Golf

Jon Rahm, a la Liga saudí: un ataúd de petrodólares para el golf tradicional

LIV Golf, con su concepción circense de la competición, rompe con la meritocracia insobornable de este deporte

Jon Rahm da la mano a Greg Norman, consejero delegado de LIV golf
Jon Rahm da la mano a Greg Norman, consejero delegado de LIV golf@JonRahmpga

No es el dineral, pues sólo faltaría que nadie se hiciese el digno con el bolsillo ajeno, ni los cambios reglamentarios que reducen de cuatro a tres los días de competición o prescriben chunda-chunda a toda pastilla durante la preparación del putt. Lo repudiable, casi canallesco, de LIV Golf, el circuito saudí al que acaba de anunciar su incorporación Jon Rahm, es su carácter cerrado que atenta contra los principios del deporte en general y, muy particularmente, contra la tradición golfística. Juego endiabladamente complejo, su enorme atractivo reside –por poco tiempo aún– en su justicia. Desde el momento en el que se saca su licencia profesional, el atleta participa –y opta a ganar premios en el metálico– en los torneos en los que se merece participar.

LIV Golf rompe con esa meritocracia un poco salvaje, la alta competición lo es, pero insobornable. Para que un muchacho disputase los torneos mejor dotados económicamente del circuito internacional, hasta ahora, era necesario un despiadado «cursus honorum» en el que muchos se quedaban por el camino y los mejores, aunque viniesen de un recóndito pueblo de Vizcaya, llegaban. El fondo soberano de Arabia Saudí, en una concepción circense de la competición, contrata ahora a los mejores artistas para su espectáculo ambulante y éstos se reparten el dinero sólo por poner la cara. Pasen y vean: Jon Rahm en el tee de salida con una gran nariz colorada, Brooks Koepka haciendo malabares con tres hierros a la vez y Bryson DeChambeau disparando sus descomunales zambombazos disfrazado de hombre-bala…

Nada hay de reprochable, quede claro, en que cualquier deportista firme los contratos que más le convengan o que alguien lo haya convencido de que le convienen. Lo que no debe tragarse la opinión pública sin siquiera patalear un poco es lo que en la Baja Andalucía se conoce como, perdonen la malsonancia, ser un «coñonrao». Es legítimo irse a LIV Golf, por supuesto, aunque para terminar haciendo este viaje podría haberse ahorrado el vasco el añito de golpes de pecho que nos lleva dado: tira de tópico si te preguntan, fórrate y adiós muy buenas, como hizo Sergio García. Es más honesto. Aseguró Rahm en su encuentro explicativo con la prensa de la madrugada del viernes que, más allá de los 125 millones de dólares anuales, del circuito saudí le hacía «especial ilusión jugar en equipo» porque es «hincha del Athletic de toda la vida». Hombre, Jon, hombre, ¿rematando encima con insultos a la inteligencia ajena? ¡Qué decepción!

La parte buena de todo esto es que Rahm podrá seguir compitiendo en los eventos imprescindibles del golf, incluidos los Juegos de París que aguarda con especial ansia tras haberse perdido los de Tokio por un positivo en covid. No da tiempo, literalmente, a que dos españoles lo adelanten en el ranking olímpico, así que sobre sus anchas espaldas reposará una seria opción de medalla para España… siempre que sus nuevos jefes no lo obliguen a jugar esa semana en otro lado. Además, por sus victorias en el Masters y el US Open, tiene largos periodos de invitación a estos torneos –vitalicio en Augusta–, mientras que los resultados obtenidos hasta ahora le aseguran presencia durante un lustro en los otros dos «majors», el British Open y el PGA Championship.