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Hiperactividad: la razón por la que Leonardo da Vinci no terminaba sus obras

Un profesor del King's College de Londres afirma en un estudio que un diagnóstico de déficit de atención y trastorno de hiperactividad "es la hipótesis más convincente y científicamente plausible para explicar la dificultad de Leonardo para terminar sus obras"

  • Hiperactividad: la razón por la que Leonardo da Vinci no terminaba sus obras

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24 de mayo de 2019. 10:08h

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D. Mendoza 23/5/2019

Ya lo dijo Christian Gálvez, para horror de catedráticos y expertos: Leonardo da Vinci era disléxico y sufría de déficit de atención. Aquellos que refutaron sus ideas hace apenas unos meses, cuando el presentador de televisión inauguró en Madrid una exposición dedicada al genio italiano, tendrán ahora que discutir con el profesor Marco Catani del King’s College de Londres. Catani ha publicado un estudio en la revista científica “Brain” en el que afirma que es muy probable que Da Vinci haya tenido un Déficit de Atención y un Trastorno de Hiperactividad (TDAH). Catani no pone en duda la genialidad del autor de “La gioconda”, al contrario, atribuye su creatividad al trastorno de comportamiento que según él padecía el artista.

“Si bien es imposible hacer un diagnóstico post mortem para alguien que vivió hace 500 años, confío en que TDAH es la hipótesis más convincente y científicamente plausible para explicar la dificultad de Leonardo para terminar sus obras", asegura el profesor. "Los registros históricos muestran que Leonardo pasó demasiado tiempo planificando sus proyectos, pero le faltó perseverancia. El TDAH podría explicar aspectos del temperamento de Leonardo y su extraño genio mercurial”, afirma Catani, que se especializa en el tratamiento y estudio de condiciones como el autismo y el TDAH.

Dicho trastorno se caracteriza por la tendencia a la procrastinación, por la inhabilidad para terminar tareas a largo o mediano plazo y por tener una mente inquieta. De acuerdo con Catani, todos estos rasgos formaban parte de la personalidad del polímata de Florencia, del que también se sospecha que pudo haber sido disléxico. Efectivamente, Leonardo no terminó muchas de las obras que le fueron encargadas, como el retablo “Adoración de los magos” que le pidieron en 1481 los monjes de San Donato de Scopeto. Después de realizar varios estudios, Da Vinci se fue a Milán y dejó el cuadro a medias.

Tampoco desarrolló hasta el final las distintas máquinas voladoras que diseñó, ni fue capaz de terminar el Coloso que le encargó el duque de Milán con la intención de que fuera la estatua más grande del mundo de un caballo. Aunque le dedicó más de una década, no había logrado rematarla cuando Francia invadió Italia y las toneladas de bronce que requería el Coloso terminaron en manos del enemigo, que las utilizó para hacer cañones.

“Pido perdón a Dios y a los hombres porque mi trabajo no tuvo la calidad que debía haber tenido”, escribió Leonardo al final de su vida. “Es increíble que se considerara a sí mismo como un fracasado”, afirma el profesor, y añade: “Espero que su caso demuestre que el TDAH no está vinculado a un coeficiente intelectual bajo o a la falta de creatividad sino a una dificultad para aprovechar los talentos naturales”.

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