Cine

“Arrebato”, la película maldita del cine español

A cuarenta años de su estreno comercial, Flixolé estrena una versión remasterizada del clásico “underground” español en el que una película es capaz de matar

Un montaje con escena de la peli "Arrebato"
Un montaje con escena de la peli "Arrebato" FOTO: La Razón La Razón

Hoy en día, en verbo visual y casi hasta en cliché, el concepto de la película maldita vive entre nosotros. El plural es para la cinefilia, sí, pero también para esa masa de lo “viral” que desliza hacia arriba mientras el último “tik-toker” habla a los críos sobre un vídeo que “no deberían ver solos”, o la misteriosa grabación de una cámara de seguridad que “revela algo macabro, lúgubre y tétrico”, en aliteración literaria para principiantes. La popularización del retrato, no ya en plata sino en la palma misma de nuestra mano, convirtió lo que antes era rito en teoría práctica de la imagen y documentalismo abstracto. Pero no siempre fue así. Antes del Slender Man, antes de “The Ring” y mucho antes de las “Faces Of Death” con las que todo hijo de los noventa traficó en su videoclub de confianza, estuvo el “Arrebato” de Iván Zulueta.

Will More en "Arrebato"
Will More en "Arrebato" FOTO: Imdb Imdb

Rodada en 1979, en formato Súper 8 -en referencia al ancho milimétrico del film- y con un presupuesto de 14 millones de pesetas, la película del donostiarra se ha convertido en una obra de culto tras un abrupto estreno comercial en 1980. Zulueta, empeñado en que se estaba “mutilando su arte”, como llegó a explicar, tuvo sus más y sus menos con el productor del proyecto, Nicolás Astarriaga, por la decisión de este último de recortar los 180 minutos iniciales y dejar el filme en los 110 que todos conocemos. A 42 años de aquel verano de 1980 en el que vio la luz la película, la plataforma de “streaming” Flixolé (propiedad de Enrique Cerezo) estrena una edición restaurada de la película, directamente digitalizada desde el negativo original y con técnicas de conservación canónicas, prescindiendo de cualquier tipo de inteligencia artificial o edición alguna del metraje primigenio.

La pesadilla de Zulueta

El camino hasta aquí, hasta que la película “underground” por excelencia del cine español pueda encontrar un lugar digno en el nuevo siglo, eso sí, no ha sido sencillo. “Las latas de la película, y sus derechos, se los compré hace unos años a Astiarraga. En un momento en el que él necesitaba dinero rápido. Él sabía que yo llevaba mucho cine de autor, cine de arte y ensayo, y a través de su hermano me vendió todo. Tenía un problema familiar en aquel momento, y con el dinero de de la compra pudo salir un poco del atolladero, más o menos”. Quien habla es el productor y distribuidor Paco Hoyos, uno de los grandes nombres de los noventa en nuestro país que ahora responde al teléfono desde una residencia para mayores, donde pasa la mayor parte del tiempo: “Fui el primero en traer a España las películas de Jane Campion”, explica este Caballero de la Orden de las Artes y las Letras por el Gobierno francés, que ha superado hasta dos quiebras.

Sabiendo que la película llegó a arruinar a sus dos dueños —Hoyos explica que RTVE rompió un acuerdo por los derechos del filme que habría solucionado muchos de sus problemas económicos—, ¿es posible que “Arrebato” sea una obra metafísica, que esté tan maldita como la película con el fotograma rojo que la atraviesa argumentalmente? Quizá todo venga de su autor: “Zulueta tenía fama de mal trabajador, injustificada yo creo. Pero eso, y su personalidad, terminaron en un aislamiento muy triste. Era muy buena persona y muy ameno. Pero también era alguien que en una rueda de prensa se podía poner a llorar desconsoladamente y abandonar. Nadie quería jugar con un director así. Por eso desapareció, porque este mundo es terrible”, explica Hoyos antes de rematar: “No diría que la película está maldita, pero sí que está viva. El contenido es salvaje. Drogas, sexo y rocanrol como reivindicación romántica de una época de liberalidad que se transformó en pesadilla”.

La actriz Cecilia Roth dando vida a Ana
La actriz Cecilia Roth dando vida a Ana FOTO: Imdb Imdb

Folclore aparte, lo cierto es que el legado del filme, si permiten la licencia, es arrebatador: Eusebio Poncela se convirtió en el anti-héroe por excelencia del cine español de los ochenta, la pantalla descubrió los tirabuzones dorados de una Cecilia Roth que vino para quedarse y, pese al enfado inicial de Helena Fernán-Gómez, que su voz fuera sustituida por la de un joven don nadie (había debutado con “Folle... folle... fólleme Tim!”) la uniría para siempre a los comienzos de Pedro Almodóvar. Alaska como extra y el recientemente fallecido Antonio Gasset como montador pejiguera son exactamente el tipo de detalles que elevan sus fotogramas al culto. “Siempre encontraba un pretexto: un helado, ir al cine, los cromos... cualquier cosa para no hacer lo que tenía que haber hecho, que era convertirse en un gran director”, lloraba el crítico a su amigo Zulueta, en un artículo escrito con motivo de su fallecimiento en 2009.

Cine de mínimos

“El encanto de “Arrebato” es el del cine de mínimos, una película que se rodó con el móvil antes de que existieran siquiera los móviles. Zulueta era un innovador, y le encantaba experimentar. Lo probó todo. Y eso, en esa época, significaba tristemente también la heroína”, explica Hoyos reflexivo. Los “picos” del filme, como método alucinógeno, pero también como motor de una trama de va de lo vampírico a lo metafílmico en cuestión de unos pocos metros de película, nos hablan de eso que el mismo director fijó como “malditismo pop” y que no es otra cosa que genialidad incontestable. “Es cine intrincado, insondable en algún punto de su torcido y tumultuoso recorrido. Y es, sobre todo, cine en carne viva, turbador, doloroso y elevado”, escribía en el estreno original el mítico Ángel Fernández Santos, pero esa viveza sobrevive a la crítica americana, que ha visto en esta versión remasterizada —por primera vez— la película: “Enigmática e impresionante. Apabullante”, escribe la respetada Meagan Navarro en el portal especializado “BloodyDisgusting”.

No hay argumento de autoridad, crítica o juego de palabras que pueda hacer justicia a “Arrebato”, no tanto por una cuestión de estilismo como de experimentación: cada espectador verá en el filme de Zulueta una película distinta. Está el “Arrebato” del meta-terror, el del Madrid ochentero con una Plaza de los Cubos irreconocible, el de la heroína y hasta el de la liberación sexual, pero todos tienen hueco en lo hipnótico del metraje. La remasterización de “Arrebato”, hecha en Estados Unidos en un último giro vergonzoso de nuestra propia memoria cinéfila, encuentra en FlixOlé el reparo de un agravio comparativo y la última captura de una historia de sangre, cine y Tetenal que vivirá para siempre como la película “maldita” -quizá mejor, no-muerta- del séptimo arte más nuestro.