Cultura

El Prado deconstruye los frescos de Carracci de la capilla Herrera

Se unen por primera vez desde 1833 los frescos arrancados del templo romano, lugar fundamental para la monarquía española del siglo XVI al XVIII

El «Padre eterno», de Albani, que ocupó la cúpula de la capilla Herrera
El «Padre eterno», de Albani, que ocupó la cúpula de la capilla Herrera FOTO: Enrique Cidoncha La Razón

De mediados del siglo XVI al XVIII, cuando comenzó su decadencia, existía en Roma un centro clave para la monarquía hispana, la iglesia de Santiago de los Españoles, de gran importancia religiosa y simbólica. Parte responsable de la misma fue el banquero palentino Juan Enríquez de Herrera, quien mandó construir en el templo una capilla dedicada a la vida y milagros de San Diego de Alcalá, franciscano andaluz del siglo XV elevado a los altares en 1588 y figura a la que Herrera había rogado por la sanación de su hijo enfermo.

La construcción de la capilla discurrió de 1602 a 1606, y la pintura al fresco fue confiada a un artista que venía de decorar con gran éxito la galería del palacio Farnese, Annibale Carracci (Bolonia, 1560-Roma, 1609). Conjunto que ahora ocupa los focos en el Museo del Prado, donde se reúne por primera vez desde 1833 esta serie de pinturas murales «de excepcional importancia», recalca el comisario de la exposición y director adjunto de Conservación del centro, Andrés Úbeda: «El gran trabajo desconocido» de Carracci.

FOTO: Enrique Cidoncha La Razón

Tras cerrar el acuerdo con Herrera, el artista italiano ideó el conjunto y llegó a ejecutar algunos de los frescos, pero en 1605 sufrió una grave enfermedad que le apartó del proyecto, «probablemente, una hemiplejia», puntualiza el comisario. Así, la finalización del mismo (bajo la supervisión del maestro, incapaz de subirse a los andamios) quedó en manos de Francesco Albani, ya involucrado desde el inicio.

Arriba, en la cúpula, permanecieron los dibujos en la iglesia de la Piazza Navona durante algo más de dos siglos, aunque el deterioro del templo obligó a arrancar el trabajo de Carracci (y Albani) para su salvación. El talentoso Pellegrino Succi y el escultor Antonio Solá fueron los encargados de llevar a cabo una labor que culminaría en 1850, cuando 16 pinturas salieron desde el puerto de Civitavecchia con destino a Barcelona, en la que se quedaron nueve, y Madrid, hasta donde llegaron otras siete. Mientras, el cuadro del altar tuvo un traslado mucho más liviano y fue a parar a la iglesia de Montserrat de Roma, lugar en el que también se perdieron los tres frescos sobrantes de los que Úbeda no ha logrado pistas y da por extinguidos.

FOTO: Enrique Cidoncha La Razón

Todo ello es lo que ahora se levanta en la Sala C del Edificio de los Jerónimos en un montaje (Annibale Carracci. Los frescos de la capilla Herrera) que, a través de diferentes espacios (en horizontal) recrea la disposición original (en vertical) hasta la linterna de la cúpula, coronada por el «Padre eterno» de Albani. Ahí permanecerán las pinturas hasta que en junio pongan rumbo al MNAC barcelonés y, después, en noviembre, al Palazzo Barberini, ambos colaboradores del proyecto.

  • Dónde: Museo del Prado. Madrid. Cuándo: del 8 de marzo al 12 de junio. Cuánto: 15 euros (entrada general).