Cultura

Javier Limón: “Se ha perdido el rastro del Madrid flamenco”

El productor repasa en una autobiografía su carrera de éxitos y algún fracaso, jalonada por una enorme colección de anécdotas

El productor Javier Limón
El productor Javier Limón FOTO: EVA MARQUES

Javier Limón (Madrid, 1973) quería ser cantaor de flamenco. Estudió, como debe hacerse, practicó todos los cantes con devoción, se arrimó a los que saben. Pero no era su camino. Sin embargo, no puede decirse que fracasara en el intento, porque gracias a su formación se convirtió en una figura del flamenco y de la música de las últimas dos décadas. Produjo a Paco de Lucía (”Cositas buenas”), Enrique Morente y a Andrés Calamaro. En el mismo año. Consiguió un éxito mundial con “Lágrimas negras” de Bebo Valdés y Diego El Cigala. De su carrera, todavía en progreso, hace balance en “Limón. memorias de un productor musical” (Debate).

-Tuvo la osadía de aspirar a ser cantaor.

-Eso es algo que requiere unas aptitudes físicas concretas que no hay esfuerzo que las puedan suplir. Es como querer ser jugador de la NBA midiendo lo que mido. No podría. Pues con el cante pasa igual, solo que las cuerdas vocales no son visibles. Mi voz no era bonita, así que ya podía yo estudiar lo que quisiera...

-¿Se confirma que para eso hay que nacer?

-Sí. Aunque puede haber excepciones, pero las condiciones físicas tienen que estar. Puedes aprender cosas, pero lo físico de los instrumentistas es determinante. Para tocar un instrumento conviene ser habilidoso y eso también es algo con lo que se nace. Igual que para ser actor porno necesitas otros atributos.

-Pero a pesar de todo estudió el arte flamenco.

-Claro. Creo que tengo otras dotes, como la imaginación y la fantasía y esas son las cualidades en las que me he podido apoyar. Mira, por ejemplo, a Consuelo Velázquez, que es una enorme compositora de canciones cubana que hizo desde “Bésame mucho” hasta “Verdad amarga” y “Cachito” y te das cuenta de que es una gran artista que nunca ha cantado. Sus cualidades eran otras, quizás menos lucidas pero muy importantes. Yo quería ser cantaor y estudié muchas horas y después pude decirle a los flamencos cómo se hace. Porque yo me sé todos los cantes del flamenco. Los hacía mal pero los sabía. Y así pude ser interlocutor válido para Morente, Mercé y los demás.

-Dice en las memorias que es un payo que ha compuesto bulerías que muchos gitanos toman por cantes populares.

-Sí, hay muchas letrillas mías que se cantan en los tablaos y que ya son parte del repertorio flamenco. A mí me da mucho orgullo porque está muy bien ser cocinero de diseño de tres estrellas Michelín, pero imagínate ser el inventor del perrito caliente... Y que los temas sean populares es precioso. El noventa y tantos por ciento no saben que son míos. Pero es como si te pregunto de quién es “New York, New York”. Me dirás que de Sinatra o si sabes algo más, de Liza Minelli. Pero no, es de Fred Ebb, un hombre desconocido.

-Conoció Casa Patas, Cardamomo y el Candela, que ha cerrado hace poco. ¿Cómo era ese Madrid flamenco?

-Pues yo cenaba en Casa Patas e iba a ligar a Cardamomo, que era como discoteca pero flamenca, y acababa en el Candela. Eso lo hice todos los días durante una década. Pero poco a poco lo fui abandonando, y el Candela, desde que murió Miguel, que era su dueño... no volví. Él era el que conocía y el que sabía. Para mí, Casa Patas es como nuestro Blue Note (el club de jazz de Nueva York). El Cardamomo es hoy un tablao, pero turístico y da pena que ya no quede nada. Esperemos que salgan otros lugares.

-Hablas del Pro Tools y de lo importante que fue en la música. ¿qué efecto tuvo?

-Fue muy importante, porque lo flamencos no saben leer o escribir música y lo que hizo Pro Tools es que alguien que no supiera pudiese componer su obra antes de llegar al estudio. Tú podías tener un cuatro pistas o una grabadora, pero no veías la música. Y eso, ordenar la música en el espacio visual, que te permite ver las notas de arriba a abajo y de izquierda a derecha, ayuda al cerebro a entender. Paco de Lucía nunca hubiera compuesto los temas de “Cositas buenas” a dos guitarras sin el Pro Tools. Solo lo usaba para componer, pero le permitía reflexionar sobre lo que escribía y, sobre todo, no depender de la memoria.

-No le dedica ni una página al purismo en el flamenco. ¿Nunca le ha preocupado?

-Es que no lo entiendo. El flamenco es una música que viene de unos melismas cristianos que se remontan al canto gregoriano y la música ibérica y que se suma a la canción sefardí y la música andalusí y por último con la cultura propia gitana que viene del Rajastán de la India. Y ese es el caldo de cultivo en el que en el XVIII y XIX se empieza a generar un repertorio en continua evolución con los que van sucesivamente creando sus cantes. El purismo entendido como algo que no se debe cambiar no me interesa. Si se comprende como tener el conocimiento de la raíz para poder hacer vanguardia, lo comprendo.

-Tuvo un año mágico en que trabajaste con Paco de Lucía, Enrique Morente y Andrés Calamaro.

-Fueron años intensos, porque a raíz de tener cierto reconocimiento con “Lágrimas negras” vinieron a llamarme los demás. Fueron años de mucho esfuerzo y mucha concentración, pero era tal la emoción por estar con ellos que era más potente que el cansancio. Y recuerdo que acababa muy cansado con Paco y me levantaba nuevo. Y así días, meses y años. Hubo mucho esfuerzo para estar a la altura.

-No omite algunas “cagadas” antológicas: no microfonar la guitarra de Paco de Lucía y perder las grabaciones de voz de Enrique Morente.

-Este libro lo he hecho por si algún chaval o chavala quieres ser productor. Se puede meter la pata a veces. A mí me salió más o menos bien, pero reconozco mis errores. Y desde entonces hago tres copias de seguridad cada vez. Escucho los discos en portátiles, móviles y en el coche para ver qué tal suenan.

-¿Es verdad que editó sílaba a sílaba una canción de Buika de entre 83 tomas?

-Sí. Fue así porque las tenía y me gusta contarlo porque precisamente ella no lo necesita. Muchas veces canta una vez y se va con la primera toma a su casa. Pero hay que quitar el complejo de que pasa algo malo con la edición de una canción. Lo importante es el resultado final. Si te lo crees, nada más que decir. La tecnología está al servicio del arte y para mí, bienvenida toda. Morente descubrió que podía grabarse varias pistas y se puso a hacer temas con muchas capas de su propia voz que era una preciosidad, como un muro de sonido y eso es muy antinatural, pero precioso. Hay que aprovecharlo.

-También sacó partido al Madrid latino.

-Se produjo una llegada masiva de cubanos, no sé por qué vicisitud política de la isla. Chavales jóvenes que nutrieron la escena nocturna musical. Había “jams” en todas partes y se creó una escena que contagió a otras músicas y empezamos a verlo en los discos de Perales o de Luz Casal. Pero sucedió de forma natural. Igual estaba en el Berlín y aparecía Danny Noel y me quedaba flipando y resulta que estaba haciendo el disco de quien fuera y le invitaba a venir al estudio. Pero no fue una estrategia pensada con el latín jazz.

-Se puede hablar de un “sello” Limón.

-Bueno, hay una especie de sonidos e influencias que unidos a la manera mía de escribir canciones le da un aire airecillo...

-Escribe que “nada como un triunfo para que se jodan las cosas” con Diego El Cigala después de “Lágrimas negras”...

-Eso pasa en todas partes... Le ha sucedido a Cristiano Ronaldo con el Real Madrid, con que... El éxito sacia el hambre y provoca una relajación y búsqueda de otras motivaciones. Hicimos cinco discos muy bonitos y no hubo una discusión. Así como con Bebo, Enrique o Calamaro he trabajado más, con Cigala, no. Y me encantaría volver a trabajar con él, pero tampoco pasa nada. Estuvo muy bien y lo último que hicimos, el “Lágrimas negras” fue hace 20 años y ha envejecido muy bien.

-¿Qué es lo peor de ser productor?

-Cuando ves que hay un artista que tiene muchísima calidad pero no acaba fue conectar con la audiencia. Eso siempre me ha dejado un sabor amargo. Artistas como La Negra o Sandra Carrasco y muchos otros con los que he trabajado y son muy buenas. Vete a saber por qué no han tenido el reconocimiento que merecían. Para mí, Sandra Carrasco y Montse Cortes son mis “cantaoras” fetiche, las que más me gustan de siempre y no entiendo cómo no la invitan a festivales y al Teatro Real.

-¿Qué le falta por hacer?

-Pues me gustaría trabajar con artistas “anglos” y hacer más en África, que es un mundo infinito. Y crear con mis hijos, Javier y Pablo, un casa Limón 2.0 a partir de las sonoridades de ahora, los ritmos nuevos. El sonido de ahora que es muy interesante y que me encanta. Me gustaría poner mi granito de arena.