Pantallas

Carlo Padial, “Doctor Portuondo” y todo lo contrario

Filmin estrena, de la mano del realizador y escritor, su primera serie de producción propia sobre el baile adictivo de un joven neurótico con el psicoanálisis

"Doctor Portuondo", la primera serie original de producción propia de Filmin, ya está disponible al completo
"Doctor Portuondo", la primera serie original de producción propia de Filmin, ya está disponible al completo FOTO: FILMIN

Estamos hartos de oír hablar del «efecto mariposa». Ya saben, lo del aleteo del lepidóptero provocando un huracán en la otra punta del mundo. Y, lo peor, es que a veces es cierto. ¿Cómo se explica, si no, que las parrafadas de Carl Gustav Jung dieran con América Latina encontrándose a sí misma en la literatura? Según Jorge Luis Borges, uno de los padres del «realismo mágico», la lectura del también progenitor, en este caso del psicoanálisis, fue lo que le llevó a mezclar el costumbrismo con los fantasmas del pasado. ¿Podrían los estudios de Jung sobre el alma, los sueños y todo lo que queda fuera del campo científico, haber provocado también que el tejido audiovisual español del «streaming» sea autoconsciente?

Algo así es lo que se deduce del visionado de «Doctor Portuondo», la primera serie original de Filmin y una apuesta definitiva por la trascendencia autoral que marca el ritmo de la misma. Una vez más, diferenciándose de Netflix, Amazon y todos los vendedores al por mayor, la consulta digital del cine independiente da lugar a lo alternativo y pone la sesión de terapia en manos de Carlo Padial («Vosotros sois mi película», «Algo muy gordo»), que adapta su libro homónimo publicado en 2017 por Blackie Books, una especie de auto-ficción sobre su propia experiencia vital con el psicoanálisis.

Entre el riesgo y la impostura

Padial, que responde a LA RAZÓN por cuestionario en un rizo coyuntural propio del mismo Jung, ha creado con su “Doctor Portuondo” una serie que lucha consigo misma por contenerse: tal y como revela en la entrevista, el creador desea mantenerse ajeno a sus propias manías e intenta, capítulo a capítulo, que el relato sea exógeno a una experiencia que por manida en la ficción contemporánea es imposible separar del autor. El humor, siempre de cocción lenta en las producciones de Padial, aquí se vuelve mucho más explícito y, en cierta medida, también más accesible. Quizá también mejor, más preciso, más estrictamente cómico por reflexivo y más burdo, si fuera posible entender la palabra sin más connotaciones que las asertivas. Nacho Sánchez, extremadamente solvente como protagonista y extensión no ya de Padial o de Diego, si no del espectador mismo, es el gran acierto de un elenco en el que si bien se agradecen David Pareja o Elísabet Casanovas, no acaba de ser tan útil con los cameos de Berto Romero o Arturo Valls.

Entre el riesgo del montaje, ese que aguanta hasta el paroxismo pero siempre en una dirección voluntaria, y la impostura de quien se sabe con un miura peligroso delante que quiere cornear por ensimismamiento, “Doctor Portuondo” trasciende la condición de “café para muy cafeteros” del que nos advierte el trabajo previo de sus responsables y se entiende como una serie solvente, divertida y también cínica sobre la condición humana. Más allá de la telemetría de sus episodios, exquisitamente editorializados para rozar los 25 minutos, el gran triunfo de “Doctor Portuondo” es el quite que hace a la expiación, a esa manía persecutoria de condenación de pecados que va adjunta a la ficción española contemporánea y que aquí es puro divertimento. Al final, y desde diferentes puntos de vista, la serie es comedia, es drama, es parodia y es teatro, pero nunca es terapia de sus responsables, algo que como espectador se agradece enormemente.

Carlos de Diego (izquierda) y Carlo Padial, responsables del guion de "Doctor Portuondo" - EFE/Alejandro García.
Carlos de Diego (izquierda) y Carlo Padial, responsables del guion de "Doctor Portuondo" - EFE/Alejandro García. FOTO: Alejandro Garcia EFE

-Perdone la obviedad, pero, ¿cómo de complicado ha sido levantar el proyecto? ¿Se acerca usted a Filmin o ellos a usted?

-Es una propuesta de Filmin, y la Chica de la Curva. Desde el primer momento en que Alberto Aranda, uno de los productores, me llamó para preguntarme si estaría interesado en adaptar mi propio libro, Doctor Portuondo, este proyecto ha estado tocado de algo especial, que creo que no ha tenido ningún proyecto dirigido por mí antes. Todo ha sido muy difícil por un lado, y muy mágico por otro. Difícil, porque hemos hecho la serie durante una pandemia, porque teníamos que sacar adelante un proyecto con gran ambición con un presupuesto más pequeño que muchas de las series que vemos, pero lo que no hemos tenido de holgura presupuestaria, lo hemos tenido de libertad y de imaginación, y al final eso está en el proyecto, ya desde su concepción.

-¿Nota la responsabilidad de ser el primero en la producción propia de la plataforma?

-Por supuesto. Al final, Filmin para todos nosotros representa el cine independiente y de autor, los clásicos, etc. Es la plataforma que representa todo eso. Por lo que la presión de meterte en ese marco impone mucho. Y encima me han dado toda la libertad del mundo. He tenido tanta libertad que si a alguien no le gusta la serie es culpa mía y de Carlos de Diego, pero sobre todo mía.

-Hábleme del libro. ¿De dónde nace la idea de poner negro sobre blanco su experiencia? En ese juego entre ficción y realidad, ¿se puede perder uno en algún momento?

-Esta es una serie sobre dos cabezas encerradas en un único espacio: la de un doctor y su neurótico paciente. Y la consulta donde se encuentran. Creo que no es importante si esto me pasó a mí o no. Evidentemente, el doctor Portuondo fue una persona real y yo hice psicoanálisis con él. Pero en este punto ya para mí existe Portuondo como un personaje literario, también como alguien que conocí de verdad, y ahora como un personaje de ficción televisiva. Y como personaje de ficción televisiva la verdad es que me parece irresistible. Creo que Jorge Perugorria ha creado un personaje absolutamente inolvidable, que no tiene nada que envidiar a tantos de esos personajes míticos de las series de televisión, es asombroso, Portuondo existe, y es un regalo haber podido dirigir: un detective del inconsciente, alguien que investiga a sus pacientes, para concluir que el culpable siempre eres tú, siempre somos nosotros. Para mí ese personaje y esa idea está por encima del material de origen. Al final, busco en mi vida situaciones que me diviertan para crear comedias. Pero no me parece tan relevante el aspecto autobiográfico de ello. En 2021, en mayor o menor medida todo parte de esta cultura del Yo, no tenemos mucho más como creadores.

-Y hablando de pérdida, ¿qué se pierde en la traslación del lenguaje literario al cinematográfico? O al del contenido seriado, si prefiere llamarlo así.

-Bueno, no se pierde nada. Son dos medios con sus propias reglas. Si es cierto que me preocupó mucho visualizar cómo debía llevarse a cabo una adaptación, cómo estar a la altura de lo que se cuenta el libro. Porque a veces ves adaptaciones en las que la potencia narrativa del libro se pierde por el camino. Y aquí había que crear algo que estuviera a la altura. Para ello, hemos optado por no tenerle demasiado respeto a esa losa literaria: en la serie tanto Carlos de Diego como yo hemos metido todo lo que nos gusta, o muchas de las cosas que nos gustan: la serie tiene algo de pequeñas obras de teatro psicológicas, como las de nuestros adorados Eugene O’Neill y August Strindberg, tiene algo del teatro del absurdo, y de Arrabal, sobre todo en los bailes dialécticos en los que se enzarzan los personajes.

Creo que la necesidad de producción de condensar la serie a un número limitado de escenarios nos ha jugado a favor, también: al final la consulta y el piso del paciente son espacios totalmente mentales, cambiantes, un poco angustiosos, que se repiten obsesivamente como en una sitcom, y ese diálogo con las sitcoms me gusta mucho. Siempre me han encantado las obras, las novelas y las películas que pasan en un lugar cerrado en el que los personajes se tiran los trastos a la cabeza, y en los que aparece lo que Strindberg llamaba “la lucha de cerebros”, “el vampirismo psicológico”, “las relaciones de esclavitud” que se establecen entre personas cuando hay ciertos vínculos, y eso es lo que explora la serie. Para mi la serie tiene muchísimo humor, pero es un humor muy esquinado, y un tanto retorcido, una sátira sorda, un tanto surreal, pero un surrealismo normalizado, no hay demasiadas imágenes oníricas, pero si hay una especie de surrealismo de lo cotidiano. Una mirada expresionista sobre lo más cotidiano.

-Cuando asistimos al rodaje, se hacía obvio el parecido entre Nacho Sánchez y usted. ¿Cómo era de importante dar con el protagonista adecuado en lo físico? ¿Se hizo difícil?

-Bueno, básicamente lo que buscábamos era un gran actor. Lo del parecido era secundario. Fue algo que surgió en el proceso de ensayos, Nacho quiso tomar algunas cosas de mí, algunas manías, mi manera de vestir, me pareció bien. Pero podríamos haber optado por todo lo contrario y no hubiera cambiado nada. Lo importante para mí era lo que representaba el paciente, es casi un arquetipo generacional, una persona llena de dudas, y de pequeños miedos, el deseo de ser alguien especial, y el ser tan auto consciente.

En la serie la mirada del paciente sobre el exterior es totalmente surreal, mira por encima del hombro o detrás suyo todo el tiempo, ese es un detalle maravilloso muy presente en la interpretación de Nacho Sánchez. Lo que hace Nacho en esta serie es un prodigio, es el mejor actor joven español que conozco, y me siento muy privilegiado de haber podido hacer esto con él.

-¿Y respecto a Jorge Perugorría? Su último trabajo en nuestro país fue en una película de animación, poniendo su voz, hace más de tres años. No parece una elección obvia, sino algo muy meditado…

-Con Jorge Perugorría sí que no había alternativa, tenía que ser él. Por suerte aceptó. No contemplaba otra opción. Él es el doctor Portuondo, y eso fue lo que le dije, cuando le llamé a Cuba. Por suerte su respuesta fue: Efectivamente, yo soy el doctor Portuondo. Como te decía, lo que hace Perugorría en esta serie es extraordinario, crea un personaje que tiene algo de clásico, es una figura reconocible al momento. Jorge es un gran actor, ha sido asombroso poder rodar con él. Me ha enseñado muchísimo. Sobre el poder y la importancia que tienen los grandes actores, y cómo cambia trabajar con ellos. Sobre todo para alguien como yo que muchas veces empleo actores no profesionales, o cómicos con poca experiencia en cine.

Jorge Perugorría y Nacho Sánchez protagonizan "Doctor Portuondo", ya disponible en Filmin
Jorge Perugorría y Nacho Sánchez protagonizan "Doctor Portuondo", ya disponible en Filmin FOTO: La Razón (Custom Credit)

-La ficción ha abordado en muchas ocasiones el psicoanálisis. Cuando los referentes son claros y viven todavía en la memoria colectiva del espectador, ¿uno huye de ellos como creador o al contrario, se apoya en ellos para crear?

-Bueno, en Doctor Portuondo mis influencias han sido más bien todos aquellos directores que hacen comedias a su manera, sin importar el matiz del psicoanálisis. Mis influencias en esta serie son muy diversas: Todd Solondz, Albert Brooks, Louis Malle, Miranda July, Claudia Weill, o Lukas Moodysson, son todo gente con mucho sentido del humor, pero un sentido del humor roto, torcido, y muy personal, eso es lo que me gusta del cine o de la literatura, encontrar a gente que lo que hace les pertenece solo a ellos, no me interesa la gente que no tiene una voz única, lo detecto enseguida. La mayoría de gente cuando escribe o hace una película básicamente quiere encajar en la industria, o en un discurso generacional, en una ideología, pero para mí en el momento en que haces eso pierdes el interés. Si puedo detectar tu agenda o dónde quieres encajar no me interesas. En cambio la gente que me gusta, como la que te he citado, siempre me descuadra, en un primer momento, no sabes donde meterla, no sabe muy bien que te quieren contar, esa es la gente que me gusta. Recuerdo la sensación que me produjo de desconcierto el cine de Joaquim Jordà, o de John Cassavetes, eso es lo que me gusta, la valentía de atreverse a escribir o filmar acorde a tus humores internos, sin miedo a no encajar. El resto lo respeto pero me da un poco igual, y a medida que me hago mayor cada vez me importa más solo eso. Solo quiero ver a gente que se atreve a ser ella misma, sin miedo a ser expulsada por el mercado.

-El libro vio la luz en un momento en el que apenas se hablaba de salud mental en los medios, por ejemplo. Y la serie se estrenará cuando ya existen hasta cabinas de psicólogo rápido en ciudades como Madrid. ¿Qué ha cambiado? ¿Cree que ello afecta a nuestra percepción de la historia, que quizá estemos más preparados ahora para una narración como la suya?

-Puede ser, está claro que llega en un momento en el que la salud mental es un tema de debate nacional e internacional. Estamos en un momento en el que todo el mundo que conozco está en terapia, o la necesita, la gente está fatal. En ese contexto, en el que tiene mucho que ver la pandemia, el enfado, la sensación de crisis permanente, el doctor Portuondo y su consulta es como un bálsamo, una serie en la que puedes aprender, y reírte. No se puede pedir más. Es una serie ideal para este momento. La salud mental va a ser el gran tema de los próximos años, tanto como la emergencia climática, o la crisis financiera. Y esta serie habla de eso. ¿Qué es ser una persona sana? Según el psicoanálisis, una persona sana es aquella que es capaz de contar su historia. Pero la serie demuestra que eso no es tan fácil como parece. Todo lo que se cuenta está bajo sospecha, al menos eso es lo que queda tras verla.

-Su personaje, neurótico, se acaba encerrando sobre sí mismo y su mitomanía. Quizá es autoindulgente. Me va a perdonar de nuevo la falta de originalidad, pero me parece importante. ¿Usted aborda la escritura desde la empatía de alguien que ya ha superado problemas parecidos o más desde la autoficción, como parte misma del proceso de aprendizaje y/o “curación”?

-Como te decía, extraigo situaciones de mi vida que me parece que pueden ser un material interesante para mis películas o libros. No tengo nada más. No me gusta viajar. Para mí no es tan importante que el material de base este inspirado en cosas vividas por mí, sino en lo que puedo extraer de ello, yo me baso en lo que veo a mi alrededor para extraer escenas o situaciones que creo que significan algo. Y es lo que hacen la mayoría de artistas relevantes del siglo XXI, comicos, raperos, que hacen sino? Toman su vida como punto de partida. Es la cultura en la que vivimos.

-Decía usted en una entrevista para EFE, cuando salió el libro, que pretendía con él “ampliar lo que entendemos por comedia”. Después de su publicación, y de aventuras como “Algo muy gordo” o “Vosotros sois mi película”, ¿se da por satisfecho?

-Bueno, todo lo que hago es parte de un proceso, de una trayectoria, pero esa es la idea, que a medida que voy sumando proyectos veas a alguien que contribuye a ampliar lo que se puede entender por comedia. Ya sea en cine, en TV, o en literatura. También en los vídeos que hago para Internet, como “Go Ibiza Go” o “Quiero ser negro”. No sé... Mis primeras películas e incluso mi primer libro, tienen esta vocación más subversiva casi a nivel formal, había un gran deseo de ruptura, una ruptura satírica con loe establecido, mientras que la serie doctor Portuondo es más clásica, es una comedia psicológica bastante clásica, casi parecen seis pequeñas obras de teatro con elementos absurdos, y arranques emotivos, iracundos. Al final, hay bastantes cosas que me gustaría poder hacer, y “Doctor Portuondo” supone un aspecto más de ese proceso.

-¿Qué entendería usted por éxito con la serie de “Doctor Portuondo”? ¿Cifras, una renovación o una resonancia crítica? O se lo pregunto de otra manera, ¿se puede maridar el concepto de autor con el de persona de la industria audiovisual que intenta vivir lo más dignamente posible en la España de 2021?

-Bueno, yo tengo mucha suerte. Hace ya bastante tiempo que vivo de lo que hago y apenas hago concesiones, de hecho hago bastante lo que me da la gana. Soy muy libre, en ese sentido. La mayoría de mis proyectos responden a inquietudes muy personales, a estados de ánimo muy míos, y es una suerte que desde hace ya bastante tiempo me permitan vivir de ello. Para mí eso es el éxito: poder vivir persiguiendo tus intereses, poder dedicarle tiempo a las cosas que de verdad te emocionan, o que para ti valen la pena.