Gerard Piqué, menos Twitter y más fútbol

El central del Barça es un portavoz del Gobierno que no necesita acudir al Consejo de Ministros

Gerard Piqué tenía que jugar en el Alavés para saber qué se siente con catorce penaltis señalados en contra esta temporada. De central tuitero pasaría a ser youtuber, influencer, bertsolari y candidato a lehendakari. Estaría más cómodo en Tik Tok que en Mendizorroza. Piqué es desde hace tiempo un personaje imprescindible en nuestro fútbol, lo que revela cómo está el fútbol. Lo es como jugador para el Barcelona cuando está en forma y lo fue para la selección que lo ganó todo. Ahora es otra cosa. Su ascendencia está más en las redes que en el campo. Populismo en azulgrana.

Piqué es un portavoz del Gobierno que no necesita acudir al Consejo de Ministros. Es un verso libre del que sus compañeros no saben qué esperar. Es un agitador del que se alimentan sus seguidores y sus detractores. Poco fútbol, mucho ruido. Carnaza, barro y material para «Sálvame». Síntomas de la decadencia de un futbolista extraordinario capaz de diversificarse como un brillante hombre de negocios pese a la suspensión de la Copa Davis.

Otros no necesitan reinventarse o escarbar en instintos primarios para seguir siendo números uno en lo suyo. Hay un entrenador español que tras demostrarlo todo aquí decidió emigrar a Alemania con 71 años. Sí con 71. Lo hizo para dedicarse a lo que lleva ejerciendo toda su vida: dirigir un equipo de baloncesto. Disputó cinco finales en sus dos primeras temporadas y las perdió todas. El tercer año, o sea este, va y gana la Liga y la Copa. Se trata de Aíto García Reneses. Ha cumplido 73 al frente del Alba Berlín. Y sin darse importancia. Otro personaje imprescindible.