Cultura

NFT: la revolución artística definitiva

Los «tokens no fungibles» han adquirido un valor equiparable a obras de Velázquez y Caravaggio

Pese a surgir en 2014, el «boom» del NFT ha surgido este año
Pese a surgir en 2014, el «boom» del NFT ha surgido este año FOTO: CRYPTOPUNKS via REUTERS

Sacar conclusiones sobre una realidad emergente sería pretencioso, por lo que tan solo cabe plantearnos preguntas a partir de lo que hasta ahora hemos podido ver o leer. Y no es poco. Vivimos, nada nuevo, en la era tecnológica, y esta reconversión digital, que está llevando casi todos los ámbitos de la vida cotidiana a un universo intangible protegido por una pantalla, no podía ser menos en el aspecto cultural. Sí, hablamos de esa revolución artística y digital que se está produciendo a pasos cada vez más agigantados, y que inspira tanta emoción creativa como reticencia: los «Token no fungibles», más conocidos como NFT. A lo largo de este año, entre subastas y redes sociales, se han difundido numerosas creaciones virtuales bajo este sello que han tambaleado los cimientos que hasta ahora podríamos concebir de la relación entre artista y objeto. Pero no es algo novedoso de 2021, sino que su máximo auge hasta ahora conocido sí se ha vivido durante estos meses. ¿Se trata del comienzo de la consolidación de esta nueva disciplina?

Todo comenzó, según está indicado como el primer NFT conocido de la historia, con «Quantum», de Kevin McCoy, obra que representa simplemente una figura geométrica animada sobre un fondo negro que va cambiando de forma y color. Se creó en 2014, y a partir de entonces todo parecía valer a la hora de convertirse en un NFT. Poco después llegó Beeple, artista que ya no solo innovó, sino que convirtió este fenómeno en uno de valor millonario dentro del mercado: su suerte de collage titulada «Everydays: the first 5.000 days» se subastó por 58 millones de euros. Una cantidad fácilmente equiparable a una obra de arte firmada por Velázquez o Caravaggio.

Sostenía el filósofo Walter Benjamin que la reproducción tecnológica de una obra de arte permitiría una democratización del acceso a las imágenes. Pero esto se ve trastornado por los NFT, que se caracterizan por ese sello de unicidad, un certificado de autenticidad que lo hace irreproducible e intercambiable. Por ello, hay quienes lo ven como una nueva forma de hacer arte sin echar mano al pincel, mientras que otros optan por apodarlo como una especie de caja registradora. En lo que sí coinciden expertos que están viviendo el cambio de primera mano, es que se trata de una nueva herramienta. Pero, ¿llegará a sustituir a lo tangible? En un reportaje que avanzó LA RAZÓN, Eike Schmidt, director de la Galleria degli Uffizi de Florencia, y Mabel Tapia, subdirectora artística del Museo Reina Sofía de Madrid, coinciden en que el NFT es un elemento que expande el mercado del arte y que no empobrece, sino que complementa, siendo su forma de uso responsabilidad del artista.