Iñaki Alegría: “cada año nos azotan epidemias de bronquiolitis y neumonías en la época de lluvias”

El doctor Iñaki Alegría nos cuenta sus experiencias en el Hospital de Gambo

El doctor Iñaki Alegría con unos niños del Hospital de Gambo.
El doctor Iñaki Alegría con unos niños del Hospital de Gambo. FOTO: Iñaki Alegría

Cuando hablamos de viajar solemos rememorar destinos exóticos, fantásticas aventuras, hoteles de lujo y paseos en piragua. No llega a ocurrírsenos que viajar también puede suponer el esqueleto que sujeta el cuerpo de nuestra vida, y que personas como el doctor Iñaki Alegría (director médico del Hospital de Gambo) son los viajeros más codiciados de todos. Por eso, desde LA RAZÓN hemos querido homenajear a Iñaki y tantos otros viajeros que identifican viajar con ayudar, crear, hacer del mundo uno mejor e iluminar territorios aparentemente oscuros que, a poco que escarbemos, brillan con una gama de colores extraordinaria. El suyo es uno de los sentidos más bellos que podemos encontrar en un viaje.

- ¿Cuándo fuiste por primera vez a Etiopía?

En agosto de 2012, con 27 años. Había acabado hace cuatro años los estudios de medicina en la Universidad de Barcelona y estaba realizando la especialización en pediatría en el Hospital General de Granollers, cuando pisé por primera vez la tierra roja de Gambo que cambió por completo el rumbo de mi vida. Lo que tenían que ser cuatro meses de prácticas en el departamento de pediatría se convirtieron en una mudanza de mi hogar de Barcelona al pueblo etíope, con el fin de conseguir lo que parecía imposible: evitar el cierre del Hospital de Gambo para seguir siendo la única atención sanitaria en la humilde población rural del sur del país. Empecé como voluntario trabajando en el departamento de pediatría, y sin creerlo ni esperarlo el pueblo me acabó proclamando director médico del hospital.

Todavía recuerdo el día que llegué a Gambo. Un escalofrío de alegría recorre mi cuerpo cada vez que lo pienso. Me emociono al leer las primeras palabras que encabezan el diario de mi vida en Etiopía, escritas hace ya más de siete años y que recuerdo con claridad como si fuese ayer:

“Gambo tiene alma propia. Es una experiencia increíble en todos los sentidos y aspectos de la vida: médica, personal, humana y espiritual. Sobrecogedora. Deslumbrante. Alumbrante. Impactante. Inolvidable. Vinculante. Excepcional. Donde comparten cama la vida y la muerte.”

- ¿Cómo fueron esos primeros días en Gambo?

Los primeros días no podía dormir, cerraba los ojos y veía el sufrimiento de Ruziya, Abdulakim…

“Una vez has puesto nombre propio a los niños y niñas que mueren de hambre no puedes permanecer indiferente”, anoté en un trozo de papel una de las tantas noches en vela en las que no podía conciliar el sueño. Escribía en las noches de insomnio en una libreta a la luz de una pequeña vela. No teníamos luz en muchas ocasiones. Escribía para expresar mi angustia, para liberarme de ella. El papel era y todavía es la voz de mi alma, un compañero que nunca falla ni me abandona.

Estos escritos terapéuticos los publicaba en el blog que creé para la ocasión: Cooperación con Alegría (www.cooperacioambalegria.co ). Hoy en día sigo escribiendo, lo sigo necesitando, no me puedo acostumbrar al sufrimiento ajeno. No quiero acostumbrarme. Superé el sufrimiento gracias a una excelente acogida en Gambo, al apoyo de la gente de allí, a su amistad. Les estoy agradecido de manera infinita. Sin ellos no hubiese sido posible. No sabes por qué, pero hay lugares que te llegan al alma y llenan tu vida para siempre. Etiopía es ese lugar para mí.

Iñaki Alegría junto con el equipo del Hospital de Gambo.
Iñaki Alegría junto con el equipo del Hospital de Gambo. FOTO: Iñaki Alegría

- ¿Cuáles eran tus expectativas al partir?

Aprender, conocer y una medicina con menos recursos. Tenía una imagen preconcebida de Etiopía, y en ocasiones creemos que esa primera imagen corresponde a toda la realidad. Pensaba que Etiopía era un paisaje desértico, poblados de adobe y paja, niños con desnutrición… Conflictos, miseria, pobreza…

- ¿Y se cumplieron las expectativas? ¿Qué no te esperabas?

Se cumplieron con creces. Descubrí una Etiopía de la que no me habían hablado. No todo es miseria, pobreza y conflictos. Existen, pero no es toda la verdad, es tan solo una parte, la más negativa. Hay otra Etiopía que es igual de cierta. Entendí que la pobreza no estaba en África sino en mi mirada hacia ella. Entendí también que los estereotipos sirven para separarnos y dividirnos. Que vivimos en un mundo lleno de fronteras en forma de vallas o mares, pero que la frontera más peligrosa somos nosotros mismos, son nuestros prejuicios. Etiopía es lo bueno y lo malo, como cualquier país. Invito a todos a mirar a Etiopía no solo como un país vulnerable y receptor de ayuda.

- Explícame Etiopía con una palabra

Única.

- ¿Cómo vive el día a día un español que trabaja de médico en un hospital africano?

Cada día es una emergencia continua. En el Hospital Rural de Gambo estoy viviendo una emergencia continua. El miedo se ha convertido en pandemia, matando de olvido las epidemias que son ahora más letales que nunca. Ahora no estoy viviendo mi primer estado de alarma ni tampoco mi primer hospital de campaña. No es la primera vez que se aparece la muerte ante mis ojos ni que afronto un sistema sanitario colapsado. Aun así, no me acostumbro a ver morir y no quiero acostumbrarme a la injusticia. No quiero ser cómplice, no quiero callar. Trabajo en un hospital que se reinventa a diario. Hace apenas un par de meses, una epidemia de sarampión con más de 100 ingresos diarios nos obligó a triplicar la capacidad de trabajo.

Cada año nos azotan epidemias de bronquiolitis y neumonías en la época de lluvias, dando paso en la estación seca a las enfermedades más mortíferas como el sarampión y la desnutrición, que se ceban con la infancia más vulnerable. Estoy en primera línea, en el Hospital Rural de Gambo que ahora combate la pandemia de coronavirus entre epidemias de sarampión, meningitis, cólera, tuberculosis y hambrunas… todo ello cubierto por el más peligroso silencio que azota el cuerno de África, al sur de Etiopía: el de la indiferencia humana.

Trabajo más allá de mis posibilidades, no desde hace un día ni una semana ni un mes ni un año, sino desde siempre. Esto se convierte en una normalidad que lo silencia todo. Cuando la emergencia es continua, deja de ser noticia. Multiplicamos las camas no por arte de magia sino a través del esfuerzo y sacrificio. La normalidad es que no hay normalidad. Cada día es diferente… una sorpresa. Estamos atendiendo más de 300 urgencias de sol a sol hasta que el cielo se derrumba. Y aun sin luz la actividad sigue.

- Cuando hablamos de Etiopía, ¿hablamos de África o hablamos de Etiopía?

Se tiende a generalizar. Etiopía es un país de África, no se puede generalizar a todo un continente. Y Etiopía, el segundo país más poblado de todo el continente, también es demasiado extenso y diverso en realidades como para poder generalizar. Es un país con más de 100 millones de habitantes, en el que se hablan más de 80 lenguas… en realidad, desde mi punto de vista, esta entrevista debería tratar sobre un pequeño pueblo al sur de Etiopía, que tampoco es la realidad, sino que es mi percepción e interpretación subjetiva.

- ¿Qué tiene España que no tiene Etiopía?

Sanidad Universal, mayor cobertura sanitaria, acceso al sistema sanitario, educación. Acceso a vacunas, y no solo la de covid-19, que también. Etiopía tiene una elevada mortalidad por enfermedades evitables como sarampión, meningitis, neumonía que se podrían evitar con una vacuna que para España existe y a Etiopía no llega a toda la población. En España asociamos embarazo y nacimiento como sinónimos de alegría, vida y esperanza. Nacer debería ser un gozo que no siempre es. Nacer sin vida, cuando se conoce la causa evitable, debería ser una injusticia a voz alzada y no un silencio que espanta. Según datos de la Organización Mundial de la Salud, cerca del 99% de las causas de mortalidad materna son evitables. La covid-19 ha provocado un aumento de la mortalidad materna y neonatal junto con el mutismo que la envuelve. Detrás del auge mediático de la pandemia, las otras causas de mortalidad mueren por falta de datos y se alimentan de esta para seguir creciendo. El coronavirus mata antes de nacer.

Nacer en Etiopía sigue siendo un desafío, pero debemos trabajar para que nacer en tiempos de covid-19 no lo empeore todavía más. Sobrevivir es un desafío desde las primeras horas. Los centros de salud han cerrado. El trabajo en Gambo consiste en mantener la actividad asistencial y evitar que el coronavirus nos obligue a parar algún servicio. Estamos dedicándonos a reforzar el programa de seguimiento del embarazo, los partos y el seguimiento post natal debido a que los centros de salud de la zona han cerrado y estamos asumiendo su trabajo. Esto requiere de un trabajo activo y de realizar incursiones en las comunidades para informar a las personas que tienen que acudir al hospital, ya que algunas evitan los desplazamientos por miedo.

FOTO: Iñaki Alegría

- ¿Qué tiene Etiopía que no tiene España?

El origen de la humanidad, una riqueza lingüística con más de ochenta lenguas, la depresión del Danakil donde se encuentra el punto más bajo de la tierra, patrimonios de la humanidad como las iglesias excavadas en la roca de Lalibela, formaciones geológicas únicas como el valle del Rift y podría seguir, aunque sobre todo quiero destacar unos habitantes que te acogen y que hacen que Etiopía se convierta en tu hogar.

Si estoy en Etiopía, si sigo adelante con los proyectos en Etiopía es porque cuento con un equipo excepcional de etíopes en los que confío.

- Cuéntame una anécdota de allí que me haga sonreír (o quizá llorar)

Momentos para reír hay muchos y para llorar también. En realidad, en Gambo pasas de la carcajada al llanto en cuestión de segundos. Y un mismo día puedes reír y llorar varias veces. Te comparto una anécdota que me hizo reír primero y luego me hizo pensar y reflexionar. Pregunté a un joven etíope cuál era su plato favorito y me contestó que la injera (un tipo de pan de aquí), me dijo que en realidad a él lo que le importaba no era comer esto o lo otro, sino comer, a secas. De una forma parecida, el senegalés Ahmed me contestó que su plato favorito era el arroz. Yo le pregunté si no le gustaba el pollo. A lo que Ahmed respondió: “para qué quiero que me guste el pollo si nunca lo puedo comer, es mejor que mi plato preferido sea el arroz”.

Es un sabio planteamiento, una sabia adaptación, una sabia supervivencia. Pero no podemos permitir que se limiten a sobrevivir, tenemos que hacer que también puedan vivir. Aquí luchamos por el derecho a vivir y no solo a sobrevivir.

- Como médico tú curas a los enfermos. Imagino que eso te convierte en testigo de innumerables escenas de tristeza muy difíciles de sobrellevar. ¿Cuál es tu secreto para mantener la sonrisa?

Sin duda. El secreto es buscar la sonrisa en la enfermedad. Luz en la oscuridad. Alegría en la tristeza. Después de un día agotador, estando exhausto, sin poder parar un solo segundo, con muertes y nacimiento y reanimaciones... cuando el cuerpo ya no te responde, cuando lo has dado todo… es entonces cuando suceden los milagros.

En medio de la tristeza, la dureza, en un hospital colapsado y exhausto, al finalizar el día, siempre se pueden encontrar unos minutos para aliviar el día a las madres, para dibujarles no una sonrisa sino carcajadas incontrolables, de las contagiosas. Unas carcajadas que a las madres les llenan de alegría, y a mi también. Podrían quejarse de la situación, tienen todo su derecho, y mi apoyo. Es una situación muy dura, sus hijos están postrados y gravemente enfermos.

- ¿En España somos unos afortunados? ¿O simplemente vivimos en escenarios diferentes?

Si estás leyendo esto te puedes considerar un afortunado. En Etiopía, 1 de cada 15 niños muere antes de llegar a los 5 años, y 7 de cada 10 muertes ocurren durante la infancia.