«Moncloa. Iván Redondo, la política o el arte de lo que no se ve»

El periodista y consultor político Toni Bolaño disecciona la trayectoria del que fuera gurú presidencial hasta el pasado julio

Iván Redondo en la sala de prensa del Palacio de la Moncloa
Iván Redondo en la sala de prensa del Palacio de la Moncloa FOTO: Alberto R. Roldán La Razón

Bolaño arroja luz sobre el que fuera jefe de Gabinete de Pedro Sánchez durante tres años, una figura rodeada de misterio y misticismo. Extractamos uno de los capítulos del libro, que sale hoy a la venta.

Madrid no está a la defensiva, está al ataque. Madrid no perdona

Miguel Ángel Rodríguez me recibió en su despacho de Sol el día 1 de diciembre. Nos conocemos desde aquel lejano 2008 en el que discutíamos acaloradamente junto a Susanna Griso en «Espejo Público». Marzo de 2021 quedaba muy lejos, pero la filosofía del hombre fuerte de Díaz Ayuso queda meridianamente clara en estas palabras que describen, a su juicio, la realidad política: «El Gobierno ha perdido una oportunidad de liderar España y con esta huida lo pagará. Sánchez pagará dos cosas, no haber estado al frente de la pandemia y haber buscado la destrucción de Madrid. Porque Madrid no está a la defensiva, está al ataque. Madrid no perdona». Y el 10 de marzo Madrid apretó el botón nuclear. Pasó al ataque para jugárselo a todo o nada.

«La política y la vida son emociones. No soy manipulador, pero tengo una idea, la presidenta tiene una idea y hay que convencer a la gente de que es la buena, frente al ruido, frente a que no siempre se cuenta bien. La gente no recuerda lo que dices, sino cómo lo dices. Esta es la emoción. El mensaje es cómo te perciben. Si te lo crees o no te lo crees. Cuando eres capaz de transmitir es porque estás llegando al corazón, no a la cabeza. La política es idea, es ideología y el modo de transmitirla pasa por la emoción. Cuando estás entusiasmado por algo, lo transmites», afirma MAR.

Con estas premisas actuó la Comunidad de Madrid tras sentirse apelada por la moción de Murcia, nonata por los tránsfugas de Ciudadanos bien cobijados por el PP. «Socialismo o libertad», salió diciendo Isabel Díaz Ayuso y convocó elecciones el 4 de mayo. De una tacada, dejó en la cuneta a Ciudadanos, un partido en extinción, y a Génova, a Pablo Casado, desarbolado. Su idea de reconstruir el centroderecha había muerto. Ahora el PP se echaba en manos de Vox para gobernar. Los Gobiernos de la derecha-derecha que tanto se había esmerado Casado por evitar (léase Andalucía o Madrid) eran ya una realidad. Ayuso, de la mano de Miguel Ángel Rodríguez, había conseguido su objetivo: situar al PP como líder de un espacio radical y bronco que abandonaba el centro a su suerte.

Se rompió el tablero político y la batalla de Madrid entró en una nueva dimensión. Ayuso cesó a los consejeros de Ciudadanos y convocó elecciones con los sondeos a favor. Dejó al PSOE, a Más Madrid y a Podemos con el paso cambiado. La batalla por la derecha se libró para ver quién levantaba la mejor bandera contra el Gobierno, con un lenguaje agresivo que suplantaba al de la extrema derecha y abandonaba la idea centrada que Casado había transmitido en la moción de Vox. Se abrió la veda y Ayuso inició su cruzada. «La debilidad de Génova hace que Miguel Ángel Rodríguez ponga a Isabel Díaz Ayuso como referente. MAR, con sus defectos y sus virtudes, tiene olfato. Quiere aprovechar la debilidad del partido para convertir a Ayuso en la Esperanza Aguirre del siglo XXI. Este movimiento tiene poco que ver con Núñez Feijóo. El presidente gallego tiene un perfil de hombre de Estado, pero solo controla Galicia, que en el ecosistema del PP es un pigmeo. Madrid es casi un tercio del partido, lo que hace que la batalla de Madrid sea fundamental», afirma Casimiro García Abadillo.

«Miguel Ángel Rodríguez ha conseguido sin el BOE todo el poder en Madrid, pero en la política todo el mundo se pone nervioso y el día que Casado se ponga nervioso con Ayuso, el interruptor a desconectar será MAR», dice Nacho Escolar. «El enfrentamiento siempre va a existir porque la política es exclusión y confrontación. Tu objetivo siempre es derrotar, o humillar, al enemigo. El político quiere ganar y cuanta más mayoría, mejor. Es la esencia de la política. Iván debería tenerlo claro», añade Paco Marhuenda.

«La estructura de Sol está dirigida por MAR hasta límites insospechados. Lo domina todo con un control férreo, jugando al tremendismo. Está en su salsa. Madrid, a pesar de las torpezas, se sitúa en el centro de la batalla política solo por el simple hecho de decir que es atacada por el Gobierno central. MAR arriesga tanto, que se le puede volver en su contra», sostiene Carmelo Encinas. «Un Gobierno de coalición se gobierna con paciencia. Como estamos en política, hemos de gestionar los egos, también los de los periodistas, porque lo nuestro es la hoguera de las vanidades. En el Gobierno, paciencia. Unos son más colaboradores y otros prefieren la foto para enmarcar. Paciencia, pero cada uno en su silla», apunta MAR. Parece que la paciencia se agotó, o se simuló agotada, para aprovechar la primera oportunidad de dejar en fuera de juego a Ciudadanos, una formación que ha muerto porque no era más que una marca y un logo, no un partido.

En la calle Ferraz pasaron del entusiasmo a la desolación. Tras la convocatoria, y aún en plena polémica sobre si se celebrarían elecciones o una moción de censura, y sin saber que lo de Murcia era una pifia, Sánchez convocó a su núcleo duro. José Luis Ábalos, Adriana Lastra, Santos Cerdán, Iván Redondo y el secretario general del Partido Socialista de Madrid, José Manuel Franco, se reunieron con el secretario general para analizar la situación. «El movimiento se gestó netamente en las tripas de Ferraz, concretamente en el área de organización y antes de que se tornara en tragedia, presumían y asumían que el mérito de debilitar al PP era exclusivamente suyo y no de los estrategas monclovitas. Esta vez el éxito no era de Redondo. En una reunión de urgencia en Ferraz [...] los responsables de la operación sacan pecho sobre el éxito de la moción de Murcia. Todavía los tránsfugas de Ciudadanos no habían salido a la luz y las elecciones de Madrid estaban en el aire por los recursos presentados», escribía Ainhoa Martínez en LA RAZÓN el día 25.

Al salir de la reunión, Sánchez le transmitió a Redondo su inquietud y le encargó que se pusiera en marcha en previsión de que se celebraran elecciones. Los culpables del desaguisado fueron apartados. Ni Ferraz ni el PSM, que no anduvo ni rápido ni sagaz en la presentación de la moción, tendrían un protagonismo en un periodo que se antojaba «chungo» para el PSOE.

La maniobra tensionó la relación entre el partido y la Moncloa, una rivalidad que siempre está latente. Murcia significó para los críticos de Redondo una gran victoria. Así se lo explicaban a los periodistas: «Redondo se enteró ayer noche». Las primeras crónicas apuntaban a cuatro personas: José Luis Ábalos, Adriana Lastra, Santos Cerdán y Félix Bolaños como los artífices del avezado movimiento. El problema es que la alegría duró poco y ese movimiento se convirtió en un grave error en apenas veinticuatro horas. Los estrategas socialistas no calcularon y no vieron en ningún momento la posibilidad de que afectara a Madrid, de que se convocaran elecciones y de que pillaran al PSOE casi sin candidato. Por si fuera poco, la crisis en Ciudadanos provocó la implosión del partido y lo dejó a punto de desaparecer por sus efectos directos en el escenario nacional. Solo una persona del núcleo duro del presidente conocía los detalles en tiempo real, el secretario general de Presidencia, Félix Bolaños, que mantenía una relación directa con Carlos Cuadrado de Ciudadanos desde la negociación presupuestaria. Lo reconoció el propio Santos Cerdán en una entrevista en el «Diario de Noticias» navarro, donde a la pregunta de si había tenido Iván Redondo un papel en la cuestión, respondió: «No. Y no estaba jugando a partidas de ajedrez por muchos relatos que algunos quieran ir comprando». Lo consiguieron y se jactaron de ello. Cuando las fichas del dominó empezaron a caer, se puso en evidencia que Ferraz no había medido los daños colaterales de la operación y que el Partido Socialista de Madrid no tenía ningún plan para afrontar el nuevo escenario. Pedro Sánchez no estaba dispuesto a dejar nada al azar y tomó las riendas. Fue su particular basta ya. No era momento de experimentos. Ángel Gabilondo fue designado candidato para afrontar una situación compleja y difícil en la que «hay que tomar decisiones arriesgadas. Haciendo lo mismo de siempre tendremos el resultado de siempre», apuntaba la crónica de LA RAZÓN citando fuentes socialistas. «Encárgate —le dijo a Redondo y añadió—: Habla con Ángel.» Sánchez sabía que no se debía hacer lo mismo de siempre. Las posibilidades de ganar no superaban el 1 %, como le dijo Iván a Sánchez. Por eso el presidente dio patente de corso a su jefe de Gabinete para que explorara un acuerdo con Más Madrid tras la llamada de Íñigo Errejón a Redondo. No cuajó, pero ya el hecho de intentarlo demuestra que Pedro Sánchez sabía que dar la vuelta a la tortilla se antojaba imposible.

Portada del libro
Portada del libro FOTO: Península La Razón

«Moncloa. Iván Redondo. La política o el arte de lo que no se ve»

Toni Bolaño. Península. 512 páginas. 20,90 euros