Los abogados del futuro, ¿serán máquinas?

El sector legal se enfrenta a uno de los mayores desafíos con la llegada de la Inteligencia Artificial. ¿Podrán adaptarse o es una batalla perdida?

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01 de febrero de 2017. 03:23h

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1/2/2017

La idea de la inteligencia artificial (IA) dentro del campo legal parece relativamente nueva, pero la realidad es muy diferente y lleva casi medio siglo entre nosotros. Mucho antes que existiera Google, en septiembre de 1968, el profesor Hugh Lawford, de la Universidad Queens (Londres) creó la base de datos legales QUIC/LAW. Fue el primer paso. Dos años más tarde, la Universidad de Stanford publicaba el artículo «Especulaciones sobre la Inteligencia Artificial y el razonamiento legal» y en 1987 se celebró la primera Conferencia Internacional sobre IA y Leyes.

Hace poco más de dos años, el estudio de abogados Baker & Hostetler contrató al primer asistente legal IA. Se llama ROSS y ha sido diseñado por IBM. ROSS no sólo es una base de datos capaz de bucear en todos los veredictos de los últimos 13 años, sino que también ofrece consejo sobre el vínculo que esas sentencias puedan tener en el caso que se investiga. Actualmente la IA se ocupa de asuntos legales como asesorar sobre contratos, aconsejar en relación a las leyes de derechos de autor o anticipar el veredicto del Tribunal Supremo en casos de derechos humanos.

Y ahora llega un nuevo desafío para los abogados humanos llamado LawGeex. En 2014, el experto en leyes comerciales Noori Bechor se dio cuenta que el 80% de su tiempo lo pasaba revisando contratos, algo que intuyó (correctamente) que un ordenador podía hacer de modo más eficiente y económico. Y fundó la compañía LawGeex que ya tiene más de dos mil clientes entre particulares y grandes empresas. El sistema funciona mediante algoritmos y trabaja del siguiente modo: el cliente envía un contrato (la primera revisión es gratuita) y los algoritmos lo estudian. En una hora aproximadamente, el usuario recibe un informe que específica qué cláusulas son acordes a los estándares legales, cuáles no, sugiere puntos que se han obviado y aconseja aquellos que deberían ser revisados. En solo 60 minutos. Gracias a esto, las empresas han visto reducidos sus tiempos de entrega en un 80% y sus costes en un 90%. «Nuestro objetivo –confiesa Bechor en una entrevista– es automatizar todo el mundo legal en los próximos años». Para cumplir con esta celeridad y eficacia, los algoritmos que utiliza LawGeex se entrenan leyendo al menos un centenar de contratos similares. Actualmente el sistema puede trabajar con 20 tipos de contratos distintos.

¿Significa esto que los abogados podrían perder la batalla contra la IA? Para gustos, opiniones. Para Schmuli Goldberg, uno de los creadores de LawGeex, los algoritmos operan de un modo «muy diferente a cómo trabajaría un abogado. Un abogado leería palabra por palabra de principio a fin y luego podría corregir ciertos párrafos. La IA ve todo como un conjunto y su detección es más veloz. Creo que los abogados pueden beneficiarse de la AI al desaparecer todo el trabajo administrativo y centrarse en preguntas más estratégicas».

Por otra parte, el profesor de Oxford, Richard Susskind, especializado en tecnología legal, sugiere que en un lustro los avances tecnológicos permitirán que los abogados sean cada vez menos necesarios. Para Juan Manuel Castillo, responsable de NVIDIA (el «cerebro» detrás de los coches autónomos de Tesla, Audi y Mercedes Benz entre otras) en España y Portugal aporta en conversación telefónica que «si nos limitamos a que los abogados interpretan un cuerpo legal sin valorar cómo se aplican las leyes en cada caso, no sé si los abogados desaparecerán, pero sí que la IA ayudará».

Recientemente, la Universidad de Queens realizó un simposio en el que expertos legales daban su opinión sobre este tema. Para Jordan Furlong, uno de los ponentes, «cuando hablo de este tema, utilizo el ejemplo de Gregory House de la serie de televisión House. Sería como tenerle como consultor jurídico las 24 horas: alguien que tendría acceso a todos los casos, a cada información, a todas las regulaciones y leyes del mundo».

Gran parte de la práctica legal se sostiene en la busca y captura de sentencias pasadas que confirmen o apoyen la orientación que quiera darle al caso cada abogado. Dependiendo del área esto puede ser más flexible, como en derecho penal o más rígido, como leyes de patentes. Pero los sistemas de IA son cada vez más rápidos en procesar grandes volúmenes de información y mejores en establecer relaciones. Es cierto que nadie querrá ser representado por una máquina, pero en breve ningún cliente aceptará un abogado que no trabaje con IA. Una reciente encuesta, realizada por Altman Weil, comparaba las respuestas que miles de abogados habían dado en 2012 y en 2015 a la pregunta «¿Reemplazarán los ordenadores a los abogados?». Si en 2012, el 46% respondía que no, tres años más tarde, las cifras habían descendido a un 20%.Los abogados, sin duda, deberán adaptarse, de lo contrario están sentenciados.

El futuro de la enseñanza legal

Lo primero que cambiará, antes de la evolución legal hacia la inteligencia artificial, será la enseñanza del derecho. Para convertirse en abogado ya no se evaluará el conocimiento de las leyes y su aplicación, también se requerirán conocimientos en programación, algoritmos, seguridad y conectividad. Los días de llegar a la Facultad de Derecho y saber que huíamos de las matemáticas se han terminado.

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