Distribución

Comprar ropa deja de ser una prioridad

El sector textil cierra 2021 con una facturación un 16,17% inferior a la de 2020 y un -57% respecto a las cifras previas a la pandemia. Asume que los consumidores tienen ahora otras preferencias de gasto

El dueño de un establecimiento coloca prendas en las estanterías
El dueño de un establecimiento coloca prendas en las estanteríasAlberto R. RoldánLa Razón

El sector textil vive en una crisis casi permanente desde 2008. Casi sin tiempo de recuperarse de la larga década de penurias que dejó la Gran Recesión, empalmó con la pandemia del coronavirus, con un temporal no visto en décadas en España, Filomena, que lastró todo un semestre y ahora con una guerra en Ucrania con unos efectos inflacionistas colaterales devastadores. Una suma de desgracias que lo han llevado a la UCI, de donde ahora trata de salir enfrentándose a otro hándicap importante: las preferencias del consumidor por gastar en otras cosas que no sean ropa.

Eduardo Zamacola, presidente de la patronal Acotex, asegura que “somos conscientes de que ya no somos una prioridad para el consumidor”. Es, dice, “una realidad que la gente prefiere salir a restaurantes, viajar... y la ropa ha dejado de ser una prioridad” después del coronavirus. Una tendencia que ya venían intuyendo antes y que ahora se ha agravado, como reflejan sus cifras. En 2021, cuando se presuponía que igual que otros sectores el textil despegaría, su facturación se hundió un 16,71% con respecto a 2020, hasta los 8.902 millones de euros, afectada en parte por Filomena, que destrozó las rebajas de enero de 2021 y ese cambio de preferencias del consumidor. Un retroceso que se suma al -41,26% de 2020 propiciado por el coronavirus desde los 18.078 millones de euros que registró en 2019.

Un dato pone en evidencia este cambio de preferencias de las familias. El gasto medio familiar en ropa fue de 786 euros en 2021, 117 menos que en 2020 y a años luz de los 1.881 euros de 2006. “Dependemos mucho de las noticias. Y no son buenas”, ha asegurado Zamácola durante la presentación del informe de situación del sector del año 2021.

Tímida recuperación

Frente a los desastres de 2020 y 2021, el arranque de este ejercicio está siendo al menos positivo para el textil. En los cuatro primeros meses, su facturación ha crecido de media un 19%. Un porcentaje muy modesto para el presidente de Acotex teniendo en cuenta del pozo del que vienen. “Sólo estaríamos contentos si creciéramos a triple dígito, aunque es irreal”, ha asegurado Zamacola, que ni siquiera se atreve a hacer previsiones. “Hacer una previsión de cuando se recuperarán las ventas es algo imposible, porque nadie esperaba una invasión de Ucrania, ni los incrementos de los costes. La recuperación será a muy largo plazo, porque a corto plazo es inviable. Ojalá que fuera a lo largo del segundo semestre de 2023″, ha asegurado.

Por ahora, el sector se contenta casi con sobrevivir. Aunque no es fácil. En estos dos años, muchos se han quedado por el camino. En el último año se han cerrado 2.429 tiendas, con la pérdida de 8.586 puestos de trabajo. En la actualidad, hay 44.672 establecimientos frente a los 61.891 que había antes de la pandemia, mientras que la cifra de trabajadores ha caído en 35.266, hasta los 163.846. Los que siguen adelante lo hacen en una situación “muy precaria”, explica Zamácola. “Estamos muy preocupados, porque muchas cadenas están desapareciendo y muchas tiendas cerrando. El formato físico se está viendo reducido. El sector está en una situación precaria y ahora tenemos la espada de Damocles con la devolución de los ICO, necesitamos financiación, porque la situación es preocupante”, ha advertido.

La coyuntura tampoco les acompaña. El incremento de costes les ahoga todavía más. Y esto, según el presidente de Acotex, hace “razonable” que se suban los precios de venta al público, “siempre que el consumidor lo pueda asumir”, al tiempo que ha recalcado que “vender a base de descuentos no es sostenible”.