Jean Harlow, una mujer desdichada por el tamaño del pene de su marido

La actriz fue precursora del prototipo de rubia platino

Paul Bern y la mítica y bella actriz Jean Harlow formaron un paradójico y desnivelado matrimonio
Paul Bern y la mítica y bella actriz Jean Harlow formaron un paradójico y desnivelado matrimonio. La Razón

En la crónica de «Cinegramas» de 1935 se dice de Jean Harlow que «no solo es la tercera vampiresa de la pantalla y la primera rubia platino. Es algo más, una mujer fatal». De hecho, ella fue la creadora de la auténtica rubia platino, la bomba sexual, modelo de la ingenua tonta que marcaría a todas las Marilyn Monroe que vendrían después. A los 16 años se escapó de internado y se casó con el hijo de un millonario de 20. La boda duró una noche y por sus declaraciones la relación sexual fue insatisfactoria. Por su apariencia de Venus rubia, se la promocionó como mito erótico, pero en realidad era frígida y sexualmente apática y tenía el atractivo congelado («frozen glamour»).

Eddie Mannix opinaba que lo que necesitaba Harlow era un hombre bien dotado. Y Howard Hughes, quien le dio el papel protagonista de «Los ángeles del infierno» (1930), no mostró ningún interés por sus «zepelines». Según Karina Longworth, nada evidencia que mantuvieran relación alguna. Pero sí con el gángster Longy Zwillman, el «Al Capone de New Jersey», que le presentó su padrastro Marino Bello, relacionado con la mafia de Chicago, su representante por entonces.

Harlow lo dejó para entrar en la MGM y casarse, inopinadamente, con el brazo derecho del productor Irving Thalberg, Paul Bern, con el que entraría en la crónica negra de Hollywood al suicidarse dos meses después de su boda. El alemán Paul Bern era un hombre atildado y bajito, llevaba alzas, tenía veinte años más que la actriz y además de una amante fija estuvo casado con una mujer esquizofrénica. Era culto y discreto, y la Prensa saludó el enlace con el titular de «La señorita Jean Harlow ha capturado como marido al «padrecito confesor de Hollywood».

Harlow tenía apariencia de Venus rubia FOTO: GEORGE HURRELL La Razón

Irving Shulman en su biografía «Harlow» (1965) cuenta que la misma noche de bodas ella llamó a su mánager, Arthur Landau, aterrorizada y pidiéndole que pasara a recogerla. Ya en su casa comenzó a insultar al marido diciendo: «Ese mal nacido es un orate. ¡Un sádico asqueroso!» Y se quitó el camisón Empire y les mostró la espalda repleta de moretones. Ante el posible escándalo, su mánager llamó a un amigo médico, que la curó. Luego volvieron juntos al cottage de Paul y lo encontraron borracho y desnudo en su estudio. Bern tenía el sexo de un niño. La reacción de Harlow fue escandalosa, comenzó a zarandearlo e insultarlo: «No eres más que un maricón despeinado», y se quitó la bata y mostró la entrepierna y el pubis con un mordisco. «Mira las dentelladas de este chacal sarnoso».

El matrimonio apenas duró dos meses: del 2 de julio, día en el que se casaron, al 5 de septiembre de 1932, cuando lo encontraron muerto por un disparo en su casa de estilo bábaro de Easton Drive. Fue su mayordomo quien llamó a la MGM. Se presentaron en la escena Louis B. Mayer e Irving Thalberg. Bern estaba muerto de un tiro en la frente y con un arma del 38 en la otra esquina del dormitorio. La supuesta carta del suicida la escondió Mayer y fue entregada a la policía días después convenientemente manipulada por el equipo de publicidad del estudio. Mannix, «the fixer», ordenó colocar el cuerpo desnudo de Bern admirándose ante un espejo con la pistola en la mano. Así lo encontró la policía el lunes. Pero no tardó en correr el rumor de que había sido asesinado y que la MGM simuló un suicidio durante el fin de semana, acusándolo de impotente.

King Vidor investigó a fondo el supuesto crimen para un guión que nunca rodó y concluyó que fue el mafioso Zwillman quien lo organizó: recogió a su mujer Milette y ambos se presentaron en su casa el sábado. Le dio la pistola y ésta, enajenada, le disparó. Luego, el gánster la llevó al ferry y la lanzó al río Sacramento, donde la encontró la policía días después.