La edad de jubilación enfrenta de nuevo al Gobierno

El ministro Escrivá quiere acercar la edad real de acceso a esta pensión a los 67 años y facilitar la jubilación activa mientras la titular de Trabajo, Yolanda Díaz, lo considera un error y un freno para los jóvenes

Jubilados en las playas de Benidorm
Jubilados en las playas de BenidormMORELLEFE

El Gobierno se dispone a endurecer las condiciones de jubilación para que la edad real de retiro, situada en los 64,6 años, se aproxime a la real, actualmente en los 66 años y que quedará en los 67 años en 2027. El ministro de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, José Luis Escrivá, quiere incentivar la jubilación activa y penalizar las prejubilaciones de acuerdo a las recomendaciones del Pacto de Toledo. Sin embargo, el “ala morada” del Gobierno considera un error retrasar la edad de jubilación. “Penalizar las carreras profesionales[...], que limpiadoras, albañiles, gente que está en el comercio trabajen más allá de esa edad creo que no es el camino correcto”, ha advertido en más de una ocasión la ministra de Trabajo y Economía Social, Yolanda Díaz. Podemos defiende un regreso a la edad legal de jubilación a los 65 años, aunque la formación que lidera Pablo Iglesias llegó a proponer antes de afrontar responsabilidades de Gobierno la jubilación a los 61 años con 35 años cotizados.

Las posturas en un sentido y en otro tienen defensores y detractores a partes iguales. Quienes plantean el retraso de la jubilación y niegan su impacto en el acceso de los jóvenes al mercado laboral defienden que el trabajo no tiene dueño. Argumentan que no es estático ni hay una cantidad fija de puestos de trabajo asignada para cada país o actividad. El mercado laboral evoluciona en función de los avances tecnológicos, de las capacidades de cada sociedad, de los condicionantes demográficos, de la estructura productiva y, sobre todo, de la oferta y la demanda, entre otras variables. Incluso en las economías intervenidas, las cantidades de puestos de trabajo nunca fueron estáticas.

Al no haber una cantidad fija de empleo, no tiene sentido decir que las mujeres les quitan el trabajo a los hombres o los inmigrantes a los nacionales. Pero, ¿les restan oportunidades de acceso al mercado laboral los mayores a los jóvenes? El debate está servido porque, además, al margen de estas dos posturas se encuentran los expertos que argumentan la viabilidad de la jubilación libre.

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Los defensores de esta tesis mantienen que esta opción es perfectamente siempre que se establezcan mecanismos garantistas. Para ello habría que establecer unas reglas claras sin que eso suponga una desventaja para los que siguen trabajando-cotizando durante más años. En este caso habría que aplicar un ajuste a las reglas paramétricas de jubilación.

Este ajuste consistiría en ampliar el período de cálculo de la base de la pensión a toda la vida laboral, con un factor corrector que permita al nuevo pensionista excluir los cinco o diez peores años de su carrera, algo que Escrivá aún mantiene en cartera. También sería necesario establecer un mínimo de 45 años de cotización para cobrar el 100% de la base, según las propuestas contempladas en un estudio conjunto de las fundaciones Friedrich Naumann y Civismo, y el Instituto Juan de Mariana. En ambos casos habría que aprobar un periodo transitorio. El estudio propone, por ejemplo, que el nuevo escenario se aplique solo a los menores de 50-55 años. Para los que superen esa edad, se aplicarían las reglas previas.

Asimismo, sería necesario recuperar el Factor de Sostenibilidad de la reforma de 2013, vigente aunque retrasado a 2023 y que el Gobierno quiere derogar en su diseño actual para establecer un nuevo Factor de Equidad Intergeneracional en el que se contemple la esperanza de vida junto con otros baremos. El incremento de la esperanza de vida respecto del contemplado en el actual esquema del sistema de pensiones fuerza a pensar en la Seguridad Social como si de una compañía privada de seguros se tratara, ya que no es lo mismo garantizar una renta durante 20 años que durante 30. Además, con el esquema actual, dos personas que se jubilan con diez años de diferencia, pero con idéntica carrera laboral, recibirán pensiones diferentes; no en la mensualidad, que es la misma, pero sí en la duración prevista, que no lo es.

Con la aplicación de estas normas debería bastar para posibilitar que cada trabajador (y futuro pensionista) adopte la decisión que encaje mejor con su situación laboral, según los expertos que defienden esta tesis. El rango de edad al que podría uno jubilarse debería ser muy amplio. Los autores del informe de Civismo determinan un periodo entre los 60 a los 75 años.

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Por supuesto, las condiciones en uno y otro caso diferirían. Así, en el caso de un trabajador con 60 años que comenzó a trabajar con 25 y acumula 35 años cotizados y para el que la esperanza de vida a esa edad asciende a 30 años más (algo superior a la que fija el INE), si se jubilara a los 60 años, con 35 años cotizados, sufrirá un doble recorte. Por un lado, al no llegar a 45 años, su base se verá minorada en un porcentaje sustancial. Además, el Factor de Sostenibilidad hará que su primera pensión sufra un ajuste extra, ya que le quedan 30 años de esperanza de vida. En este supuesto, la Seguridad Social informaría a este trabajador de que, si sigue trabajando hasta los 70 años, su pensión se elevará por tres motivos,. Al acumular 45 años de cotización, sí cobrará el 100% de su base; como su esperanza de vida se reducirá cuando cumpla 70 años, el recorte que se aplique por el Factor de Sostenibilidad también será menor o incluso no habrá recorte. Por último, probablemente su base reguladora para el cálculo de la pensión resulte más alta, porque es lógico pensar que los sueldos que cobre de los 60 a los 70 superen a los sueldos medios de su carrera laboral.

La decisión última estará en manos del nuevo jubilado con un planteamiento claro: “Puedo cobrar 40 durante treinta años, o 75 durante veinte. En un caso, mi jubilación se alarga; en el otro, cobro casi el doble cada mes. Pero el gasto total para el sistema público ha de menguar si me jubilo a los 60, porque también estoy aportando menos ingresos en forma de cotizaciones”.

Pero este trabajador no tendría solo dos opciones. De los 60 a los 75 años, media un amplio rango durante el cual podría retirarse en cualquier momento. Incluso con la posibilidad de un premio (base de cálculo superior al 100%) para los que sobrepasen los 70 años en activo. Esta opción parece mucho más justa y eficiente que establecer por decreto una edad de jubilación igual para todos los trabajadores.

Esta combinación supone equilibrar que la prestación cobrada dependa de lo aportado vía cotización y de la esperanza de vida prevista. Y permite más capacidad de decisión al nuevo jubilado, defiende el estudio. Esta fórmula (edad de jubilación flexible dentro de un margen muy amplio) también podría complementarse con esquemas que permitan compatibilizar trabajo y pensión.