«Locke & Key»: La llave maestra del hijo de Stephen King

Ayer se estrenó en Netflix una serie de 10 capítulos basada en los cómics de Joe Hill y que mezcla ciencia ficción, thriller y cerrojos mágicos

Connor Jessup y Emilia Jones interpretan a Tyler y Kinsey, dos de los tres hermanos que protagonizan «Locke & Key»
Connor Jessup y Emilia Jones interpretan a Tyler y Kinsey, dos de los tres hermanos que protagonizan «Locke & Key»Christos KalohoridisChristos Kalohoridis/Netflix

Bienvenidos a la laberíntica mansión de las llaves mágicas. Un «hogar» perdido en una localidad llamada Matheson donde los cerrojos pueden aparecer en nucas y espejos y donde las puertas, en lugar de a un desván, transportan a cualquier lugar del mundo. Se trata del universo de «Locke & Key» la serie que se estrenó ayer en Netflix y que es una de las ficciones más esperadas de 2020. Algunos le han calificado como «bombazo» y otros han alagado su composición fantástica y surrealista. Sea como fuere, esta producción original es todo un logro de la plataforma si se tiene en cuenta de dónde procede. Si juntamos ciencia ficción, terror y literatura, de manera inevitable uno de los nombres que se viene a la mente de cualquier fanático de la fantasía es el de Stephen King. Pues bien, «Locke & Key» está basada en una serie de cómics escritos, no por el autor de «El resplandor», sino por su hijo: Joe Hill. Con la ilustración del chileno Gabriel Rodríguez, Hill produjo entre 2008 y 2013 más de 30 números de la historia «Locke & Key», cómics que supusieron todo un fenómeno y que obtuvieron un gran éxito en ventas. Innumerables han sido los intentos de su adaptación durante una década hasta que la gran N roja ha dado con la llave maestra: ha llevado a la pantalla un complicado, perturbador y perverso universo de una manera atractiva, cautivadora y que alude sin escrúpulos a la incertidumbre.

Bode (Jackson Robert Scott) es el hermano menor y quien va encontrando las llaves mágicas en "Locke & Key" FOTO: Christos Kalohoridis Christos Kalohoridis/Netflix

Una madre y sus tres hijos se mudan de Seattle a Matheson tras la trágica muerte del padre, Rendell Locke (Bill Heck). El objetivo es el de comenzar una vida nueva y deciden hacerlo acudiendo a la casa que vio crecer al fallecido. Sin embargo, en lugar de tranquilidad y refugio, encuentran una peligrosa aventura: Bode (Jackson Robert Scott), el más pequeño de los hermanos, conoce a una villana, la mala malísima Dodge (Laysla de Oliveira), que vive en un pozo y le descubre que dentro de la casa hay llaves escondidas cuya utilidad queda bastante lejos del hecho de abrir un cerrojo. ¿La manera de encontrarlas? Seguir unos susurros al más puro estilo de los que Harry Potter escucha y que dicen su propio nombre.

Un pasado inquietante

Son llaves que otorgan poderes a quienes las poseen: desde volar hasta entrar en mentes ajenas, pasando por la teletransportación, la invisibilidad y el cambio de sexo. Hill calificó una vez a su creación como un «thriller adolescente a gran escala» y, al menos durante los dos primeros capítulos, esa es la sensación que transmite la historia. Tyler (Connor Jessup) y Kinsey (Emilia Jones), hermanos mayores de Bode, intentan compaginar los inquietantes sucesos que ocurren en su nueva casa con su vida social en el nuevo instituto, adaptación que se vuelve aún más complicada cuando se dan cuenta de que no hay nadie en Matheson que no sepa quiénes son los Locke. De hecho, tanto es el secretismo que guarda el pasado de su marido que Nina (Darby Stanchfield), la madre, comienza a descubrir historias que le sobrecogen de la misma manera que le producen curiosidad. «Yo hice “Locke & Key” para provocar el mismo sentimiento de apego y adicción que sentí al leer “Sandman”, de Neil Gaiman», dijo Hill cuando el proyecto estaba empezando a tomar forma, así como aseguró que «la serie mantiene esa esencia».

Durante los 10 capítulos de aproximadamente 50 minutos cada uno que componen la temporada, ya disponible en Netflix, se intercala un bufé libre de terror familiar, originalidad narrativa y llaves capaces incluso de abrir puertas al interior de uno mismo. La ficción consigue una adaptación de lo que parecía inadaptable hace diez años. Además, cuenta con una producción que ya es conocida en la plataforma: además del «showrunner» Carlton Cuse («Perdidos»), también han participado en el proyecto como productores y guionistas Aron Eli Coleite («Daybreak») y Meredith Averill, que ya mostró su capacidad de adaptar novelas con su trabajo en «La maldición de Hill House». Y, por supuesto Joe Hill quien, gracias a su talento y creación, es merecedor de no ser conocido simplemente como «el hijo de Stephen King».

Cómics atractivos pero difíciles de adaptar


Primero fue un capítulo piloto de Fox y, después, tres intentos de convertirlos en películas. El ritmo de los cómics de Joe Hill es tan complejo y perturbador que, a la vez que siempre ha sido atractivo para el mundo cinematográfico, nunca han prosperado sus intentos de adaptación. Hasta que llegó el imparable Netflix.