Sociedad

Jorge Urrea: “El estrés nos convierte en verdaderos monstruos agresivos, desconsiderados y egoístas”

Fomador de liderazgos y gestión de crisis, en su libro, “Las mil y una crisis”, invita a convertirlas en oportunidades y asegura que la que más se acentúa ahora es la de la soledad con o sin pareja

Jorge Urrea, autor del libro "Las mil y una crisis"
Jorge Urrea, autor del libro "Las mil y una crisis"S. L.

Sabe traducir los silencios, escuchar y transmite paz. Si alguien se perdiera en el laberinto del País de las Maravillas sería el gato de Cheshiere, aunque otros consideran que es “el humano más parecido al maestro Yoda”. Lleva veinte años trabajando en la gestión de crisis y autoconocimiento. Su formación internacional en economía, diplomacia, psicoterapia y coaching, así como filosofías orientales, le ha permitido tener una visión extensa del mundo y la espiritualidad. En Las mil y una crisis (Punto Rojo) aborda los diferentes tipos de crisis, liderazgo incluido, sin atajos y con algunos toques de humor. Tiene una misión: contribuir a un mundo más consciente, donde tomar la crisis con serenidad y convertirlas en oportunidades.

¿Hay más crisis post pandemia o son las mismas que estaban ocultas?

Siempre ha habido muchas (1001 crisis de mis clientes cuento yo en mi último libro), pero tendemos a olvidar. Ahora la realidad se ha hecho todavía más compleja, cambiante, despiadada, inestable... Además, la confianza baja, y la ilusión de control desaparece mostrando que los sistemas no están preparados para sostener determinados desafíos (económicos, sanitarios, morales, migratorios, culturales, espirituales). Eventualmente, la crisis que más se repite y se acentúa en un entorno exacerbadamente digital, es la del corazón, muy en concreto la soledad, con o sin pareja, a todas las edades y niveles de poder.

Propone abrazar a la tristeza... ¿No es mejor ahora guardar distancias?

No, debemos darle espacio interior a todas las emociones, incluidas las mal llamadas negativas, para poder pasar a otra cosa. Por ejemplo, un cliente mío vino por un tema de pareja, se subió a una hamaca con los ojos cerrados, lo mecí, y rompió a llorar por la muerte de su padre, desaparecido 7 años antes, sin que él hubiera hecho el duelo antes. Cada cosa en su momento para poder seguir a la siguiente.

Simone Biles sorprendió al mundo diciendo que tenía que parar... ¿Da vergüenza o miedo reconocer que se ha tocado fondo?

Supongo que eso y tantas otras cosas... para mí es una alegría que un referente mundial haga algo así y de ejemplo, que no sean solo los monjes budistas y sus copias mindfulness distribuídas por todo el mundo. Más es a menudo peor. Como les digo a directivos con los que trabajo, debemos aprender a “pacientar” -del francés-, esperar, para alcanzar determinadas metas de una manera más armónica y pacífica. Alto rendimiento y burn out acaban siendo sinónimos, cuando no deberían.

¿Cómo se recupera a una Alicia en el País de las Maravillas cuando ha caído en el agujero persiguiendo no sabe qué?

El tiempo todo lo cura, pero yo animo a mirarse uno mismo y aprender en caliente de cada crisis, para aprender de lo que toca. Tanta prisa hay por cerrar la herida, que perdemos las oportunidad de que entre un rayo de sol por es misma grieta de la armadura.

Dice que las expectativas son el fantasma interpretativo que todo lo chafa...

Es el ruido que produce tantos desencuentros: “Yo no me casé para esto, no me hice padre, no me cambié de trabajo, no hice esta carrera, no pagué aquel master, este coche, este perro...”

El gusano del libro de Lewis Carroll no se transforma en mariposa hasta que no se enfada. ¿El dolor, el enfado, la ira, reconvierte a algo mejor?

Los tigres de la ira son más sabios que los caballos del conocimiento (William Blake). Si no nos adormecieran los sentidos y los sentimientos, con el consumo y el “entre-tenimiento”, el mundo tendría muchas menos injusticias y menos depresión (la otra cara de la ira en el largo plazo). Diez personas se suicidan al día en España. De acuerdo a la encuesta de la OCU hasta el 50% de las mujeres españolas, verdaderas maestras de los hombres en cuanto a introspección, han tomado alguna vez ansiolíticos y/o antidepresivos.

Si nuestras “fareras”, las que nos traen luz cuando no vemos en la tormenta, se duermen enmascarando su ansiedad y tristeza, ¿hacia dónde vamos como sociedad?, así lo cuento en Las mil y una crisis.

¿La pandemia nos ha hecho ver muchas falsas realidades?

Muchos procuramos ganar consciencia todos los días, pero no sé si está en la agenda de tantos gobernantes, o de tantos “entretenidos” en posiciones cómodas. Además, la vía del poder y la de la consciencia todavía no van de la mano. Para que las cosas cambien de verdad, los poderosos deben ganar en consciencia, y los hiperconscientes deben asumir posiciones de poder, que son incómodas, claro.

¿Se toman malas decisiones en esa situación?

Cuando estudias las historia alucinas con las decisiones de tantos en momentos críticos, una ceguera que también tenemos en relaciones más cercanas, como la pareja, de los que escucho versiones completamente distintas de una misma realidad. La verdad tiene cara, cruz y canto...

Habla de la gestión de conflictos... ¿Somos todos ángeles y demonios?

Sin duda, atacamos desde el agresor, y recibimos desde la víctima, sin entender que nosotros también empezamos disputas, y las perpetuamos con agresiones más o menos conscientes, más o menos grandes, que van minando... Nuestra percepción nos engaña. Debemos recordar que tenemos la naturaleza de ángeles y demonios, y decidir conscientemente, forjar nuestra propia realidad.

¿Buscar el amor verdadero lleva a no encontrarlo?

No hay que buscar, hay que encontrar. Con el amor igual. Seguramente la mayoría de las personas no tendrán una media naranja como se vende en las películas, ni si quiera un rato, pero la vía del corazón es mucho más amplia: el trato con uno mismo, con sus padres, hermanos, hijos, vecinos, compañeros... En cualquier caso, ponerse al servicio es garantía de éxitos en ese camino.

¿Qué crisis de todas las que hay ahora le preocupan más?

Además de la soledad que mencionamos antes, el estrés, que nos convierte en verdaderos monstruos agresivos, desconsiderados, egoístas. El slow life, la vida lenta, trae una calidad de experiencia de vida, que los que la conocemos, sabemos que merece la pena, pero quien más y quien menos, es dependiente de la adrenalina, pensando erróneamente, que lo no excitante, lo que no se consume (sinónimo de incinera) no alimenta, cuando es justo al contrario. Debemos relajar nuestro sistema nervioso, dormir más, tomar el aire y el sol, nutrirnos mejor y nutrir nuestras relaciones, tornar más la mirada a los que nos rodean, lejos de los reflejos de pantallas oscuras engañosas.

¿Cómo es la crisis de una persona insegura? ¿A quién repercute?

Muchos poderosos llegan ahí desde posiciones psicopático narcisistas. Esos grandes toros, hostiles, que atacan por miedo a que les ataquen, como Hitler. Ojalá entren en crisis todos esos poderosos, porque les traerá la oportunidad de ser, con mayúsculas, más allá de un cargo, un puesto, una relación de poder con respecto a los demás. Ganarán en humanidad, y la humanidad ganará con su nueva sabiduría en posiciones de poder. Esto en las empresas, por ejemplo, se ve de manera muy clara. Acoso, techo de cristal, freno a la innovación... “No hagas sombra, ofrécela”, dice mi compañera, Silvia Leal.

Dice en su libro que “el deseo desprecia y abandona lo que uno tiene para correr detrás de lo que no se posee”. ¿Ocurre siempre?

Demasiado, que tire la primera piedra...

¿Qué le enseñó el bisabuelo monje o era pirata y arzobispo?

Cuando usamos las constelaciones en el trabajo de autoconocimiento, siempre aparecen ancestros especialmente relevantes para la reconstrucción de uno mismo. Imagina lo que yo he podido hacer con una bisabuela monja, que gracias a que fue fiel a su corazón, se permitió enamorarse del médico con el que trabajaba y salirse de monja, y así vino mi ilustre abuelo, y yo mismo. Por no hablar de mi ancestral “tatarabuelo” arzobispo y pirata, Don Pedro de Urrea, del que podríamos decir mil cosas actuales, pero quedémonos simplemente con que no hay trabajo espiritual que no tenga una raiz en la tierra, o en el mar...