estimada, el tiempo lo dirá todo», afirma a LA RAZÓN.

Según Escalante, actualmente hay múltiples investigaciones dirigidas a la anticoncepción masculina, «no sólo interviniendo el eje hormonal, sino prometedoras hipótesis como la inmuno-anticoncepción dirigida a la interacción del espermatozoide y la zona pelúcida del ovocito, lo que pasa es que la investigación en mujeres lleva décadas de ventaja».

Si se compara la píldora femenina con la potencial masculina, ambas presentan secuelas o contraindicaciones. ¿Por qué entonces se tiene más reparos para administrársela al varón? «En toda investigación y aplicación de un nuevo fármaco hay que tener presente el concepto del beneficio-riesgo que debemos aplicarlo a cualquier medicamento o terapia, siempre individualizando el caso particular de los pacientes», puntualiza Escalante.

Daños vs. beneficios

Sobre las temidas secuelas, este médico concluye que no se pueden especificar de manera general al hablar de una píldora hormonal, pues « todo depende de cual sea la diana terapéutica del eje hormonal y eso estará ligado a los efectos adversos. No obstante se puede mencionar los más conocidos, los andrógenos (como es la testosterona) administrados exógenamente para suprimir las gonadotropinas hipofisarias (LH y FSH). Como resultado, se suprime la producción de testosterona (T) intratesticular y la espermatogénesis, mientras que la acción de los andrógenos se mantiene en otros tejidos diana periféricos, evitando el hipogonadismo sintomático. Los estudios reportan cambios mínimos en el peso, los lípidos séricos y el antígeno prostático específico».

En este punto, Escalante hace un inciso para subrayar que «como en cualquier medicamento, una dosis elevada causa más daño que beneficios. También es relevante entender que la testosterona per se no es una hormona deletérea para la salud. Al contrario, los hombres debemos tener niveles suficientes en sangre para vivir óptimamente, con ciclos de sueño reparadores, adecuada masa muscular, entre otros beneficios».

De hecho, añade el doctor, que es precisamente de este concepto fisiológico de donde nace la TRT (Terapia de Reemplazo de Testosterona), la cual, si es aplicada en sus dosis correctas «logra sus mayores ventajas». Lejos de encasillar a la testosterona como el «mal mayor», Escalante sí reconoce que «sin embargo, los estudios en búsqueda de la anticoncepción en hombres, las dosis necesarias para inhibir la espermatogénesis son suficientemente altas como para causar los efectos adversos mencionados».

Por este motivo, el tortuoso camino para conseguir una píldora apta sigue generando ciertas desconfianza entre los ciudadanos, a la espera de que la ciencia consiga la «fórmula» perfecta.

Las «reservas» culturales

Si bien el primer motivo que hasta ahora ha frenado todos los avances científicos para crear la píldora masculina, los expertos aluden también a una «causa cultural» que apunta al porqué de una mayor celeridad en la variante femenina que en la de los varones. Así lo afirma el doctor Natalio Cruz: «Existen ciertas connotaciones culturales, dos de ellas muy importantes. La responsabilidad de la anticoncepción a nivel social siempre se ha depositado en la mujer, que es la que, a fin de cuentas, se quedará embarazada. El hombre puede mostrar una mayor despreocupación en este sentido porque no será quien desarrolle el embarazo. A eso se suma la desconfianza de las féminas a que su pareja sexual se tome o no esa píldora, salvo que estemos hablando en el contexto de una pareja estable. Por otra parte, el hombre muestra también rechazo a ingerir algo que pueda afectar a su virilidad»