Volvamos a la cordura

Pese a las muchas y complejas dificultades por las que ha atravesado, Plácido Domingo cantará el 25 de septiembre en Mérida

Placido Domingo en rueda de Prensa durante el Festival Internacional de Música Cesky Krumlov, en Praga.
Placido Domingo en rueda de Prensa durante el Festival Internacional de Música Cesky Krumlov, en Praga.MARTIN DIVISEKEFE

Vivimos tiempos de desconcierto. Son muchos los ejemplos que lo demuestran. La culpa la tienen en gran parte las redes sociales. Hoy parece existir y ser realidad sólo aquello que se cuenta en ellas. Existe aquello que se logra introducir en la mente de la gente. Otra parte de la culpa recae sin duda en la educación. Con gente educada, formada, culta, sería mucho más difícil el engaño. Vayamos a la música. En el sigo pasado se triunfaba o se era divo por méritos de calidad, hoy se logra por publicidad, por machacar que uno es bueno, aunque no lo sea, hasta que la gente se lo crea. Y dura hasta que ya no le interese a quien creó el personaje. Todo empezó, aún sin redes, el siglo pasado. ¿Recuerdan, por ejemplo, una soprano llamada Silvia McNair? Salzburgo estaba plagada de sus fotos. Duró hasta que su casa discográfica le dejó de interesar.

Plácido Domingo cantará el 25 de septiembre en Mérida a pesar de muchas dificultades. Todo por un asunto ametrallado sin razón desde hace más de dos años. Incluso muy recientemente una de nuestras políticas más inútiles pero ministra volvió a repetir algo que no es cierto porque navega en intereses preconcebidos. Todos sabemos que Plácido no se expresó bien, que pidió perdón no por haber realizado algo reprobable, sino por si alguien se había sentido incómoda. En aquella época, por ejemplo, los piropos elegantes hasta gustaban, hoy muchas veces, no. El mundo ha cambiado y no se puede juzgar hechos de ayer con ojos de hoy y, sin embargo, lo hacemos con frecuencia. Ya es hora de olvidar de Plácido todo lo que no sea su arte y dejarle que nos lo ofrezca.

Me cuentan que «Salvados» va a dedicar un programa a la ópera. Apañados vamos, porque posiblemente lo que haga sea confundir. ¿Va a contar las proposiciones que le llegaron a la soprano Gundula Janowitz por parte de algún cantante masculino cuando era intendente en Graz? ¿Va a contar lo que otra cantante le hizo al marido de una de nuestras más célebres sopranos para vengarse de que no la dejase redondear su contrato con una actuación? No. ¿Vamos ahora a disolver las Filarmónicas de Berlín o Viena porque durante décadas no admitieron a mujeres? Acaso no nos damos cuenta de lo que costó duplicar camerinos, baños, etcétera. Las cosas tuvieron sus motivos en su época.

Dejémonos de demonizar al género masculino. Volvamos al equilibrio, a la cordura. No es justa una ley que otorga prioridad al sexo frente a los méritos para el acceso a la docencia universitaria. Hoy a las mujeres, pero la misma razón obligaría mañana a favorecer a otros colectivos. ¿O, no? Para colmo, desde el decanato de una facultad humanista de una de las universidades más prestigiosas de Madrid se envía una carta a los alumnos con el encabezado «Estimad@s» para evitar repetir la palabra en masculino y femenino. ¡Señores de la Real Academia…!

Y se cuelga una pancarta de Stalin en la balconada de un ayuntamiento mientras se amenaza con la cárcel a quien opine públicamente que hubo cosas buenas en el régimen franquista. Pero fuera también cuecen habas. Churchill, que para muchos fue el salvador de Europa, tiene en peligro una fundación en su país porque una vez hizo un comentario, quizá inadecuado, de un negro. Como retirar la calle de los Reyes Católicos. Por favor, volvamos a la cordura.