Nuevo Congreso, más caos

La izquierda gana otra vez a costa de Vox, la derecha pierde por su división Sánchez e Iglesias engrasan su acuerdo y evidencian que solo habrá mayorías a la contra no para sumar

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La legislatura arrancó ayer en el caos. PSOE y Podemos engrasaron el acuerdo de coalición bajo el paraguas independentista, pero el apoyo de esos votos de ERC y Bildu, imprescindibles para que se confirme la investidura de Pedro Sánchez, solo se activaron para ir a la contra de Vox no en favor sin más de los intereses de Sánchez. Y reflejo de ello fue la votación de la candidatura de Meritxell Batet a la Presidencia del Congreso, que salió en segunda votación. Un sólido indicio del problema de estabilidad del nuevo Gobierno.

Por su parte, la derecha dilapidó una vez más su fuerza por culpa de la división. La partida del reparto del poder en la nueva mesa del Congreso la ganó precisamente por esto la izquierda, que consiguió hacerse con un puesto más de los que le correspondían por proporcionalidad en los escaños. No altera lo fundamental, que es que la mayoría del órgano rector de la Cámara la tiene la izquierda, pero sí es un síntoma, mejor dicho, una prueba de cargo, de por dónde van a ir los «tiros» de la nueva legislatura si, finamente, echa a andar.

El guión de la constitución de las nuevas Cortes Generales se cumplió prácticamente por completo. Hubo polémica por los acatamientos independentistas y empujones entre Ciudadanos y Vox por ocupar los escaños centrales de la bancada.

Pero lo relevante por su proyección política es que la izquierda siguió encarrilando su acuerdo de gobierno con esta toma del control de la Mesa del Congreso, en un reparto de papeles que funcionó a la perfección para conseguir el doble objetivo de reforzar su mayoría y garantizarse que Vox alcanzara uno de los puestos. Porque aunque la izquierda propusiera el «cordón sanitario», lo cierto es que les viene bien tener a un representante del partido de Santiago Abascal haciéndole zancadillas al PP cada semana en la Mesa. Y de la misma manera el PP negó el «cordón sanitario», pero hubiera firmado por poder haber dejado fuera a Vox sin asumir ningún coste político ni electoral por esta decisión.

Gabriel Rufián durante la sesión Constitutiva de la XIV Legislatura del Congreso de los Diputados. Elección de la Nueva Presidenta y Constitucion de la Mesa del Congreso / Foto:  Alberto R. Roldan
Gabriel Rufián durante la sesión Constitutiva de la XIV Legislatura del Congreso de los Diputados. Elección de la Nueva Presidenta y Constitucion de la Mesa del Congreso / Foto: Alberto R. Roldanalbertoroldan.comLa Razón

La izquierda sí confirmó en la sesión de constitución de las Cortes Generales que puede consolidar sus acuerdos para repartirse sillones. Otra cosa es que luego pueda desarrollar acuerdos programáticos que vayan más allá de ese reparto de puestos o de la alianza anti-Vox. Lo sustancial de lo que hasta ahora ha pedido ERC no está ni siquiera en la agenda de competencias que puede conceder un presidente del Gobierno. Sánchez no puede negociar sobre la autodeterminación ni conceder la amnistía a los líderes independentistas condenados por el Tribunal Supremo. Para ello necesita una reforma constitucional y para hacerla necesita una mayoría cualificada en la que tiene que incluir al PP.

Pero a medida que sigue dando pasos adelante en esa negociación con ERC cada vez es más difícil que rectifique lo andado por el coste político que ambas partes están asumiendo en este proceso.

A su vez, el bloque del centro derecha confirmó en la sesión de ayer las dificultades de colaboración efectiva que van a marcar esta nueva etapa. Vox ratificó su estrategia de utilizar las instituciones para consolidarse como ese partido «outsider» que aspira a engordar su base electoral con su política anti-todo. Su estreno ha consistido en rechazar el acuerdo que le proponía el PP para repartirse un puesto con Ciudadanos y consolidar los cuatro puestos en la Mesa para la derecha. Mientras que, en paralelo, el PSOE les facilitó el único puesto que han conseguido al primar su objetivo de retener la vicepresidencia primera frente a su público compromiso con aislar a la «extrema derecha».

Cs confirma su papel de partido irrelevante en esta legislatura. Y PP y Vox se enzarzaron en un cruce de descalificaciones que anticipa la «pelea de gallos» con la que el partido de Abascal pretende seguir invadiendo terreno de los populares. «¿De qué os quejáis si os hemos colocado a uno de los vuestros en la vicepresidencia?», increparon desde Vox al PP el lunes por la noche, cuando apretaban con su exigencia de tener dos representantes en la Mesa y dejar fuera del pacto a la formación naranja. El «uno de los vuestros» aludía a Ignacio Gil Lázaro, ex diputado del PP y que entra ahora como vicepresidente cuarto del órgano rector del Parlamento gracias al reparto de votos de la izquierda para no perder la citada vicepresidencia primera.

En cualquier caso, el pulso de ayer se quedará en una cuestión anecdótica si echa a andar la legislatura. Con la mayoría en la izquierda, la «pelea» tiene su simbolismo, pero el reparto de sillones no deja de ser un reparto de presupuesto y privilegios, que es lo que en el fondo esconden estos cargos institucionales. Otra salida para dar un buen acomodo a señalados dirigentes de los partidos mayoritarios. El problema mayor vendrá cuando se active la legislatura y el PP tenga enfrente a un partido que cada día utilizará el control al Gobierno o los debates parlamentarios para presentarse como el principal enemigo de Pablo Casado.