Cultura

Picasso vuelve a casa

La Real Academia de Bellas Artes de San Fernando abre las puertas a uno de sus hijos pródigos en una exposición que muestra los orígenes del pintor

«Busto de mujer con sombrero (Dora)» (1939), óleo de la Colección Beyeler presente en la exposición
«Busto de mujer con sombrero (Dora)» (1939), óleo de la Colección Beyeler presente en la exposición FOTO: MARISCAL EFE

Lo que ahora es la diáfana sala de las esculturas de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando (Madrid) hace más de un siglo era una espléndida clase en la que empaparse de la sapiencia y del buen hacer de profesores-pintores como Luis Menéndez Pidal. Allí, bajo una lámpara de gas, los aspirantes a artistas escuchaban las lecciones de sus maestros. Luego ensayarían con los vaciados y proseguirían, o no, con sus incipientes carreras.

Uno de ellos fue un tal Pablo, quien pidió el ingreso en la ilustre institución el 14 de octubre de 1897 porque su padre, José Ruiz y Blasco, le había dicho que, «si quería ser artista», no le quedaba otra: «Debía pasar por la Escuela de la Academia». Y el joven le hizo caso. Eran los inicios más primitivos del que luego se convertiría en uno de los artistas más influyentes del siglo XX, Picasso (1881-1973), como recuerda la comisaria, Estrella de Diego, también académica y crítica de arte, de la exposición que celebra «la vuelta a casa», dice, del pintor, el regreso a las que fueron sus primeras salas de ensayo.

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La experiencia madrileña de Picasso apenas duraría un curso. Tuvo que regresar a Barcelona por problemas de salud, lo que le llevaría a finalizar definitivamente los estudios. Sin embargo, aquel año iba a marcar la carrera del muchacho. Además de las visitas al Prado, los paseos por el Retiro y los ratos en cafés y tabernas de la capital, «se llevó en la memoria imágenes de vaciados de esculturas presentes en la Academia que reaparecerán una y otra vez a lo largo del tiempo», firma el académico José María Luzón Nogué en el catálogo de Picasso: rostros y figuras, la muestra que ha rebuscado en los archivos que dejó el malagueño tras su paso por Madrid.

«Hemos indagado y encontrado sus asignaturas matriculadas y su expediente, que muestra que era un buen estudiante», explica De Diego. «En la Academia se enseñaba a ser artista, a copiar dibujos y algunas técnicas como la del mencionado vaciado, que el pintor usaría frecuentemente», continúa la académica sobre la importancia en su obra de la Escuela, donde aterriza ahora nuevo con 58 piezas (sumando esculturas, pinturas, dibujos y estampas) entre las que destaca el cuadro «Mujer (época de “Las señoritas de Aviñón”)», de 1907. Óleo sobre lienzo que, para De Diego, «nadie entendió nunca. Se comprendería muchísimos años después, con lo que encontramos ese ojo de Pablo Picasso que veía cuando nadie sabía ver», añade.

Es este precisamente el cuadro que recibe al visitante en una exposición pequeña, de gabinete, que «permite establecer un vínculo casi afectivo». Para ello, la Academia de Bellas Artes se ha unido con la Fundación Beyeler (Riehen, Basilea) en un diálogo en torno a varias representaciones de cuerpos y semblantes y apariencias en un conjunto de obras que van del cubismo a sus creaciones más retrasadas en el tiempo y donde se aprecia el gusto del autor por los cuerpos y la mitología clásica. «Cuando nos encontramos con las obras tardías de Picasso, incluso, con ese retrato de la época cubista, la sensación que tenemos es que siempre hay un sustrato de lo que aprendió aquí en la Academia y de su formación», señala la comisaria.

Por su parte, el director de la Fundación, Sam Keller, aprovechaba la inauguración ayer para hablar de que «la era de la transformación virtual, de la tecnología, la cirugía plástica, la pandemia y sus mascarillas alteran nuestra relación con los demás y también nuestra visión del cuerpo –continúa–. Es un buen momento para reparar en la concepción que tenía Picasso de los rostros humanos y los cuerpos».

FOTO: REAL ACADEMIA DE BELLAS ARTES DE SAN FERNANDO REAL ACADEMIA DE BELLAS ARTES DE

Y respecto al proceso de investigación, De Diego señala al expediente académico del pintor. El cual les dio «una pista interesante»: «Picasso pidió la admisión en la Academia e inmediatamente le fue concedida, con lo cual podemos deducir que era un buen estudiante para potenciar en dicho centro. Después vimos las asignaturas en la que se había matriculado durante el año que estuvo aquí. Resulta interesante porque a partir de ahí realizar la muestra fue como una especie de vuelta a casa con las obras excepcionales que había hecho en su carrera», añade. «Y es muy importante intentar imaginar qué hacía Picasso en la Academia», añade De Diego sobre un artista que «era un espíritu libre».

  • Dónde: Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, Madrid. Cuándo: hasta el 15 de mayo. Cuánto: 5 euros.