Diada: un estudio desmonta la “manipulación histórica” del nacionalismo catalán del 11-S

Señala que se buscó la fecha del 11 de septiembre para replicar el 14 de julio en Francia o el 4 de julio en Estados Unidos y, en torno a ella, inventar un relato histórico

El debate y polémica en torno a la elección del 11 de septiembre como fiesta de Cataluña ha ido creciendo en los últimos años en la medida que el desafío independentista se ha ido haciendo más grande. El nacionalismo catalán, sin resistencia parlamentaria, fijó esa fecha por la carga simbólica e histórica que tenía para la construcción de su relato: la Diada quedó regulada en la primera Ley que se aprobó en el Parlament tras su restauración hace 40 años y obtuvo en su día un apoyo unánime -Ley 1/1980, del 12 de junio-. Si bien, el constitucionalismo ha ido dando la batalla del relato poco a poco y también ha hecho su propia propuesta: situar la fiesta de Cataluña el 23 de abril, día de Sant Jordi. También han ido proliferando estudios y libros que tratan de desmontar la “manipulación histórica” del nacionalismo catalán sobre la Diada y su origen, basado en la rendición de Barcelona el 11 de septiembre de 1714 con motivo de la Guerra de Sucesión y las consecuencias que ese hito comportó para Cataluña -abolición de sus instituciones-.

En este marco, un estudio del Instituto de Seguridad y Cultura publicado recientemente considera que se buscó en el 11-S una fecha emblemática tratando de replicar el 14 de julio francés o el 4 de julio en EEUU y, en torno a ella, se inventó un relato histórico para movilizar a sus bases. El documento, elaborado por el Profesor Titular de Historia del Pensamiento de la Universidad Complutense, Jorge Vilches, y titulado “Nacionalismo y desinformación: la construcción del mito de la Diada”, considera que, en base a la “desinformación”, se ha ido construyendo el mito del 11-S para forjar una identidad colectiva diferenciada del resto de España. En este sentido, remarca dos invenciones sobre esta fecha: por un lado, está la figura de Rafael Casanova, conseller en cap en aquella época y cuya estatua es objeto de ofrendas durante esta fecha, quien, según el nacionalismo catalán, habría muerto en la batalla: “No combatió por la independencia catalana, sino por una España libre de Francia, como luego ratificó el bando de los Tres Comunes de Barcelona. Ni siquiera combatió ese día. Fue herido en una pierna por un tiro perdido, sacado de Barcelona y tras la dado a la casa de su hijo en Sant Boi de Llobregat. Allí pasó el tiempo hasta que en 1719 le llegó la amnistía y volvió a su vida de abogado”, explica.

El informe también pone en cuestión la propia fecha: “La rendición de Barcelona a las tropas internacionales del duque de Berwick no se produjo el 11 de septiembre, sino el 12. Es cierto que ese primer día una comisión barcelonesa enarboló la bandera blanca y fue a parlamentar con el general del asedio, quien les dio de plazo hasta el amanecer del día 12. Esta jornada, al no rendirse la ciudad, hubo otro ataque. Solo a mediodía del 12 se rindieron y las tropas, con la orden de respetar vidas y haciendas, entraron en Barcelona”.

El nacionalismo, en síntesis, trata de dibujar un enfrentamiento entre “la modernidad de una civilización superior, abierta al mundo y a las nuevas ideas”, representada por los catalanes, y el “arcaísmo” de Castilla, “una losa para el progreso. Es la luz frente a la oscuridad”. “El conflicto bélico habría sido, por tanto, del absolutismo contra la libertad”, apostilla.

Además, también aborda las características del nacionalismo catalán que, a juicio de Vilches, tal y como está configurado, es de “tipo primordialista o esencialista”. “Esto significa que consideran que la pertenencia a una comunidad nacional es un hecho natural previo a la configuración del Estado, asentado en elementos religiosos, culturales o raciales comunes que hunden sus raíces en la Antigüedad”, apunta. “De ahí la importancia que el nacionalismo catalán, como otros, han dado al paisaje natural y propio, exclusivo, como creador de unas características biológicas únicas que confieren una identidad política. De esta manera, la nación histórica, ese grupo humano forjado en un territorio durante un tiempo determinado, se convierte en nación política como sujeto de derechos”, agrega.

En este sentido, diferencia entre los nacionalismos que proceden de la Revolución Francesa de 1789, “asentados en los derechos del hombre y del ciudadano en su aspecto universal”, y los “nacionalismos tardíos”, como el vasco y el catalán. “Estos últimos se desentienden de los derechos de aquellos que no comulgan con la unidad de destino en lo universal, el tener un Estado propio. Por eso niegan el pluralismo y la disidencia, e incluso aplauden los actos de violencia y coacción que eliminan física o socialmente a los no nacionalistas. Es obvia en este caso la labor de ETA o Terra Lliure”, zanja.