Lujoso desenfado

Francisco J. Sánchez y el Coro Titular del Teatro de la Zarzuela en una escena de Benamor
Francisco J. Sánchez y el Coro Titular del Teatro de la Zarzuela en una escena de BenamorJavier del RealTeatro de la Zarzuela

Obra: «Benamor», de Pablo Luna. Orquesta de la Comunidad de Madrid y Coro del Teatro de la Zarzuela. Directores: J. M. Pérez-Sierra (música) y E. Viana (escena). Teatro de la Zarzuela. Madrid, 14-IV-21.

Se cierra con “Benamor” la trilogía de obras de Pablo Luna, tras “El asombro de Damasco” y “El niño judío”, en el Teatro de la Zarzuela. Dos horas quince minutos, sin descanso, a pesar de los muchos cortes efectuados pero con añadidos por otro lado. Mucho tiempo en pandemia y para las próstatas. Poner al día obras como la presente no es tarea fácil. Enrique Viana recibió el encargo de afrontar el reto y lo hace con su desbordante imaginación y comicidad habitual. Dirige la escena, que cuenta con unos decorados lujosos de Daniel Bianco, de forma animada, aunque el final pesa algo y no acaba de estar redondeado. Introduce, además de numerosas morcillas, dos monólogos de unos ocho minutos cada uno que no guardan estrecha relación con el flojo libreto de enredos orientales pero que es con lo que mejor se lo pasa el público. Y de eso se trata. No pretendan otra cosa.

La partitura musical, más en la línea de la opereta o la revista que de la zarzuela, no reúne calidades especiales a pesar del éxito del que gozó hace cien años tras su estreno en la propia Zarzuela en 1923. Sobresale la conocida “Danza del fuego”, bien coreografiada; la casi parodia de romanza españolista “País de sol”  a cargo del tenor y un dúo final.

José Miguel Pérez-Sierra dirige con eficacia y, una vez más, la cuerda queda apagada frente a vientos y percusión. Los intérpretes cumplen con discreción, unos cantan mejor que hablan mientras otros al revés y Viana es el factótum con tres personajes y los citados sendos monólogos, muy aplaudidos especialmente cuando reclama, con toda la razón, que la zarzuela sea considerada patrimonio de la humanidad. Decorados y vestuario son un lujo para lo que es un simple desenfado con una docena de funciones por delante y luego, posiblemente, otros cien años de oscuridad. Si quieren divertirse un rato huyendo de nuestras tristezas diarias, no lo duden, pero tampoco pidan más.