Cultura

Operación Urano, el letal zarpazo soviético en Stalingrado

Analizamos cómo el Ejército Rojo desencadenó una titánica ofensiva que sin duda cambiaría el sino de la Segunda Guerra Mundial

Tropas y elementos acorazados soviéticos durante la Operación Urano noviembre de 1942.
Tropas y elementos acorazados soviéticos durante la Operación Urano noviembre de 1942. FOTO: Archivo Estatal Central de Ucrania

La batalla de Stalingrado, la épica lucha de la Segunda Guerra Mundial que enfrentó a la Wehrmacht del Tercer Reich de Adolf Hitler y a los ejércitos de sus aliados del Eje con el Ejército Rojo de la Unión Soviética de Iósif Stalin, culminó en noviembre de 1942 cuando las fuerzas soviéticas contraatacaron a sus verdugos. Habían pasado unos seis meses desde que los ejércitos del Eje lanzaran su ofensiva hacia el este a través del área meridional de la Unión Soviética. Durante ese tiempo, los invasores causaron estragos en los defensores soviéticos al infligir más de un millón de bajas al Ejército Rojo y al haber avanzado unos 600 kms. hasta llegar a las laderas septentrionales de las montañas del Cáucaso y la ciudad homónima de Stalin en el río Volga. A pesar de las derrotas debilitantes y de los repetidos intentos fútiles de contener y contraatacar a los invasores, el Ejército Rojo logró detener a las fuerzas del Eje en las calles cubiertas de escombros de Stalingrado en octubre de 1942. Con su reputación y la de la Wehrmacht en juego, el Führer ordenó al ejército más célebre de su país –el Sexto del «General der Panzertruppe» Friedrich Paulus– tomar Stalingrado a toda costa. La espeluznante lucha que siguió desangró al Sexto Ejército, lo que no dejó a Hitler más alternativa que empeñar las fuerzas de sus aliados del Eje en primera línea.

Como ya habían hecho el año anterior, Stalin y su «Stavka» (Alto Mando) se aprovecharon con habilidad de la desenfrenada ambición de Hitler, que llevó a la Wehrmacht mucho más allá de los límites de sus capacidades. Tras repetidos fracasos en la identificación y explotación de las debilidades de las defensas del Eje durante el verano y el otoño de 1942, la «Stavka» lo consiguió finalmente a mediados de noviembre de ese año con la concepción de la Operación Urano, la más importante entre una galaxia de contraofensivas diseñadas para derrotar al enemigo del Eje y tomar la iniciativa estratégica en lo que los soviéticos empezaron a denominar la Gran Guerra Patriótica. En la contraofensiva de Urano, los tres frentes atacantes del Ejército Rojo derrotaron y, en gran medida, destruyeron al grueso de dos ejércitos rumanos, así como cercaron al Sexto Ejército y a la mitad del Cuarto Ejército Panzer alemanes en la bolsa de Stalingrado, lo que puso patas arriba, literalmente, la situación de Alemania. En las diez semanas siguientes, el Ejército Rojo detuvo y, con posterioridad, desbarató dos intentos alemanes de rescate del Sexto Ejército, aplastó al Octavo Ejército italiano y al Segundo Ejército húngaro, infligió severos daños al Cuarto Ejército Panzer y al Segundo Ejército alemanes y destruyó al Sexto Ejército germano en las ruinas de Stalingrado. Con más de medio millón de soldados retirados bruscamente del orden de batalla en el Este, el Eje de Hitler contempló con horror cómo cambiaba su estatus de vencedor a vencido. En pocas palabras, la derrota del Eje en Stalingrado supuso un punto de inflexión en esta guerra por tratarse de una catástrofe de la que Alemania y su Wehrmacht nunca pudieron recuperarse.

FOTO: Desperta Ferro

Sin interés en la ciudad

La destrucción del Sexto Ejército alemán en las ruinas de Stalingrado ha seducido tanto a historiadores como al público en general durante setenta años. A pesar de esta fascinación y de los innumerables libros en torno a la materia, muchas de las causas y acontecimientos de esta tragedia han logrado eludir a la posteridad. La lucha en Stalingrado solo puede entenderse en el contexto de una campaña alemana que, en origen, no tenía apenas interés en conquistar la ciudad. Los invasores llegaron a unos pocos kilómetros de su verdadero objetivo, los campos petrolíferos del Cáucaso, sin lograr proseguir el avance. Las causas generales de este fracaso eran casi idénticas a las que habían frustrado a Alemania en 1941: la sobreextensión logística, la incapacidad de centrarse en un único objetivo y la creciente sofisticación de la organización y desempeño del oponente de la Wehrmacht: el Ejército Rojo.