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La mayor colección de cine colonial invade la Filmoteca

El legado incluye más de 5.000 negativos fotográficos en soporte nitrato que el equipo Hermic Films tomó en su expedición a la antigua Guinea Española en 1944

Una escena de la película documental «En las playas de Ureka», una de las piezas audiovisuales que integran el archivo de Hermic Films
Una escena de la película documental «En las playas de Ureka», una de las piezas audiovisuales que integran el archivo de Hermic FilmsHermic Films

Su llegada fue casi tan cinematográfica como su propósito. Estilo Katharine Hepburn sorteando los contratiempos del Lago Victoria bajo la atenta mirada de un Bogart adosado a su fiel botella de ginebra en «La Reina de África», pero con un porcentaje menor de iconicidad hollywoodiense y algo más de desconocimiento sobre el terreno visualmente inexplorado que estaban a punto de descubrir. Tras veintiún días de navegación desde Cádiz a bordo del Dómine –un prominente buque encargado de operar en todas las líneas marítimas de soberanía en tiempos del dictador con confortables cámaras para el pasaje y gran capacidad de bodegas– y supeditados por el encargo del entonces general de Marruecos y Colonias, José Díaz de Villegas, en diciembre de 1944, pusieron pie en la Guinea colonial española un equipo de cineastas que, dirigido por el fotógrafo y director Manuel Hernández-Sanjuán, incluía al operador de cámara Segismundo Pérez, el montador Luis Torreblanca y el guionista Santos Núñez.

Durante más de dos años repletos de vicisitudes, descubrimientos, y episódicos conatos de aventuras soñadas, aquel equipo de la productora Hermic Films rodó treinta y una películas documentales e hizo alrededor de cinco mil quinientas fotografías de la hermosa bastedad inalcanzable de los paisajes africanos. Creada por el propio Sanjuán una vez finalizada la Guerra Civil, esta productora cinematográfica privada cuyas bases fundacionales nacieron con una clara vocación promotora de todo el aparato estatal franquista desarrolló un trabajo audiovisual muy poco conocido que parece estar a punto de recuperarse gracias a la aceptación que ha llevado a cabo la Filmoteca Española de la donación propuesta por Hermic Films de todo su archivo, el mayor del que se tiene constancia hasta la fecha sobre el exiguo cine colonial español.

De esa ingente producción prácticamente olvidada en la teoría del audiovisual patrio, sobresalen sus documentales realizados durante la expedición cinematográfica a Guinea anteriormente mencionada, en cuyas escenas en blanco y negro con olor a NO-DO y dramáticas melodías enlatadas repletas de danzas, sombras y movimiento de las tribus locales, se distingue sin dificultad el propósito cuasi propagandístico de estas filmaciones a la hora de mostrar la labor "civilizatoria y político-colonial" de España con respecto a los territorios ocupados, así como la descripción rocambolesca de la vida y el paisaje de sus habitantes. Todo ello, claro, atravesado por el sesgo ideológico del régimen. «La colonización supone mantener una lucha incruenta pero permanente contra las atrasadas costumbres de los pueblos vírgenes. Guinea, es un ejemplo a este respecto, yendo por los poblados es fácil presenciar los paneles indígenas, que expresan muchas veces creencias extravagantes y absurdas supersticiones. Sin embargo, en contraste con tan rudas escenas surgen otras que manifiestan la gran transformación que la presencia de España ha producido en estas tierras: la mano bienhechora de la Iglesia va extendiendo la doctrina católica», se puede escuchar con subrayado ímpetu al comienzo de la película «Misiones de Guinea Española. 1948».

Con todo, y coincidiendo además con los procesos de renovación constantes a los que se somete la institución –el último lo vimos hace un par de días con un proyecto que permitirá, en un plazo de nueve meses, que la Filmoteca tenga su propia plataforma de «streaming»– cabe destacar que la donación del macro archivo colonial también conlleva la cesión de explotación de todos los títulos producidos por Hermic Films, incluidos los realizados dos años después de Guinea en el antiguo Protectorado español en Marruecos, donde la productora rodó un total de veintisiete documentales. Pese a la ideológica finalidad original de sus creaciones y su naturaleza de altavoz de los triunfos imperialistas de la dictadura, queda claro que esta colección constituye una suerte de piedra angular del audiovisual colonial hispano y que sin duda servirá como fuente primaria imprescindible para el estudio de la historia contemporánea visual de España, Guinea, Marruecos y Sáhara Occidental, así como tantísimas otras cuestiones que de estos documentos se desprenden.