¿Qué pretenden del PP Casado y García Egea?

En lugar de tratar de convencer a Isabel Bonig de retirarse, le expresaron su apoyo para la reelección y, mientras, maquinaban la promoción de Carlos Mazón

Iñaki Zaragüeta, delegado de LA RAZÓN en la Comunitat Valenciana
Iñaki Zaragüeta, delegado de LA RAZÓN en la Comunitat ValencianaLa Razón

Numerosos militantes y cargos públicos del PP no entienden la actuación del tándem Pablo Casado-Teodoro García Egea dentro del partido, a no ser que estén invadidos por un síndrome perturbador de debilidad que les aparta del objetivo de aunar fuerzas. Se refieren a lo sucedido en la provincial de Sevilla y lo que se percibe en la Comunidad Valenciana. Allí, donde el Betis reina desde hace siglos «han hecho un pan como unas tortas» promoviendo la candidatura de Virginia Pérez frente a la auspiciada por el presidente regional y de la Junta de Andalucía, Juan Manuel Moreno, que acabó con el plantón que este le dio a todo un secretario general, García Egea, no asistiendo al acto de clausura cuando se había personado a otros como el de Málaga, Córdoba o Granada.

Si grave es que esto suceda dentro de un partido, lo es más en la Comunidad más grande en la que gobierna el PP. Visualizar una guerra no parece la línea más idónea ni la mejor estampa de un líder.

En la Comunidad Valenciana no se trata de un Congreso provincial sino del regional, respecto al que los líderes de la calle Génova no han demostrado las mejores formas. En lugar de tratar de convencer a la actual presidenta, Isabel Bonig, de retirarse, le expresaron su apoyo para la reelección y, mientras, maquinaban la promoción de Carlos Mazón, de gran valía por otra parte, sin haber reconocido oficialmente su candidatura aunque todos sepamos que es el preferido.

Coincido con mi amigo Rogelio en que Casado se equivoca al abanderar el enfrentamiento entre los suyos por más que quiera arroparse de cara al Congreso nacional. Lo que tiene que hacer es ocuparse de ganar la Presidencia de España. Entonces podrá hacer lo que desee. De lo contrario, corre el riesgo de tener una espada de Damocles sobre su cerviz de forma permanente. Así es la vida.