Tribuna

Alimentación y ejercicio frente a la diabetes

Los productos dietéticos reducidos en azúcar no son siempre los más indicados

El ejercicio ayuda al control glucémico en pacientes con la enfermedad ya establecida
El ejercicio ayuda al control glucémico en pacientes con la enfermedad ya establecida DREAMSTIME

La diabetes mellitus es un trastorno endocrinometabólico crónico. Afecta a millones de personas en todo el mundo. Su dimensión es tal que, sumando todas sus variantes, se estimaba que en 2019 unos 453 millones de personas la padecían y la tendencia indica que en las próximas décadas su prevalencia superará el 10% de la población mundial.

Eso sí, es notorio que el crecimiento de esta patología sea mayor en los países subdesarrollados o en vías de desarrollo que en aquellos del llamado primer mundo.

La enfermedad se caracteriza por una elevación en los valores de glucosa en sangre y tiene dos tipos principales: la tipo I en la que el páncreas deja de secretar insulina, la hormona encargada de dar la señal de retirar la glucosa de la sangre y llevarla a los tejidos y al cerebro, y la tipo II en la que los tejidos se hacen resistentes a la insulina a pesar de la señal enviada.

La primera suele hacer su aparición durante la infancia o la adolescencia y su tratamiento farmacológico consiste en la administración de forma exógena de insulina. Por su parte, la tipo II suele aparecer en la edad adulta y tanto la edad como los estilos de vida son factores de riesgo, aunque se sabe que tiene un importante componente genético.

Pero, además de estos dos tipos principales, existen otras variantes como la diabetes gestacional, que cursa con una elevación de la glucosa en el embarazo y que, bien controlada, se resuelve tras el mismo.

Los síntomas clásicos de la diabetes incluyen una necesidad imperiosa de beber (polidipsia), ganas de orinar más de lo normal (poliuria), necesidad de comer (polifagia), pérdida de peso innecesaria, cansancio generalizado y visión borrosa.

No obstante, no todas las personas los presentan y durante mucho tiempo pueden convivir con valores elevados de glucosa hasta que la patología es detectada en un control de salud.

Estos altos valores de glucosa en sangre, sostenidos en el tiempo, pueden producir complicaciones como neuropatías periféricas, dificultad para curar úlceras y heridas, problemas de visión e incluso disfunción eréctil.

Es por ello, que hacer controles periódicos en población de riesgo (personas con antecedentes familiares de diabetes mellitus o personas con sobrepeso) es clave para una detección precoz, tanto de los casos de diabetes como de los de prediabetes.

En tiempos pasados el tratamiento higiénico-dietético de la diabetes se basaba en la limitación exhaustiva del consumo de hidratos de carbono, la alimentación con alimentos ricos en proteínas y vegetales y la eliminación casi total del pan, la pasta, el arroz, las legumbres y la fruta, entre otros. Esta restricción alimentaria era muy limitante a la hora de realizar dietas variadas y equilibradas. Y, por otra parte, los conocimientos sobre la importancia del ejercicio físico eran escasos tanto para el caso de la diabetes tipo I como para la tipo II, llegando a limitar o incluso a restringir su práctica.

Actualmente, el abordaje de la diabetes I y II es más aperturista, con recomendaciones de consumo de cereales integrales, incluyendo el pan, y tubérculos, además de legumbres y frutas. Ahora se intenta no prohibir alimentos.

Las nuevas tendencias, además, consideran importante el consumo de frutas enteras, evitando el abuso de zumos, fundamentalmente aquellos a los que se les han añadido azúcares. Con respecto a las proteínas, aunque la carne y el pescado pueden ser una buena fuente, se debe evitar su consumo si son procesados, así como los embutidos grasos. Y las anteriormente denostadas grasas vegetales han recobrado fuerza en forma de alimentos como el aguacate o ingredientes culinarios como el aceite de oliva. Los productos dietéticos reducidos en azúcar no son siempre indicados y el consumo de bebidas azucaradas debería limitarse lo máximo posible.

El ejercicio físico se ha erigido en los últimos años como un pilar fundamental de la prevención de la diabetes mellitus de tipo II. Su efecto de control de la glucemia y el mantenimiento de la masa muscular ha sido demostrado en numerosos estudios sobre varios grupos etarios, y además se ha visto que ayuda al control glucémico en pacientes de diabetes mellitus con la enfermedad ya establecida.

Existe una estrecha relación entre los estilos de vida y la diabetes mellitus y un adecuado control puede ser fundamental en la prevención de la enfermedad, así como para el tratamiento de personas que la tienen ya instaurada, porque un correcto abordaje puede retrasar o evitar la aparición de complicaciones y hacer que esta patología quede reducida a una enfermedad crónica.

Un adecuado estilo de vida no solo aumenta en gran medida la calidad de vida de los pacientes, sino que además ayuda a disminuir los costos sanitarios derivados de la enfermedad. Por ello la integración de dietistas-nutricionistas y educadores físicos en las unidades de prevención y tratamiento de la diabetes debería jugar un papel fundamental en el abordaje de esta patología en los años venideros.

Anxo Carreira es nutricionista y profesor de la Universidad Carlemany, en Andorra