El método Sánchez

Un patrón de conducta es una forma de actuar que sirve como modelo a los individuos. Existen algunas constructivas, que generan emociones positivas, pensamientos y creencias y hay patrones destructivos, que generan tensión, estrés y rompen relaciones.

Todos seguimos pautas de comportamiento, la mayoría permiten la vida en sociedad, pero en algunos casos pueden ser patológicas, como en algunos criminales. Así, por ejemplo, los psicólogos suelen distinguir entre asesinos organizados que suelen tener un modus operandi metódico, pensado y la decisión premeditada de acabar con la víctima y los desorganizados, que actúan instintivamente y no están planificados, en estos, es difícil encontrar un patrón de conducta.

Existen en todos los ámbitos de la vida, en las relaciones laborales, en las personales y en las sociales. Los especialistas discuten sobre el número de formas de actuar que hay y su clasificación, pero en lo que están de acuerdo es en que rigen la personalidad de los seres humanos.

Lo inquietante de quién hace las cosas de manera estandarizada es que el desenlace es inevitable, al tiempo que previsible. En el entorno de Pedro Sánchez hay quién se pregunta porqué no ha liquidado ya el líder socialista a Susana Díaz, otros esperan que lo haga en breve, con un acto de fuerza orgánica y no faltan los que opinan que debería pactar con ella una salida y evitar conflictos.

Pero hacer tribulaciones de ese tipo es negarse a mirar la evidencia de que Sánchez tiene un patrón de conducta interno en el PSOE que repite permanentemente con todos los que considera sus adversarios.

La pauta consiste, primero en una operación de desgaste de la víctima continuo y lento, como la gota malaya. Se agita el avispero de los periodistas filtrando empeoramiento de los datos electorales en ese territorio, proliferan las fakes que ahondan en esa idea, se desliza alguna duda sobre la honorabilidad de la presa y, a continuación, empieza el desfile de nombres para sustituirle.

Pero, eso no es todo, hace falta un golpe final, algún hueco en el que introducir la bomba final, da igual que sea una noticia fabricada o cualquier otro instrumento que justifique una ofensiva abierta.

El proceso en Andalucía ya está en marcha, es presumible que la crisis sevillana se extienda al resto de territorios controlando los tiempos de la detonación para que las noticias se encadenen unas con otras y el desgaste sea mayor.

El punto negro era un papel blanco manchado con tinta negra que un pirata usaba para indicar a otro que a partir de aquel preciso momento debería marcharse del barco o le mataría, pero si intentaba huir también acabaría con él, es decir era su manera particular de sentenciar a muerte.

Si alguien pensaba que se iba a salvar mostrando una repentina adhesión inquebrantable al capitán corsario, se equivocaba de raíz.

Susana Díaz pensó que debía intentarlo, pero el día que Sánchez ganó las elecciones primarias, pasó a formar parte de la lista de receptores del “punto negro”.