Una joya oculta: las capitales más impresionantes de Europa del Este

El este europeo abrió sus puertas al turismo tras la caída de Muro de Berlín, y no ha dejado de recibir visitantes desde entonces . Esta es una pequeña guía de cuatro capitales llenas de encanto, historia y luz.

Vistas de Buda desde el Monumento a la Libertad.
Vistas de Buda desde el Monumento a la Libertad.Ignacio Garicano (nombre del dueño)

1. Praga

La capital de República Checa, conocida como La ciudad de las mil torres, ha sido víctima de cruentas guerras a lo largo de su rica historia, aunque consiguió escapar a duras penas de la destrucción en la Segunda Guerra Mundial. Por eso todavía pueden visitarse muestras de arquitectura gótica, tan gloriosas como el puente de Carlos y la Catedral de San Vito, o detallados edificios barrocos, entre los que destacan las iglesias de Loreta y San Nicolás.

Cada esquina de esta ciudad supura trazas de historia. No en vano fue la ciudad de literatos como Kafka y Milan Kundera, fuente de inspiración constante callejeando por sus barrios. Los barrios de Praga son algo así como los canales de Venecia: son los huesos que aguantan la ciudad, huesos llenos de color y variedad. El barrio de Nové Město es perfecto para alojarnos y pasear a las orillas del río Moldava; la provocadora proximidad los barrios de Vinohrady y Žižkov, los distritos burgués y obrero por excelencia, respectivamente, permiten apreciar las diferencias y semejanzas entre la Praga sofisticada e industrial; el barrio de Malá Strana es simple color arrollador, hogar de iglesias, museos y los mejores restaurantes.

Praga también es la ciudad de las luces.
Praga también es la ciudad de las luces.

Como el resto de las capitales en el este europeo, la vida nocturna de Praga es un estallido perpetuo de música y algarabía. Unas primeras cervezas en la Plaza de la Ciudad Vieja, ensombrecidos por la torre del Ayuntamiento viejo, marcan el inicio de una divertida noche. Karlovy Lazne, una impresionante discoteca de cinco pisos, es el lugar ideal para terminarla. Praga es la reina de la música, la ciudad de las cien agujas, hogar de artistas y grandes pensadores europeos. Nos abre las puertas y nos entrega música, artistas y cien agujas para coser el recuerdo.

2. Budapest

Las dos ciudades que conforman una sola, la capital gloriosa del viejo Imperio Húngaro y ahora de la renaciente república de Hungría. Porque esta no es una sola ciudad sino dos, Buda y Pest, que unidas y convertidas en dos grandes distritos dan lugar a la capital más bipolar del este europeo. Una escapada a lo alto de la colina Gellért, en el Monumento a la Libertad, permite al visitante una vista panorámica de la ciudad antes de zambullirse en sus calles de piedra blanca. Los romanos, mongoles, hunos, turcos y soviéticos son algunos de los imperios que lucharon por controlar esta preciosa ciudad a las orillas del Danubio, desde que apenas consistía en un poblado de chozas hasta bien entrado el Imperio Húngaro.

Vistas desde el Danubio del Parlamento de Budapest.
Vistas desde el Danubio del Parlamento de Budapest.Ignacio Garicano (nombre del dueño)

Y no es para menos. El distrito del castillo, también polarizado en dos zonas diferentes, la Ciudad Vieja y el Palacio Real, alberga edificios llenos de color y cuidadosamente ornamentados, una delicia para la vista de cualquier amante de la arquitectura. En el interior de la ciudad, el 5º distrito (Belvarós) esconde desde finales del siglo XIX muestras exquisitas de edificios neoclásicos, piedra blanca, recta, estirada, mirando impasible el paso de los turistas y las revoluciones. Cerca se encuentra el impresionante Parlamento Húngaro, oro puro para los ojos. Para los amantes de la cultura y el buen comer también hay un espacio suculento en Óbuda, la parte más antigua de la ciudad. Aquí están los hallazgos de las ruinas romanas de Aquincum y el otro lado de la moneda, el museo de arte contemporáneo de Vasarely.

Extraña ciudad, Budapest, extendiéndose como un yin yang eterno, mostrando al visitante las dos caras de cada moneda. Lo mismo ocurre con la vida nocturna: igual que vistamos el Szimpla Kert, uno de sus famosos bares de ruina, es agradable dar un paseo por las orillas del Danubio disfrutando de la ciudad iluminada.

3. Bucarest

Parlamento de Bucarest.
Parlamento de Bucarest.pixabay (nombre del dueño)

Rumanía nació para convertirse en un territorio de leyendas oscuras, y es conocida la que habla del famoso Vlad el Empalador, también conocido como el terrorífico Conde Drácula. Rumanía, los frondosos bosques del Cárpatos, son magia y mito. Su capital, como no, son magia y mito llevados al extremo de las grandes ciudades, un destino ideal para el viajero de las historias oscuras antes de adentrarse en los bosques de Transilvania.

Un primer paseo por el museo etnográfico de Satului permite comprender más hondamente la cultura rumana, desde el medievo hasta bien entrado el siglo XIX, su arquitectura gótica y posteriores etapas neoclásicas. Y hablando de neoclasicismo, el Ateneo y su Arco del Triunfo son perfectos ejemplos prácticos, muy cercanos a las fuentes del Parque Cişmigiu, para profundizar en materia. Pero si algo destaca en esta ciudad es el Parlamento construido durante la era soviética. Este colosal edificio compite con el Pentágono y el Taj Mahal en cuanto a tamaño, y sus grandes bloques de mármol son una muestra más de la fuerza bruta que ostentaba la URSS.

En Bucarest se encuentran algunos de los parques más bonitos de Europa.
En Bucarest se encuentran algunos de los parques más bonitos de Europa.

No faltan sitios de fiesta en la capital rumana, pese a la niebla, donde pasar noches inolvidables para llevar al recuerdo. Los locales son gente abierta y divertida, incluso picante, la entrada a cualquier local bastante barata y, por encima de todo, Rumanía es hogar de algunos de los mejores vinos blancos del mundo. De aquí viene el dicho: una copa para la salud, dos para el placer y tres para conseguir un buen descanso. Cuatro le ponen a uno triste y más... ¡le vuelven loco!

4. Sofía

La frontera entre Oriente y Occidente, tras la caída de Constantinopla, fue la histórica ciudad de Sofía, capital de Bulgaria. Zares, sultanes otomanos, mongoles, incluso el propio Alejandro Magno cuando no era más que cuatro casas, han combatido por gobernar esta estratégica ciudad. Como ocurrió con Budapest, en este caso comprendemos las ansias de grandeza de estos líderes. ¿Quién no disfrutaría de un paseo por las montañas de Vitosha, justo antes de lanzarse a la conquista final? ¿Cómo no sentirnos pequeños, tan necesario hoy en día, ante la grandeza de la Catedral de Alejandro Nevski?

¿Cómo no sentirnos pequeños, tan necesario hoy en día, ante la grandeza de la Catedral de Alejandro Nevski?
¿Cómo no sentirnos pequeños, tan necesario hoy en día, ante la grandeza de la Catedral de Alejandro Nevski?

Un recorrido a vista de pájaro permite entender la fusión de las dos culturas, la musulmana y cristiana, sobrevolando la mezquita Banya Bashi y las ruinas de la iglesia de Sveti Georgi. ¿No es hermoso encontrar pequeñas esquinas del mundo donde se convive en armonía? La ciudad entera desprende los días soleados una hermosa sensación de júbilo. Libres después de tantos años del yugo comunista, las sangrientas guerras mundiales y la amenaza otomana, abren al mundo las puertas de su historia. Para descubrirla, qué mejor lugar que el Museo de Historia Nacional, situado a 7 km de la capital.

La vida nocturna, especialmente divertida para los jóvenes, no se diferencia demasiado del resto de capitales del este. Multitud de discotecas y bares a bajo precio colorean la ciudad de luces durante las horas nocturnas, con locales abiertos desde que el sol se esconde hasta que se vuelva a esconder. Aquí se encuentran 24 horas de diversión sin fin, especialmente en las zonas de Bulevard Vitosha y Ulitsa Rakovski.