Alcásser: La muerte como espectaculo

Netflix estrena hoy una serie documental sobre la desaparición y el asesinato de Miriam, Toñi y Desirée, en 1992, que sacudió al país

  • Expediente de Miguel Ricart, el único que fue juzgado y condenado por los asesinatos tras la fuga de Antonio Anglés
    Expediente de Miguel Ricart, el único que fue juzgado y condenado por los asesinatos tras la fuga de Antonio Anglés

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14 de junio de 2019. 10:08h

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Cecilia García 14/6/2019

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La producción de Bambú para Netflix es un puñetazo en el estómago del espectador al que le sigue un gancho certero en el mentón hasta dejarle sonado. No puede ser menos, porque todo lo que ocurrió durante los 75 días que pasaron desde la desaparición, el 13 de noviembre de 1992, de Miriam, Toñi y Desirée, hasta que encontraron sus cadáveres, el 27 de enero de 1993, y el posterior juicio nos retrata como sociedad. En «El caso Alcàsser» estremece ver y oír a Fernando García, el padre de Miriam y la persona más mediática, admitir cómo creaba, cual campaña de marketing, noticias para que los periodistas no se olvidaran de las adolescentes mientras se las buscaba. Sobrecoge escuchar a Paco Lobatón, que en aquel momento presentaba «Quién sabe dónde», afirmar: «Quizá no tendríamos que haber entrevistado a las abuelas».

Sin embargo, lo que más perturba es ver algunas imágenes del especial del programa «De tú a tú», conducido por Nieves Herrero, en el que preguntaba a los padres, a las autoridades y a los amigos de las niñas cuestiones que aún hoy en día ponen los pelos de punta. «El 28 de enero Alcàsser se convirtió en un gran plató de televisión. Nunca se había reunido en directo a las familias de las víctimas solo 24 horas después de que apareciesen los cadáveres y, claro, no había una pregunta buena, todas eran malas. Si observas la emisión de los especiales notas como los que estaban delante de las cámaras ya intuían que algo estaba yendo mal... Se produjo la tormenta perfecta», dice el productor Ramón Campos. El director, Elías León, añade: «Fue el primer ''ring'' en la batalla de las audiencias entre la cadena pública y las privadas y el comienzo de los juicios paralelos. Eso explica los excesos que se cometieron».

Huir del sensacionalismo

Tras «Lo que la verdad esconde: caso Asunta», Campos y León se quedaron con ganas de más y, por su repercusión, Alcàsser era el objetivo. Durante un año y medio han entrevistado a 160 personas y se ha grabado a 58. Para tender puentes con las tres familias de las víctimas. Campos se comprometió a que «no habría dramatizaciones sobre lo que les ocurrió a las chicas ni se mostrarían imágenes de sus cuerpos». León dice que lo que sucedió en Alcàsser es una «herida abierta para los vecinos. Había posturas divididas: algunos no querían hablar y otros sí para que el pueblo deje de estar estigmatizado».

La estructura de «El caso Alcàsser» se ha dividido en cinco episodios: el primero está dedicado a la desaparición y el asesinato; el segundo, a la instrucción; las teorías conspirativas se abordan en el tercero; en el cuarto, la crónica del juicio, y finaliza con el legado. Las elucubraciones sobre cómo y por qué habían secuestrado y asesinado a las niñas fueron favorecidas, según Campos, «por la opacidad. Si le ocultas datos a la opinión pública estás abonando el terreno para que la gente saque sus conclusiones». Entre los testimonios recogidos no está el de Miguel Ricart, el único que fue declarado culpable tras la fuga de Antonio Anglés. «Si lo hubiésemos encontrado por supuesto que le habríamos hecho una entrevista de unas siete horas con la ayuda de un psiquiatra para intentar filtrar las patrañas que nos pudiese decir».

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