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Cada semana cae basura espacial a la Tierra

La estación espacial china cayó en el Pacífico. A pesar del revuelo que ha generado su caída sin control, se suma a la lista de objetos que abandonan su órbita.

  • Imagen del acoplamiento de un transbordador a la estación Tiangong-1, en 2011, cuando estaba operativa
    Imagen del acoplamiento de un transbordador a la estación Tiangong-1, en 2011, cuando estaba operativa

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03 de abril de 2018. 03:35h

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Belén V. Conquero Madrid. 3/4/2018

Meses temiendo que el «Palacio Celestial» (Tiangong-1) chino cayera en algún país europeo, como se vaticinó en un principio, para que, finalmente, terminara en aguas del Pacífico Sur. Cayó en «tierra de nadie», tras unos días en los que tanto países europeos como suramericanospredecían la caída del artefacto – de tamaño similar al de un autobús escolar– en sus territorios. Y es que se barajó tanto la posiblidad de que tocara tierra en la costa de Sao Paolo (Brasil) como que pudiera chocar con alguno de los pueblos limítrofes entre España y Portugal.

El principal problema es que el descenso de la que fuera la primera estación espacial china es que desde hace dos años orbitaba sin control alrededor de nuestro espacio y, por tanto, no se podía dirigir su destino final. No obstante, a pesar de todo el revuelo internacional que ha generado su reentrada, la caída de objetos espaciales en la Tierra es más habitual de lo que se cree. Un satélite impacta contra la atmósfera terrestre, de media, todas las semanas. Aun así, la probabilidad de que estos desechos espaciales golpeen a alguien es más pequeña que la probabilidad de que toque la Lotería. Es más, sólo se conoce el caso de una mujer estadounidense a la que un pedazo de satélite golpeó el hombro en 1997.

Según las estimaciones de la Oficina de Desechos Espaciales de la Agencia Espacial Europea (ESA), cerca de 100 toneladas al año de objetos, entre los que se encuentran satélites inoperativos, naves espaciales no controladas, etapas superiores gastadas y objetos desechados como cubiertas de instrumentos, son arrastrados hacia la atmósfera superior de la Tierra, tras terminar sus vidas desintegrándose al traspasar la atmósfera de nuestro planeta. La Tiangong-1 pesaba 8,5 toneladas.

Muchos de estos objetos son grandes y algunos de ellos sobreviven al fuego de reingreso para llegar a la superficie. Pero la ESA recuerda en un comunicado que la Tierra, sin embargo, es un lugar grande y cubierto por agua en un 70 por ciento, por lo que gran parte de lo que cae nunca se ve, se hunde en el fondo de algún océano o aterriza lejos de las poblaciones.

Durante los últimos 10 minutos antes de que un objeto aterrice en el suelo, desde un altitud de 110 kilómetros, la atmósfera es lo suficientemente densa como para que el objeto se caliente debido a la resistencia del aire, se desacelere y se desintegre. Lo que no ocurre con los transbordadores tripulados, como las naves Soyuz, cuyo principal interés es regresar a la Tierra con sus astronautas a bordo. Éstas están hechas de un material distinto, más fuerte, que no arde durante su reentrada. Eso sí, estas naves también suelen caer en el agua.

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